Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de diciembre de 2021
  • Actualizado 16:14

Los indígenas del Beni que combaten la COVID-19 con hoja de plátano y kutuki

Los cinco pueblos que componen el Territorio Indígena Multiétnico, y que acaban  de conquistar su autonomía, cuentan sus experiencias sobre la pandemia, los remedios naturales que usaron y cómo se organizaron para hacerle frente al virus solos. 

Indígenas combaten la COVID con hoja de plátano
Indígenas combaten la COVID con hoja de plátano
Los indígenas del Beni que combaten la COVID-19 con hoja de plátano y kutuki

Hace calor, pese a que el Sol se esconde detrás de las nubes. Es un día de fiesta para el Territorio Indígena Multiétnico (TIM). Reunidos en una cancha con tinglado, aprueban su Estatuto Autonómico luego de 10 años de lucha y procesos, y se convierten en la tercera nación indígena de Bolivia que obtiene su autonomía. 

De las 26 comunidades que conforman el TIM, Natividad del Retiro es elegida como sede para celebrar el acto. Con exuberante verdor en cada rincón, no solo cobija a varios de los líderes indígenas del lugar, sino también saberes y conocimientos ancestrales que les han permitido sobrevivir a todo tipo de enfermedades extranjeras, impropias de aquella tierra caliente de la manga y el açaí, como es el coronavirus COVID-19. 

La enfermedad llegó, pero la ayuda no. Ante el olvido recurrieron a uno de sus tesoros más antiguos: la medicina natural. Los comunarios cuentan que usaron desde hojas de plátano hasta kutuki para combatir al virus y, pese a contados decesos, salieron “airosos”, y sienten que están más preparados que antes para una inminente segunda ola. 

Sixto Matene junto a su esposa.

EL REFUGIO, LA COMUNIDAD

Natividad del Retiro está a dos horas de San Ignacio de Moxos, y a cuatro de Trinidad, en Beni. El camino por el que se llega es de tierra, amplio y a las laderas el horizonte se pierde en medio de la vegetación. Durante el trayecto es común ver familias de capibaras, de todos los tamaños, caminando libremente; ahí, el humano es el visitante. 

El TIM se extiende por más de 357.457 hectáreas, entre los municipios Santa Ana de Yacuma, San Ignacio de Moxos y San Borja, y comprende los pueblos Chimán, Mojeño Trinitario, Mojeño Ignaciano, Yuracaré y Movima. Todos ellos se unieron para compartir sus recetas, sus conocimientos y sobrevivir a la pandemia que llegó hasta las profundidades de la Amazonía, donde los servicios básicos son limitados. 

Juan Carlos Semo Molle, comunario de San Miguel, es de tez morena, tiene los pómulos prominentes y el cabello negro, no mide más de 1.65 metros. Asegura con orgullo que pertenece al pueblo indígena moxeño trinitario, habla su idioma nativo y fue un miembro activo en toda la conquista de la autonomía. 

Cuenta que en San Miguel comenzaron a asilarse una vez que corrió la voz de la presencia del virus en la ciudad. “Era una novedad porque nunca pensamos en eso. Empezaron a encapsular en San Ignacio y eso generó un poco de miedo”, afirma.  Los comunarios se reunieron y decidieron hacer sus propias “trancas antiCOVID”, donde hacían turnos. “Sin que alguien le obligue, la gente de las comunidades se aisló. Pero, pese a eso, el coronavirus entró a las comunidades”, afirma. 

Semo relata que uno de los profesores del lugar se contagió, se fue hacer atender al hospital de San Ignacio y ahí falleció. 

“La gente dijo ‘no vamos a mandar a ninguno de nuestros contagiados a San Ignacio’, y no mandaron ni uno más”. 

Ese antecedente los motivó a solicitar al personal de salud que no entre a la comunidad a menos que lleve medicamentos. Eso no pasó y, ante la falta de insumos, recurrieron a sus conocimientos.

“Comenzaron a hacerse tratamiento con puro remedio del monte. Luego, se contagiaron seis personas de mi comunidad y los tratamos con nuestros remedios, y no se ha muerto ni uno. El único que se murió fue el profesor de San José porque lo llevaron a San Ignacio”, sentencia. 

La religión católica está enraizada en sus costumbres y en su forma de concebir la vida. “Dios es remedio para nosotros, con Él todos los días es oración, Él nos ha protegido. A través de Él, tenemos medicamentos  naturales. En mi distrito no ha habido pérdida de hermanos, apenas dos personas”, cuenta el subalcalde de Natividad del Retiro, Sixto Matene Jare. 

La autoridad es alta, de tez morena y cabellos grises. Luce una túnica larga, hecha de un material parecido al yute, y acompañado de una banda con las letras bordadas que hacen referencia al cargo que ocupa. 

“Medicina para contar hay harta. Nosotros nos hemos salvado con limón, cedrón, jengibre. Ya no hay mucho porque hemos usado harto, pero nos hemos salvado”, dice. 

A esa lista se suma una planta que solo era cotizada por su fruto y no por sus beneficios medicinales. “La hoja de plátano había sido el santo remedio para esta enfermedad que ha brotado y ha dañado a muchos”, cuenta    Matene. 

El indígena moxeño trinitario explica cómo preparar este mate natural. Se puede usar cualquier hoja de plátano, pero mejor si es el cogollo o retoño de la planta. Es recomendable emplear una cantidad similar al tamaño de un dedo. Luego, picarlo finamente, ponerlo en una olla con bastante agua y dejar hervir durante 20 minutos. Después, esperar a que enfríe. Matene aconseja consumir entre tres a siete días, hasta que la persona se sienta mejor. Se lo puede beber en comidas o como si fuera agua, en diferentes horarios. Afirma que no tiene mal sabor y que es fácil consumirlo. 

“En las comunidades hemos caído varias personas con esa enfermedad, pero gracias a Dios, nos recuperamos. No fue fuerte”, afirma y lo dice con experiencia propia porque él también se enfermó, al igual que su familia. Todos se trataron con los remedios naturales de la zona. 

Durante el confinamiento consumieron alimentos propios del lugar, como yuca, plátano, maíz y otras frutas. Lo demás lo conseguían del pueblo, solo iba una persona por familia para evitar mayor contagio. En cuanto a carne, crian animales, aunque no es parte de su dieta diaria. 

Miembros de la comunidad del TIM.

LAS MAESTRAS DEL TIM 

En la asamblea que aprueba el Estatuto Autonómico Indígena, Paulina Noza Fabricano se ubica al costado de los líderes de las demás comunidades. Solo hay dos mujeres y ella es la cuarta en tomar la palabra. Con voz firme se dirige a las más de 200 personas que llegaron de las 26 comunidades. Luce un llamativo tipoy amarillo, dos trenzas negras menudas cuelgan de su cabeza y apoya sus pies sobre dos sandalias. 

Noza es presidenta de la Organización de Mujeres del TIM y fue otra de las personas que luchó durante los 10 años para lograr la autonomía indígena. Asimismo, sus saberes y conocimientos fueron esenciales para combatir la COVID-19 en Natividad del   Retiro. 

Junto a Petronila Ipam y Celia Rapu elaboraron un recetario de remedios naturales con base en todos sus secretos medicinales, mismo que se compartió en todas la localidades cercanas al TIM.  

Cuenta que usaron jengibre, miel de abeja, limón y kutuki, un árbol con frutos parecidos al ajo. Explica que se debe consumir como mate. Primero, se ralla el tallo o se hace remojar durante unas horas en agua hervida, y después se lo bebe varias veces durante algunos días hasta presentar mejoría. 

En caso de sufrir fiebre, tienen el aceite de majo, que es una palma del monte amazónico. Se deja secar la hoja y se hacer hervir en agua hasta que desprenda aceite con el que se fricciona el cuerpo para que quite la temperatura. También aplican el piñón morado cuando los niños se insolan o les da espasmos, solo se necesita machacar la hoja y dar masajes. Para los malestares estomacales hacen mate de toronjil con hoja de matico, limón y miel.

“Nos ha ido bien con esos remedios, con eso se ha salvado vidas. La mayoría de la gente tuvo fiebre, dolor de cuerpo, diarrea y dolor de estómago”, asegura. 

Muchas veces les dijeron que les llegaría algún tipo de socorro, pero eso no sucedió. “Nos dijeron que nos iban a ayudar con los medicamentos y al final no hubo esa ayuda y por eso nosotros acudimos a nuestros remedios medicinales”. 

También prepararon un jarabe hecho de limón, cáscara de naranja, miel de abeja, kutuki y canela, que comercializaban a las otras comunidades. La botella de dos litros costaba 60 bolivianos y les sirvió para mantener su economía circular. 

Relata "entre risas" que el jarabe también es purgante y que les sirvió para limpiar su organismo, además de fortalecer sus defensas. 

Todas las plantas que utilizan están en el lugar, en sus patios o en el monte, donde exploran y conocen cada sendero. 

Ante el inminente rebrote, Noza dice que se sienten más preparados. Ella aprendió todos sus conocimientos de su madre y ahora le enseña a sus dos hijas. “Antes no había vacunas, no había carreteras, no había nada, pero ellos vivían bien en sus territorios”, dice. 

Sobre las nuevas generaciones cuenta que algunos olvidan estas costumbres y hasta el idioma, pero la llegada del coronavirus los hizo acercarse más a su esencia, ver que en medio de su entorno natural atesoran la respuesta a la vida.