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  • Diario Digital | viernes, 14 de junio de 2024
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Linda, Cindy, Christy y Naomi: las supermodelos más icónicas retornan

En un colorido recuento nostálgico de los años 90, las cuatro top hablan del documental “The Super Models” sobre sus fabulosas vidas y su legado en la industria de la moda. Además, repasan sus momentos oscuros.

Cindy Crawford, Christy Turlington, Linda Evangelista y Naomi Campbell se reúnen en un estudio fotográfico del West Side de Manhattan para hacer su magia de supermodelos./ VOGUE
Cindy Crawford, Christy Turlington, Linda Evangelista y Naomi Campbell se reúnen en un estudio fotográfico del West Side de Manhattan para hacer su magia de supermodelos./ VOGUE
Linda, Cindy, Christy y Naomi: las supermodelos más icónicas retornan

A lo largo de dos días de mayo, Cindy Crawford, Christy Turlington, Linda Evangelista y Naomi Campbell se reúnen en un estudio fotográfico del West Side de Manhattan para hacer su magia de supermodelos con el mejor de los ánimos y una precisión implacable. No tienen reparos en lucir enormes hombreras, minitrajes en tonos pastel, corbatas estrechas y tacones de punta afilada y sonríen con complicidad ante los burros cargados con los mejores looks de la temporada, tan distintos de aquellos que     llevaban hace 30 años. Hablamos de supermodelos, profesionales capaces de dominar cualquier estilismo. Qué extraño debe ser dedicar tu vida a salir guapa cuando, desde cualquier punto de vista, se es guapísima por naturaleza. Ser tan bella y no saberlo, te rodea sin querer de una burbuja de trato especial y privilegio. 

Cómo explotó esa burbuja y por qué sigue cautivando al mundo entero tanto tiempo después es el tema de “The Super Models”, una serie documental de cuatro episodios, producida por sus cuatro protagonistas que se estrenó en Apple TV+. La serie traza un retrato de la comunidad de la moda desde finales de los 80 hasta mediados de los 90, cuando la alta costura pasó de ser una afición nicho para unos pocos entendidos a convertirse en uno de los grandes pilares del entretenimiento de masas junto con el cine, la televisión y la música. En el centro de esta transformación se encontraban ellas, cuatro adolescentes cuya rara combinación de rasgos extraordinariamente fotogénicos, autoconfianza, ingenio, estilo innato, intensa curiosidad y ética de trabajo incansable puso a la industria patas arriba.

ERAN ESTRELLAS DEL ROCK

“Era demencial. ¡Ni que fuéramos los Beatles!”, recuerda Linda del frenesí mediático que siguió al lanzamiento en 1990 del tema Freedom! ‘90 de George Michael y su correspondiente videoclip, dirigido por David Fincher. La comparación, sin embargo, no es tan descabellada: al igual que los de Liverpool, estas otras forasteras de provincias se volvieron omnipresentes en la cultura pop y acapararon las aspiraciones juveniles. “Eran como las Spice Girls de la moda”, apunta el peluquero Guido Palau, que conoció a Naomi Campbell “cuando ella apenas era modelo y yo apenas peluquero”. 

Esa es la cuestión: cuando uno ve a una jovencísima Naomi hablando en el programa House of Style sobre la discriminación racial en la industria; la astucia con que Christy Turlington se convirtió en rostro de Calvin Klein; o la inteligencia con que Cindy ejerció a la vez de estrella y cronista de su mundo en el novedoso programa que ofrecía la MTV, falta la respiración. Aquello eran mimbres de estrella del rock. Y, sin embargo, pese a tanta perspicacia precoz, no dejaban de ser niñas. 

ERAN AMIGAS

El auténtico clan de chicas que formaron las supermodelos no solo deslumbró aún más al público, sino que les facilitó la labor. Como cuenta Naomi, “había auténtica hermandad entre nosotras, basada en el cariño y la lealtad: cuando una se caía, otra la levantaba”. Linda destaca aquella vez que Christy trató de ayudarla cuando aún estaba casada con el agente de modelos Gérald Marie (a quien algunas compañeras acusaron de acoso sexual, si bien nunca llegó a ir a juicio). “Intentó advertirme sobre él. Me decía: ‘Llevan tu ropa, Linda’. Yo me enfadé mucho con ella”. 

SOBREVIVIERON AL GRUNGE

En 1992, su burbuja de éxito se vio sacudida por la llegada de la pequeña, singular y arrebatadora Kate Moss. Calvin Klein apoyó pronto la moción, y Christy también lo vio claro: “Aquella sencillez me pareció muy fresca y más acorde a mi manera de ser”, asegura. Naomi no tardó en subirse al carro: se plantó un slip dress y unas merceditas de Prada y formó ‘pareja artística’ con Kate. “¡Sobrevivimos al grunge!”, confirma Linda.

Imposible hablar de la industria de la moda de las últimas décadas sin que planee el asunto del #MeToo. En la docuserie de Apple se elude cualquier mención a dos socios creativos clave de las supermodelos, los fotógrafos Bruce Weber y el fallecido Patrick Demarchelier, señalados con ciertas acusaciones de abuso que siempre negaron. En cuanto a sus experiencias de primera mano, tanto Christy como Cindy afirman haberse librado de malas conductas; la primera, supone, porque “mi carrera despegó muy rápido y había muchos ojos puestos en mí como para salirse con la suya”. La segunda tiene dos teorías de por qué salió indemne. Para empezar, llegó a Nueva York desde Chicago con 20 años, una edad relativamente avanzada para la media, más propia ya de una veterana de éxito. La segunda apunta en el sentido contrario: sus propias inseguridades provincianas habrían jugado a su favor cuando aterrizó en Europa. “Cuando te invitaban a una fiesta en un yate, yo pensaba: ‘¿Qué te pones para un yate? ¿Qué tenedor tienes que usar?’. Así que no iba y punto. Posiblemente perdí algunas oportunidades fabulosas, pero también evité cosas peores”.

Naomi vivió en París desde los 16 años con Azzedine Alaïa, toda una figura paterna para ella hasta que falleció en 2017. “Ese hombre me protegió de tantas cosas”, reconoce. 

“Vengo de un linaje muy fuerte de mujeres negras, jamaicanas. Si algo me parecía mal, lo contaba. Lo decía”. Y luego está Linda, de cuya unión de seis años con Marie solo guarda remordimientos. “Me dije: ‘Soy Linda. Gano mucho dinero. Me veo guapa. Sé cocinar. Trato genial a su hijo. Y me dedico a él en cuerpo y alma. Qué tonta he sido’”.

SIEMPRE FUERON, ANTE TODO, FORMALES

Para ser mujeres cuyas vidas profesionales se definieron en su día por una itinerancia frenética, las supermodelos originales aman profundamente la familia, ya sea cercana, ampliada o elegida. Christy y Cindy han mantenido largos matrimonios con hijos, perros y casas en los Hamptons y Malibú. ¿Cómo son capaces de hacerle hueco a una pareja entre tanta fama desmesurada? “Cuando nos conocimos, yo no le contaba nada”, recuerda Christy, que se casó con el actor y director Edward Burns en 2003, momento en que, ya alejada de las pasarelas, se había licenciado en la Universidad de Nueva York. 

La hija de Naomi, con apenas dos años, tiene ya el pasaporte sellado hasta los topes de recorrer el mundo con su madre en nombre de Emerge, la iniciativa que lanzó Naomi en 2022 para proporcionar apoyo, mentoría y oportunidades a jóvenes creativos de África, Oriente Medio, Sudamérica e India. A finales de junio le dio un hermanito. Linda y su hijo adolescente, Augie, comparten la pasión por los deportes de equipo. Antes, en sus días de supermodelo, el Madison Square Garden le solía ofrecer asientos en primera fila. “Ahora pagamos nuestras entradas y nos sentamos en el gallinero, pero no importa. Siempre he querido que mi hijo recibiera una educación muy normal”. A Augie, sin embargo, no siempre le convencen estos argumentos. Es hijo nada menos que de François-Henri Pinault, con quien pasa las vacaciones, y tiene por madrastra a Salma Hayek. Desde luego, la gran Hayek nunca espera a que se lo digan dos veces: “Me puse enferma en Acción de Gracias”, cuenta Linda. “Salma se subió al avión con su hija, vino a mi casa y me hizo su pollo a la mexicana. Le había dicho que no iba a celebrar nada porque no me encontraba bien. Y respondió: ‘¿Cómo que no? Allá que voy’. Y zas, se plantó aquí”.

SABEN ESTAR EN UN SEGUNDO PLANO 

Cindy pasó la pandemia en vaqueros y blusa aprendiendo a renunciar a la productividad. Ha dedicado las tres últimas décadas a impulsar varias empresas propias de gran éxito en los sectores de la belleza y el hogar, al tiempo que seguía atendiendo a sus dilatadas colaboraciones con marcas clave como Omega y Pepsi. Su legado como extop model es haber sabido rentabilizar la fama con la suficiente discreción como para no comprometer su intimidad. Ahora, está aprendiendo a amoldarse a una nueva etapa: ser la esposa de un empresario sagaz y glamuroso como pocos (Rande Gerber y su socio, George Clooney, vendieron su empresa de tequila en 2017 por mil millones de dólares); y la progenitora de una estrella mundial de la moda. “Ahora soy la madre de Kaia”, comenta.

SE CAMUFLAN ENTRE LOS MORTALES

Con la excepción de la pandemia, que pasó confinada con su hijo en una casa familiar en Canadá, Linda lleva más de 20 años viviendo apaciblemente en Nueva York. No obstante, su retirada de la vida pública se ha escrito a lo largo de varios episodios traumáticos. Luchó largo tiempo contra la depresión –sobre todo después de un embarazo en 1999 que acabó en muerte fetal– y ha tenido que hacer frente a importantes problemas de salud de índole genética. Augie, por su parte, nació con un trastorno sensorial que le impedía masticar correctamente. Se acomodó por fin en la rutina de ser, sencillamente, la mamá de Augie, hasta que su realidad pasó de la calma al silencio sepulcral cuando, según alega, sufrió severas desfiguraciones en mandíbula, espalda, abdomen y muslos tras someterse a siete sesiones del tratamiento estético no invasivo CoolSculpting, entre 2015 y 2016. 

“No me importa y nunca me ha importado envejecer. Hay que seguir cumpliendo años para lograr lo que todos queremos, que es una vida larga”, reflexiona Linda. “Quiero que me salgan arrugas, aunque me ponga bótox en la frente y eso me convierta en una hipócrita, pero quiero hacerme mayor. Quiero ver a mi hijo convertirse en un hombrecito. Quiero seguir dando guerra mucho tiempo”.

SE ESCONDEN A PLENA VISTA

“Sigo amando lo que hago”, dice Naomi sobre sus numerosas salidas a pasarela, temporada tras temporada. “Todavía siento esos nervios. Soy un lienzo en blanco y me amoldo a la visión del diseñador”. Hay cosas que, por suerte, no cambian. Su don para capear la dura mirada que se posa a menudo sobre quienes viven expuestos al escrutinio constante. En 2001, por ejemplo, un tabloide británico fotografió a Naomi en Londres saliendo de una reunión de un grupo de ayuda a la drogodependencia. “Me hicieron sentir vergüenza por estar recuperándome”, dice ella. “No es que lo estuviera escondiendo, pero para hablar de algo así tienes que estar preparada”. Peleó por su derecho a la intimidad en los tribunales y ganó, victoria que sentó un importante precedente en la prensa del Reino Unido.

En la actualidad, Naomi desfila con un único propósito: llevar el talento joven de los mercados emergentes “al mayor escenario de la moda”, a través de la citada Emerge y la empresa de comunicación Gamma. Solo con escarbar un poco, habla sobre la discriminación que sufrió como mujer negra en una industria mayoritariamente blanca: “¿Por qué haciendo el mismo trabajo que mis compañeras tenía que cobrar menos? ¿Por qué me contrataban para los desfiles, pero no para los anuncios? Yo no me callaba”. Pero sobre todo rinde honores a la guía que recibió de unos cuantos genios generosos y pioneros: Ralph Lauren, Alaïa y Gianni Versace.

“Tuve la suerte de trabajar con creativos increíbles que tenían en cuenta tu opinión, aunque fueras demasiado joven para saber opinar”, dice Naomi. “Nunca me oirás decir que me aburriese. Soy muy afortunada”.