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  • Diario Digital | lunes, 29 de noviembre de 2021
  • Actualizado 16:48

Miedo a las agujas: cómo superarlo y aceptar la vacuna contra la COVID

Más de la mitad de los adultos que deciden no inmunizarse lo hacen por temor al pinchazo. Especialistas dan consejos para lidiar con este temor conocido como tripanofobia.

Miedo a las agujas: cómo superarlo y aceptar  la vacuna contra la COVID. HOOPHAAP
Miedo a las agujas: cómo superarlo y aceptar la vacuna contra la COVID. HOOPHAAP
Miedo a las agujas: cómo superarlo y aceptar la vacuna contra la COVID

Las campañas de vacunación frente a la pandemia se suceden con historias sobre el esfuerzo de los sistemas de salud y las políticas urgentes para lograr la inmunidad a toda velocidad. Pero, en paralelo, se agrava un síntoma para aquellos que tienen fobia a las agujas y que las ven de manera frecuente en todas las propagandas.

Esas imágenes, que aparentemente hacen que todo esto parezca rutinario, ¿podrían tener un efecto negativo? No basta con dar vuelta la cara o cambiar de canal. Investigadores dicen que podrían obstaculizar los esfuerzos para vacunar a una amplia franja de personas.

“El miedo a las agujas es lo que hace que muchas personas se resistan”, asegura Jeanine Guidry, profesora de Virginia Commonwealth University, quien investiga temas de comunicación visual y realizó una encuesta sobre esta temática. “Incluso, para aquellos que quieren la inmunidad, las tentadoras ofertas de obtener cerveza o boletos de juego o  tickets para Lollapalooza pueden no ser suficientes para anular la ansiedad agravada por las imágenes omnipresentes de agujas”.

Los desmayos, ataques de pánico y llanto son algunas de las reacciones casi habituales en los que tienen temor a los pinchazos. 

Por eso, el estudio comprobó que, como mínimo, comprender las razones por las que este tipo de fobia se volvió común podría hacer que la vergüenza sea más fácil de soportar.

El miedo a las agujas aumentó bastante desde un estudio histórico que realizó JG Hamilton, en  1995, que informó que el 10% de los adultos y el 25% de los niños les temían a estos filosos metales. En ese artículo, los pacientes adultos que recordaron cuándo comenzó su temor, describieron una experiencia estresante con la aguja alrededor de los 5 años.

Las experiencias infantiles de los pacientes suelen estar relacionadas con una enfermedad inesperada. En el momento en que los participantes del estudio de Hamilton estaban en el preescolar, las vacunas se programaron solo hasta los 2 años. Sin embargo, para la mayoría de las personas nacidas después de 1980, las inyecciones de refuerzo administradas entre los 4 y 6 años se convirtieron en una parte rutinaria de la experiencia con la vacuna. La aplicación de refuerzos maximiza y prolonga la inmunidad, pero, desafortunadamente, cae dentro de la ventana de edad en la que se forman las fobias. 

Un estudio canadiense de 2012, con 1.024 niños, encontró que el 63% de los nacidos en 2000 o más tarde ahora temen a las agujas. En una investigación de 2017, un equipo de trabajo liderado por Amy Baxter, profesora de la Universidad de Augusta, confirmó este aumento en la prevalencia: la mitad de los niños en edad preescolar que recibieron todos sus refuerzos en un día, a menudo cuatro o cinco inyecciones a la vez, todavía tenían mucho miedo a las agujas cuando eran  preadolescentes.

Como era de esperar, el miedo a los pinchazos afecta la disposición de los adolescentes y adultos a vacunarse.

Un estudio de 2016 encontró que el miedo a las agujas es la razón más común por la que los adolescentes no reciben una segunda vacuna contra el virus del papiloma humano. 

Los trabajadores de la salud no son una excepción: un estudio de 2018 encontró que el 27% de los empleados de hospitales eludieron las vacunas contra la influenza debido al miedo a las agujas. Y más recientemente, una encuesta, en Estados Unidos en el mes de abril, con adultos que aún no habían recibido la vacuna contra la COVID-19, encontró que el 52% reportó miedo a las agujas de moderado a severo.

AMIGARSE POR LA SALUD

Para los niños, la evidencia muestra que abordar su miedo y dolor mientras se los distrae del procedimiento es más efectivo para reducir la  angustia.

Si bien los adultos no son solo niños grandes, la combinación de estos conceptos con los hallazgos de los estudios en mayores sugiere algunas posibles intervenciones. Para los muchos que quieren una vacuna pero necesitan algo de apoyo, aliviar el dolor de la inyección puede reducir el miedo a las agujas. Por ejemplo, un grupo de pacientes en Nueva Zelanda se perdía repetidamente sus inyecciones mensuales de antibióticos por enfermedad cardíaca reumática. Sus médicos crearon una clínica especial que ofrecía anestésicos, un dispositivo frío vibratorio o ambos durante la inyección. Las intervenciones en 107 adultos redujeron el dolor y el miedo en un 50% después de tres meses. Luego de medio año, la mitad de los pacientes seguía usando ese amortiguante de dolor y la clínica especial de “dosis omitida” ya no era necesaria.

Específicamente para la vacunación, la aplicación de un dispositivo frío vibrante en el sitio de la inyección un minuto antes del procedimiento y presionar justo encima del lugar durante la inoculación, alivió el dolor y mejoró la satisfacción de los adultos, y fue más efectivo para aquellos con miedo a las agujas. Un dispositivo de plástico en forma de herradura que usa puntas afiladas para confundir los nervios también redujo el dolor de la inyección, pero aumentó la ansiedad, posiblemente debido a la incomodidad de las puntas. 

El aerosol frío no ayuda a bajar el dolor de la vacunación en los niños, pero se demostró que es más efectivo que los anestésicos tópicos para inyecciones de adultos .

La terapia basada en la exposición implica pedirle al paciente que clasifique la ansiedad causada por partes de un procedimiento, como ver la imagen de un torniquete o pensar en cosas afiladas, y exponerlo gradualmente a eso en un ambiente controlado. Hay recursos autoguiados gratuitos disponibles para miedos que van desde volar hasta arañas. Sin embargo, ninguno de los tres estudios que probaron este enfoque sobre el miedo de los adultos a las agujas mostró una reducción del temor a largo plazo.

En contraposición, uno de los estudios que enseñó técnicas para reducir los desmayos se consideró un éxito. El desplome o el síncope vasovagal y el miedo a las agujas a menudo se combinan. Si bien el desmayo debido a las inyecciones es más común con la ansiedad, a menudo es una respuesta genética. La tensión de los músculos del estómago aumenta el volumen de sangre que puede bombear el corazón, lo que la mantiene en el cerebro para evitar el aturdimiento durante los procedimientos con agujas.

Sorprendentemente, no hay estudios sobre adultos que utilicen la distracción para inyectarse. Sin embargo, dos investigaciones han encontrado que fingir toser reduce el dolor de las extracciones de sangre. Asimismo, una solución no ortodoxa se refleja en un estudio reciente que encontró que decir malas palabras disminuye el dolor en un tercio en comparación con decir palabras sin sentido. También se evidenció que la distracción con juegos o videos de realidad virtual es más efectiva en los niños, aunque hubo resultados mixtos en los adultos.

Las tareas mentalmente atractivas pueden ayudar. Se mostró que un pedido de búsqueda visual que se les da a los niños durante las inyecciones intramusculares reduce el dolor y el miedo, y el 97% califica la experiencia como más placentera que las extracciones de sangre anteriores. Los adultos pueden necesitar una tarea más complicada, pero una intervención similar también podría funcionar para ellos.

Para reducir el miedo a las agujas, la investigación sugiere que cuantas más intervenciones, mejor. Un estudio de 2018 que resume la investigación sobre el dolor causado por las vacunas concluyó que los dispositivos de vibración y frío operados por el paciente, combinados con técnicas de distracción, eran más efectivos.