Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 12 de noviembre de 2019
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EN CONTEXTO

Juan C. Zegada, comparten el nombre y la vocación de servicio

Esta dupla demuestra que el deseo de ayudar a los demás se lo lleva en las venas.
Padre e hijo voluntarios.
Padre e hijo voluntarios.
Juan C. Zegada, comparten el nombre y la vocación de servicio

Ambos, padre e hijo se llaman igual y sintieron ese ímpetu por ayudar a los demás. Juan Carlos Zegada Pereira es el progenitor de Juan Carlos Zegada Bazán, a quien desde joven le enseñó lo necesario para formar parte de una cuadrilla de rescate. El papá dio inicio a la Fundación de Voluntarios Fuego y Rescate el año 2011. Sin embargo, antes de dar vida a esta institución, esta dupla formó parte del SAR – Bolivia.

Actualmente, Fuego y Rescate reúne alrededor de 20 personas que acuden al llamado de cualquier incendio o emergencia que haya. Han colaborado en varios incendios que se dieron en el Parque Tunari e incluso viajaron a la    Chiquitanía como bomberos voluntarios. Según el joven, padre e hijo fueron los primeros familiares directos en ser parte de un grupo de rescate.

 

INICIO DE FUEGO Y RESCATE

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Esta institución tuvo altibajos, pero supo superar sus adversidades. Fuego y Rescate nació en noviembre de 2011, cuando Juan Carlos Zegada Pereira y su amigo José Luis Ramos decidieron crear esta fundación mediante la obtención de su personería jurídica. Comenzaron entre 15 y 18 personas que colaboraron con sus contactos en instituciones como el Club de Leones, entre otros.

El origen del nombre viene de las palabras en inglés Fire and Rescue, que significa Fuego y Rescate. El apoyo inicial que se dio a la fundación fue en el área de prevención y atención de incendios y primeros auxilios, que se mantienen. Asimismo, coordina acciones hasta ahora destinadas a la búsqueda y rescate de personas en situaciones de riesgo, bomberos estructurales, forestales y paramédicos.  

En 2012 estuvieron en tratativas para tener un cuartel por el Parque Excombatientes. Sin embargo, por algunas complicaciones no se logró concretar. Tampoco en el Seminario San Luis por cambios que surgieron en la rectoría de la institución religiosa.

Mi padre siempre me dice que me cuide y que proteja a mis compañeros. Cuando salimos a sofocar un incendio les recomiendo que se mantengan unidos y cerca para que no se pierdan. Estamos juntos todo el tiempo”, dice Juan Carlos Zegada Bazán.

El año 2013, la Fundación decayó porque Juan Carlos fue víctima de una estafa y su amigo José Luis se fue a vivir a Estados Unidos. Quedando el primero solo, a cargo de toda responsabilidad del grupo de rescate y sin el apoyo necesario.

Juan Carlos estuvo solo por mucho tiempo, pero su hijo le ayudó a levantar Fuego y Rescate, por lo que en 2015 resurgió con el apoyo de otras personas más. 

Aún no cuentan con un lugar establecido para guardar su equipo. Los insumos de la fundación son almacenados en algunas casas de las voluntarias, en un cuarto que les dio el sacerdote Marcelo Bazán, quien es tío de Juan Carlos hijo, y ahora en un espacio en Infocal que les fue otorgado por el presidente de los Empresarios Privados, Javier Bellott. Las donaciones de equipos que les entregaron están repartidas en estos lugares, muchas son gracias al apoyo que dieron los ciudadanos en Cochabamba y en Santa Cruz, cuando fueron a combatir en el incendio de la Chiquitanía.

El uniforme de la institución fue diseñado por Juan Carlos. Los colores verde con azul, además de las letras fluorescentes para que sean reconocidos en la noche. Todo fue planificado y elaborado con un material adecuado para resistir en emergencias forestales y naturales.

Según Juan Carlos hijo, el sueño de Fuego y Rescate es contar con un vehículo propio para acudir al llamado de emergencia. Mientras tanto, la ayuda en transporte por parte de la población y el grupo Tunari Sin Fuego es muy importante.

La Presidencia de la directiva antes recaía sobre el padre, ahora el hijo es quien está a la cabeza de la institución que tiene como fecha aniversario el 12 de marzo. La capacitación de los nuevos voluntarios se hace mediante los integrantes más antiguos. La consigna que tienen como compañeros es llevarse bien con los demás grupos.

 

JUAN CARLOS ZEGADA PEREIRA

Fue estudiante del colegio Don Bosco. De profesión radialista y administrador de empresas. Entre el año 2004 y 2005 estuvo como voluntario activo en el SAR – Bolivia. Sin embargo, el  apoyo a esta institución fue desde el año 1988.

Durante su estadía en este grupo fue al parque de Pairumani en Vinto. Administró el área verde y capacitó a los guardaparques del lugar en incendios forestales, gracias a los cursos de bomberos que tomó de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, también conocida por sus siglas en inglés, USAID.

Por motivos ajenos, Juan Carlos se deslindó de SAR – Bolivia en 2006 y decidió emprender en la Fundación de Voluntarios Fuego y Rescate que pese a tener problemas pudo resurgir y salir adelante. Esto lo podemos ver reflejado con los integrantes de la institución.

Padre e hijo voluntarios.

Ahora tiene 66 años y aunque su salud esté deteriorada, siempre demuestra cariño a la fundación y a todos los voluntarios de los diferentes grupos de rescate. "Voy a estar bien, tengo que estar bien", pronuncia.

 

JUAN CARLOS ZEGADA BAZÁN

Es hijo único, de padres separados. Estudió Fisioterapia en la Unicen y es docente en la misma universidad. Acompaña a su papá todo el tiempo. A veces, cuando hay alguna emergencia lo deja al cuidado de otra persona.

También fue voluntario en el SAR - Bolivia entre el año 2005 y 2006, pero dejó la institución junto con su padre.

Trabaja constantemente para la fundación, tanto por cariño como por compromiso con su progenitor, para hacerla crecer a la par de los demás grupos de rescate. Lamenta no haber podido ayudar a su padre cuando tuvo los problemas con la institución en años pasados. "Quiero que mi papá se sienta contento al ver que su fundación, por la que luchó tanto, está de pie", dice.