Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 02 de diciembre de 2020
  • Actualizado 23:43

Manfred Reyes Villa, el qhochala que trabajó en la NASA y ahora hace aviones

Está especializado  en la construción de aeronaves Se desempeñó como ingeniero en  Boeing, General Electric y Dassault Falcon Jet. Sueña con volver a Cochabamba.

Manfred Reyes Villa, el qhochala que trabajó en la NASA y ahora hace aviones

Cuando se fue a estudiar a Estados Unidos, en su mente estaba presente volver a Cochabamba. Sin embargo, por problemas políticos que envuelven a su familia tuvo que quedarse en el    país del norte. Allí, comenzó a desarrollarse profesionalmente hasta destacar y ser parte de importantes proyectos y empresas, como la NASA, Boeing o Dassault Falcon Jet.

Manfred Reyes Villa Avilés es ingeniero aeroespacial, una profesión poco conocida que le ha permitido al joven estar en contacto con muchas personalidades y poder involucrarse en la creación de aviones privados.

Con un homónimo indudablemente reconocido en Bolivia, Manfred ha intentando marcar su propia huella y brillar con luz propia desde lo que sabe hacer, que es construir aeronaves.

Luego de 11 años pisó suelo cochabambino con el objetivo de retomar su deseo primigenio: volver a vivir en la Llajta, aunque asegura que hay circunstancias que lo sobrepasan y pueden cambiar sus planes.

DEDICACIÓN PROFESIONAL

Manfred es hijo del político Manfred Reyes Villa y de Patricia Avilés. Nació el 30 de septiembre de 1988 en Cochabamba. Realizó sus estudios primarios y secundarios en el colegio Carachipampa y Calvert.

Desde que era pequeño tenía en mente salir al exterior a profesionalizarse, así que comenzó a buscar alguna carrera en Estados Unidos. Se decidió por Ingeniería Aeroespacial, que se enfoca en el diseño de aviones. Además, hizo una maestría en Administración de Empresas.

Al terminar sus estudios, elaboró un proyecto para la  NASA, junto a otros compañeros, que consistía en la elaboración del primer avión híbrido. Esa experiencia le permitió adentrarse en el mundo de la creación de aeronaves y ganar currículo suficiente para migrar a otras empresas de talla mundial.  

Al concluir la contrucción de la máquina, tuvo la oportunidad de trabajar en Boeing, como parte de un equipo de emergencia. Luego de un tiempo comenzó a hacer aviones privados.

Con la misma misión, fue contratado por la empresa francesa Dassault Falcon Jet.

Después de un año y medio, quería aprender más, así que postuló a General Electric y fue aceptado. Al entrar, su labor era diseñar motores de aviones que volarán los próximos 80 años. Finalmente, volvió a Dassault Falcon Jet, a la parte de ventas, pero también supervisa la ingeniería del equipo. Permanece allí actualmente.

“He tenido una linda experiencia, he conocido personas de todas partes del mundo y durante todo ese tiempo siempre he tenido en mente Bolivia”, dice.

“Cuando era niño, veía a mi padre trabajar en la Alcaldía y crear cosas. Yo admiraba mucho a un ingeniero que trabajaba con él, así que yo decía: quiero ser Manfred y el ingeniero en uno”, relata respecto a su motivación para elegir una carrera.  

Pese a destacar en el rubro de la aviación, indica que tuvo que esforzarse para cumplir sus sueños. “Fue muy difícil, me costó mucho, pero creo que eso es lo que me llamó la atención. Era algo que tenía que conquistar. Sabía que me pondría en una situación complicada y sería un reto”.

Cuando terminó sus estudios, su idea era retornar a Bolivia, pero su familia ya tenía algunos conflictos políticos, por lo que se quedó en el extranjero. “Yo empecé desde abajo. Allá, como Manfred, yo no era nadie, era una persona más. No había nadie que me ayude. Hubo momentos en los que me quería rendir, pero algo que aprendí de mis padres es que nunca hay que rendirse”, asegura.  

EL RETORNO

Manfred estuvo hace poco en Cochabamba y permaneció durante algunas semanas; llegó para votar y visitar a su familia. Pero, además, también vio cómo estaba la situación en el país para cumplir su meta más preciada: retornar a Bolivia.

“Desde que me fuí, siempre estuvo en mi mente volver. No es tan bonito como todos lo plantean. En el exterior la vida se trata solo del trabajo, y yo creo que es más que eso”.

Aún no sabe qué le gustaría hacer,  pero asevera que tiene el objetivo de aportar a la sociedad, desde su labor, para que crezca y se pueda generar más empleos.

Reyes Villa cuenta que le dolió estar lejos de su tierra y perderse varias cosas, como matrimonios de sus primos, pero también la muerte de su abuela. “Me hubiera gustado estar aquí sus últimos días”, afirma.

Durante todos estos años, la Llajta estuvo presente en su corazón y cuando pisó suelo qhochala después de más una década pudo reencontrarse con sus raíces. “Cuando estaba en el avión, aterrizando en Cochabamba, veía todo como si fuera ayer. Sentía que estaba en una película, eran muchas  emociones, me aguanté las lágrimas. Fue muy lindo. En ese momento estaba seguro de que voy a volver acá”,   cuenta.

Pese a no haberse involucrado de forma directa en política, es parte de su vida cotidiana debido a la trayectoria de su padre, de la que siente orgullo como hijo, pero confiesa que no siempre fue fácil.  

“He crecido con muchas cosas positivas, pero también negativas. Es una vida difícil. Por ejemplo, cuando yo iba a eventos en el colegio, todos los padres estaban ahí, menos el mío, y de niño no entendía por qué”.

Sin embargo, su madre siempre estuvo presente en todo y entre ambos progenitores se complementaban para cuidarlo. “Mis papás me han dado un excelente ejemplo de lo que es ser una familia. Yo quiero ser alguien como mi padre, quiero ayudar a mi país”, asegura.

Manfred no descarta su incursión en política, pero tampoco es algo que tenga presente todo el tiempo. “Si llegara el momento en el que, políticamente es la mejor forma de ayudar a mi país y a mi ciudad, sí lo haría” dice.

Ahora está enfocado en utilizar toda su experiencia profesional para impulsar el desarrollo en el país. Cuestiona la falta de trabajo y oportunidades. “Yo quiero que haya el sueño boliviano, que cada uno se pueda destacar por lo que hace”.

Manfred Reyes Villa  junto a su padre.

FAMILIA

Manfred está casado con Nicole Quiroga, una cochabambina que conoció en Estados Unidos. Se unieron el año pasado en una ceremonia pequeña y, luego de que su boda en Jamaica se cancelara debido a la pandemia, planean hacerlo en Cochabamba.

“Ahora voy a tener el privilegio de casarme en mi país, con toda mi familia y la de ella”, explica.

Tiene cuatro hermanos, con quienes comparte una relación bastante estrecha, son amigos y se apoyan entre sí. Lleno de expectativas, Manfred tiene claras sus metas futuras. “Cochabamba es mi casa, amor, familia     y cultura. Bolivia para mí es un reto”, finaliza.   l

Yo empecé desde abajo. Allá (Estados Unidos), como Manfred, yo no era nadie, era una persona más. No había nadie que me ayude. Hubo momentos en los que me quería rendir, pero algo que aprendí de mis padres es que nunca hay que rendirse”, asegura Reyes Villa.