Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 07 de agosto de 2020
  • Actualizado 14:14

Impacto psicológico en el personal de salud; alejados de sus familias, dobles turnos e inseguridad laboral

Muchos de ellos fueron echados de sus casas y otros no ven a sus hijos hace meses ante el temor de contagio. Los contratos a plazo fijo dejan en el limbo a los que no cuentan con un ítem.

Frontis del hospital Solomon Klein. OPINION
Frontis del hospital Solomon Klein. OPINION
Impacto psicológico en el personal de salud; alejados de sus familias, dobles turnos e inseguridad laboral

Vestidos con el característico uniforme blanco, cada jornada se dirigen al centro de salud en el que trabajan, la misión es una sola: salvar vidas. Así es el día a día del personal médico, con una variante en los últimos meses, el colapso de los hospitales, la discriminación por parte de algunas personas, la inestabilidad laboral y, sobre todo, el temor de contagiar a sus familias crece a medida que los números de positivos del coronavirus COVID-19 aumentan.

Las últimas semanas, Cochabamba registró el aumento más alto de infectados, muchos de ellos médicos y enfermeras. Eso diezmó las filas de atención y duplicó el trabajo de aquellos que continúan de pie en la lucha contra la pandemia.

La falta de insumos y equipos médicos es un problema constante en los nosocomios del departamento. Pero, otro factor aún más determinante es el impacto psicológico de esta situación crítica en los galenos y enfermeras, quienes atraviesan, quizás, uno de los momentos más complejos de sus carreras.

El director del hospital Solomon Klein, Grover León, fue uno de los médicos contagiados con COVID-19. Cuenta que, cuando se enteró de su situación, lo primero que se le vino a la mente fue su familia y sintió terror al pensar que podría infectarlos. Sin embargo, todos salieron negativo. Una de las medidas de prevención que tomó el galeno fue separarse de su esposa y sus dos pequeños hijos, de 12 y 2 años, cuando el virus llegó a la ciudad, eso impidió mayores sustos. Hace casi tres meses no los ve, solo mantiene contacto por videollamadas y mensajes. “Sufrimos la ausencia de la familia, salimos de la casa, sentimos la separación familiar, la desvinculación de la esposa, de los hijos. Nos hemos aislado para evitar el contagio”, dice.

Sin embargo, el drama del galeno no terminó ahí. Al pasar los días, mientras la situación se volvió más caótica, la dueña del lugar donde vivía León le pidió que dejara la vivienda por temor a que los contagie. Sin otra opción, tuvo que mudarse a la casa de sus padres para permanecer allí hasta que pase la fase crítica de la pandemia.

Una realidad parecida vivió la enfermera Shirley Chinchilla, quien dio positivo al coronavirus y tuvo que salir de su domicilio, donde vivía con sus papás. Su madre tiene diabetes y contagiarse sería un grave peligro para ella.

Chinchilla es madre de tres hijos, de 15, 7 y 2 años. Su hija menor también dio positivo y eso reforzó la decisión de dejar su hogar. Con el apoyo de su esposo, quien es Policía, se mudaron a una casa que tenían que está a media construcción. Tomaron lo necesario y no volvieron hasta el momento. “Todos mis hijos presentaron síntomas, pero no me pudieron atender en la caja. Por eso nos aislamos rápidamente”.

Varias de sus compañeras padecieron lo mismo que ella y sabe que esto aún no ha terminado.

SIN APOYO PSICOLÓGICO

En el hospital Solomon Klein, trabajaba una psicóloga en el apoyo a los pacientes y al personal médico que transita estos momentos. Pero, hace 20 días, ella también dio positivo al coronavirus y el nosocomio quedó sin ningún respaldo. Por el momento, esperan que se recupere y vuelva a sus funciones.  “Solo tenemos el apoyo del amigo al amigo, del colega al colega. La psicóloga hacía la contención de los pacientes y del recurso humano, pero cuando cayó con el virus ya no teníamos ni eso”, asegura León.

El médico cuenta que, durante el lapso que estuvo internado como paciente, conoció muchas historias dramáticas y resalta la importancia del apoyo psicológico en el tratamiento. No olvida cuando una paciente entró en un estado de psicosis debido a que no llegaban sus resultados para saber si tenía coronavirus o no y, ante la desesperación, intentó lanzarse de la ventana del edificio hospitalario. La psicóloga del centro intervino y logró calmarla. Lo mismo sucedió hace unas semanas, cuando un hombre se lanzó del tercer piso del Solomon Klein. Lamentablemente, allí no hubo un desenlace feliz; la profesional ya estaba de baja a causa del virus y no pudieron hacer nada para salvarlo.

Estos cuadros de crisis no solo pertenecen a los pacientes que dieron positivo a la COVID-19. El personal médico atraviesa momentos duros que desbordan todas las emociones y crean “psicosis” entre ellos. 

El sector de enfermería es, muchas veces, el más afectado, ya que ellas están en contacto directo con las personas internadas. El galeno asegura que, cuando uno muere, varias de ellas entran en shock y no pueden evitar derramas lágrimas de dolor e impotencia. Además, hay varias enfermeras que comenzaron su labor recientemente y ver la muerte cara a cara les genera un estado de desolación y desesperanza.

Sin embargo, pese a estos momentos amargos que viven, el personal médico encontró la forma de contenerse mutuamente. Recordar las cosas buenas de sus pacientes es un aliciente al momento de despedirlos. Las bromas y las palabras de aliento no faltan, León se encarga de mantener el ambiente lo mejor posible.

HORAS EXTRAS E INESTABILIDAD LABORAL

El director del Solomon Klein cuenta que varias enfermeras que trabajan en su hospital, que provienen de otras provincias, alquilaron cuartos por el centro de la ciudad o cerca del nosocomio para no infectar a sus familias. Además, debido a la cuarentena, el transporte público está restringido y supone un peligro extra. Ellas van hasta su centro laboral caminando y con el temor latente de contagiarse.

Desde que comenzó la crisis sanitaria, el personal de salud fue uno de los más afectados con el virus. “Nosotros tuvimos que cubrir las falencias del recurso humano, pero todo tiene un límite. Lo hacemos por amor al paciente, por vocación, pero estamos sobrepasando nuestras cargas horarias, haciendo doble turno. Ya hay cansancio en las personas. Un mes está bien, pero dos, tres meses es insostenible. El recurso humano es insuficiente. Es fácil atender pacientes cuando hay personal, pero si no, todo es más pesado, más lento, no hay ayuda”, afirma León.

Otro conflicto importante para ellos es la inseguridad laboral a la que están sujetos, trabajan con contratos a plazo fijo, con un sueldo menor que el resto de aquellos que tiene ítem.

En el hospital Solomon Klein, varios miembros del personal médico cumplieron sus contratos laborales y se encuentran a la espera de que les renueven para seguir trabajando. Ese grupo se declaró en emergencia, pero todavía no tienen respuesta.

Ese es el caso de Shirley Chinchilla, quien atraviesa una situación de incertidumbre. “Hace seis años trabajo solo con contratos y, hasta ahora nada, no nos llega un ítem. Estoy esperando que me renueven, necesito trabajar”, asegura.

Por su parte, León conoce bien la situación, durante muchos años trabajó en el Solomon Klein de la misma forma. “La inseguridad laboral es terrible, son contratos lesivos. Es el modo de explotación del siglo XXI hacia el personal de salud. Cómo puede ser que no tengas seguro, ni aguinaldo, ni beneficios sociales. Eso hace que el personal se canse. Tiene que acabar ese tema de que somos de primera y segunda clase. Esa discriminación hace que la gente este disconforme”, afirma.

La coyuntura es adversa y la contención psicológica es importante, no solo para los pacientes positivos con COVID-19, el personal médico requiere el apoyo en esta larga lucha para vencer la pandemia.