Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 25 de mayo de 2022
  • Actualizado 09:38

¿Madre hay una sola?

Lara Lizenberg, Psicoanalista.
Lara Lizenberg, Psicoanalista.
¿Madre hay una sola?

Las relaciones humanas cambian con más velocidad que lo que nuestro pensamiento pueda entender. Hasta hace un tiempo creíamos que la madre era única y que tener como pareja parental a dos madres en vez del esquema histórico de padre y madre era imposible. 

Para tomar una posición responsable y argumentada respecto de un tema es necesario saber. Si queremos entender las implicancias de tener dos madres, primero debemos entender de qué se trata tener una. Es inconcebible que un tema tan importante como las condiciones que se esperan de una familia que va a alojar a un hijo, suela quedar librado a una opinión sin fundamentos.

Si el parámetro para establecer qué es una madre fuera el lazo sanguíneo, se perdería de vista que éste, es tan cultural como cualquier otro. Pensemos lo siguiente: ¿Es hijo quien nace de determinado vientre? ¿Es hijo quien es adoptado por determinada persona? ¿Es hijo el que lleva el apellido de la mujer que lo gestó? 

Entonces la pregunta es ¿Cuál sería el parámetro que garantizaría la filiación? Evidentemente ninguno de los anteriores. 

No sólo hemos creído que la filiación estaba garantizada por criterios que suponíamos absolutos y que estamos viendo, son arbitrarios, sino que hemos asumido que esa filiación respaldaba, a su vez, una “buena” maternidad. 

En nuestra cultura la madre, sólo por ser madre, está cargada de buenas acciones e intenciones. Tendemos a pensar que ella se encarga de lo afectivo y el padre de imponer las reglas necesarias en la educación y del sostén económico. Esta distribución de roles ha sido el resultado de que durante años la mujer no trabajara fuera del hogar. Pero, una vez que los roles de hombre y mujer tienden a emparejarse -  la paridad de género va ampliando sus fronteras- eso se ve modificado. Entonces madre y padre pueden trabajar fuera de la casa y aportar dinero. Y del mismo modo, ambos pueden brindar amor y ambos pueden poner reglas cuando es necesario.

Dicho esto ¿será necesario que los miembros de la pareja que va a alojar a un hijo pertenezcan a distinto género para criarlo? Depende qué pretendamos de la crianza.

Dos madres, una madre y un padre, dos padres, una madre, un padre u otras conformaciones familiares no establecen por sí mismas garantías de bienestar. Lo que sí hace a la salud emocional de los hijos, es indefectiblemente el amor y el cuidado que se les binde y el modo en que se lo haga, porque tenemos que considerar que hay amores que sanan y amores que matan, cuidados que parecen proteger y finalmente descuidan. 

Entonces amor y cuidado serán un sostén para la seguridad emocional si son brindados sin excesos, sin exigencias, sin establecer deudas para los hijos, etc. Es decir, dentro de determinadas condiciones. 

No estamos habilitados como padres a cualquier cosa por el solo hecho de dar afecto. 

La mejor crianza es la que combina el ofrecimiento amoroso y los límites, que no son límites al amor, sino límites a la potestad que a veces nos atribuimos en virtud del afecto que damos. 

Y la posibilidad de dicha crianza le cabe a cualquier tipo de conformación familiar, independientemente de la identidad sexual de sus miembros.

Es necesario que podamos seguir reflexionando al respecto.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario contactarse con Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), al correo electrónico [email protected] 

Celular/ WhatsApp (+591) 62620609

Cochabamba-Bolivia.