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  • Diario Digital | domingo, 09 de mayo de 2021
  • Actualizado 13:12

Lo nuevo en el amor

Viviana Berger
Viviana Berger, Psicoanalista, Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana NEL. Miembro de la Asociacion Mundial de Psicoanalisis AMP. Presidente de la FAPOL.
Lo nuevo en el amor

Entre el amor y el tiempo hay una relación de cierto tormento. Hasta cuándo durará es la inquietud de los enamorados, lo que se desea es que nunca acabe, que se conserve para siempre. De ahí la ilusión de un amor que sea aún más fuerte que el tiempo. Lo vemos en los votos maritales, la pareja promete hasta que la muerte los separe. 

Se puede decir entonces que en el amor subyace la idea del objeto eterno, inalterable, por siempre jamás. Remitámonos a las grandes novelas de amor, aunque sin ir tan lejos, basta prestar atención a las historias cotidianas, ¡cuántas veces la pérdida del amor es motivo de consulta!

Por otra parte, los poetas nos han enseñado que el amor es eterno mientras dura, y también nos han enseñado que no tiene cura. La lucidez de esta formulación es que al darle a la eternidad una duración limitada inconsiste la aspiración al infinito, liberando al amor de esa demanda que en general lo único que logra es eclipsarlo, resituando a los amantes en el instante presente, en la perfección de cada encuentro como un momento inmortal, y así lo separa del tiempo. Es una versión de la eternidad sin los límites del Otro, una eternidad que se sale del tiempo simbólico, que nos permite decir el amor mientras dura, existe al reloj.

La pandemia nos ha introducido en una relación nueva con el tiempo, opacando el glamour de lo eterno, más bien presenta su cara siniestra. Hoy nos preguntamos cuándo vendrá el punto de basta, cuándo inauguraremos el tiempo post-COVID, ¡que ya se acabe este suspenso!

En este escenario lo que escasea es la función del corte, de la escansión. Y sabemos que para el encuentro amoroso el componente de la contingencia es fundamental … entonces, el asunto resulta ahora ¿cómo resguardar cierto fondo de imposible en un escenario de rutinas y repeticiones?, ¿cómo hacer lugar a lo nuevo ante la inercia de la fijeza que impone más de lo mismo?

También es cierto que lo nuevo no se asume por sí solo. Hace falta un consentimiento a dejarse llevar por la corriente de la invención, lo cual no va de suyo, implica para el sujeto soportar la incertidumbre, el no saber, tolerar un universo donde la referencia está perdida.

Ahora, si consideramos el amor como lo que hace lazo, como lo que une e impone el Eros por sobre el Tánatos -de acuerdo con la idea de que el amor es siempre igual-. Sin embargo, en tanto analistas no podemos desconocer sus variedades, las variaciones de las verdades de los sujetos del amor, lo que llamaría la marca de agua propia de cada amor, lo que lo hizo singular, único e irrepetible, por la relación al objeto que unió a los amantes y que hace a ese amor eterno.

Quizás el secreto para que el amor perdure eterno sea que, además de haber tenido su tiempo –porque sí, el amor necesita su tiempo bajo el sol, como se suele decir, si no tiene un tiempo así no puede alcanzar un ser– necesita a su vez ser también permeable a nuevos modos de hacer con el objeto las variaciones necesarias que permiten al cuerpo conservarse vivo, y al sujeto, seguir gozando del amor.

NOTA:

Para cuaquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga)    responsable de la columna, al correo claudiamendezde[email protected] o al telefono/Whatsapp +591 62620609. Visítanos en Facebook como    

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