Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 26 de septiembre de 2021
  • Actualizado 13:59

Jhonatan Mamani, el hacker ético que brinda seguridad a las empresas

El joven ayuda a compañías  a identificar vulnerabilidades. Además, trabaja como desarrollador de software en Jalasoft. Su objetivo es inspirar a otros jóvenes a capacitarse.

Mamani en oficinas de Jalasoft, donde trabaja como desarrollador de software.  NOÉ PORTUGAL
Mamani en oficinas de Jalasoft, donde trabaja como desarrollador de software. NOÉ PORTUGAL
Jhonatan Mamani, el hacker ético que brinda seguridad a las empresas

Desde que la tecnología ocupó todos los escenarios de nuestra vida aprendimos la gran ventaja que representa en cuestión de facilidad y progreso, pero, además, conocimos la vulnerabilidad a la que nos puede exponer si no sabemos manejarla con cuidado. De ahí nació el concepto de hacker asociado a algo negativo, entendido como alguien que roba información para su propio beneficio; sin embargo, no es la única manera. Jhonatan Mamani es un hacker ético y busca, a través de su amplio conocimiento, ayudar a empresas a mantenerse seguras al igual que a sus usuarios. 

El joven, que está en el último año de la ca-rrera de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Mayor de San Simón y trabaja como desarrollador de software en Jalasoft, dedica su tiempo libre a “hackear éticamente” a grandes corporaciones bolivianas, un trabajo conocido como bug bounty hunter o “cazarrecompensas de errores”. 

Este concepto es algo usual en otros países, pero poco conocido en Bolivia. De hecho, numerosas organizaciones, compañías, sitios web y desarrolladores de software ofrecen recompensas (tanto monetarias o no) a los individuos que reporten errores, vulnerabilidades y fallos de seguridad. Ahí es a donde apunta Mamani, uno  de los primeros expertos en el área en el país, quien tiene el objetivo claro de brindar seguridad a los miles de usuarios bolivianos que depositan sus datos en todo tipo de empresa. “A veces se tiene un concepto erróneo de los hackers, se cree que solo hacen cosas malas, pero no es así”, indica Mamani.

El término hacker no está relacionado solamente al robo inescrupuloso de información. En realidad, la definición correcta es aquella persona con conocimientos avanzados sobre programación, lo que cada uno haga con ellos es decisión individual. Así nacen los “hackers éticos” y los “hackers de sombrero negro”, conocidos también como ciberdelincuentes. 

“Es como alguien que es experto en virus: puede crearlos para dañar a la gente o puede crear un antídoto. Sirve para hacer el bien o el mal, eso depende de cada uno”, añade Jhonatan. 

Su primera experiencia como hacker ético fue hace unos años. Tenía una cuenta en Mega, una gran empresa de servicio de archivos en la nube, pero no podía acceder al servicio premium porque no contaba con los recursos económicos, así que se dedicó a buscar algunas fallas en su sistema y lo consiguió. De esa forma, la compañía se puso en contacto con él, sorprendida ante la gran  habilidad del joven, y le ofrecieron que trabaje para ellos. En ese momento, Jhonatan estaba finalizando su beca de formación en Jalasoft, por lo que decidió quedarse en la empresa boliviana.  

Así descubrió un mundo lleno de conocimientos y optó por seguir formándose de manera autónoma y conocer más sobre este trabajo enfocándose en hacer el bien. 

"Me inspiró aprender hacking debido a que en el colegio ya tenía afinidad y pasión por las ciencias de la computación. Después de entrar a la universidad, particularmente estos últimos años, decidí tomarlo con mas seriedad al encontrar una vulnerabilidad en Mega", cuenta.

A partir de ese momento, Jhonatan ha ayudado a grandes empresas que brindan todo tipo de servicios en Bolivia, como Google, Facebook y Microsoft, entre otras, reportando varios puntos vulnerables críticos en sus sistemas, una tarea bastante compleja ya que estas compañías cuentan con equipos de seguridad informática bastante fuertes.

Asimismo, participa en plataformas de colaboración abierta como Hackerone y Bugcrowd, mismas que pagan entre 50.000 y 100.000 dólares según el impacto de la vulnerabilidad reportada y el alcance de la empresa, según explica Mamani. 

"Algunos hackers pueden encontrar vulnerabilidades y venderlas o explotarlas por mucho dinero en el mercado negro. En lugar de vulnerar empresas y vender los datos, yo les ayudo a protegerse", afirma.

DESARROLLADOR Y TRAINER

Su pasión por el amplio mundo de la tecnología nació cuando estaba en colegio. Le gustaba adentrarse en la computación y conocer todo lo que se podía hacer. Eso lo motivó a estudiar Ingeniería de Sistemas. 

Mientras estaba en cuarto semestre de la universidad, postuló a unas becas que otorga la Fundación Jala para aprender sobre desarrollo de software y no paró más. “Cuando empecé a estudiar no contaba con una computadora. Todos me decían ‘cómo vas a estudiar Ingeniería de Sistemas’, pero lo hice y me esforcé mucho”, asegura Jhonatan.

Al no tener una computadora, aprovechaba el tiempo en los laboratorios de la universidad, iba a los cibercafés públicos y a la bi-blioteca de su facultad, donde pasaba horas leyendo libros que le aporten en su formación. “Uno no nace con el conocimiento, pero con los pocos recursos que tenía pude salir adelante. Ahora, gracias a Dios, ya tengo un trabajo y muchas ofertas laborales”, señala Mamani.

Luego de terminar su etapa como becado en la Fundación Jala, lo invitaron a que se quede a trabajar en Jalasoft como desarro-llador de software, tarea a la que se dedica hace más de cuatro años. 

Asimismo, es trainer en la fundación, una especie de capacitador para lo nuevos becados, como él lo fue en algún momento.

“Quiero que otros jóvenes que ahora no saben bien qué hacer sepan que sí se puede, pese a las limitaciones económicas. Uno puede seguir creciendo. Las empresas muchas veces valoran lo que uno sabe ha-cer, las capacidades que tiene más allá de un título”, asegura Mamani.

Recuerda cómo gracias a su trabajo pudo comprarse una computadora, un logro por el que se esforzó mucho tiempo. Tenerla y ver todo lo que está construyendo es una muestra de que sí se puede. “Que aprovechen al máximo (los jóvenes), aunque tengan un boliviano para ir a un café internet, que puedan usar esa media hora para buscar información. Que lean todo lo que hay”, finaliza Mamani.