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  • Diario Digital | jueves, 29 de febrero de 2024
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Immanuel Kant, ética del imperativo categórico

Oscar Arlex Quilla Zurita. Docente-Investigador.
Oscar Arlex Quilla Zurita. Docente-Investigador.
Immanuel Kant, ética del imperativo categórico

La ética de Kant es definitivamente consistente y trascendental, porque rebasa las circunstancias individualidades o condicionales, considera en todo momento la libertad de la persona y se constituye en un garante constitutivo del pensar y actuar de los individuos. Se destaca por ser un fin en sí misma, no está supeditada a la felicidad, al amor o al placer. No es un medio para sentirnos mejor con nosotros mismos, es una referencia axiológica, que sirve como mecanismo adaptativo y de interacción para la vida.

Nuestro compromiso con ella es el deber, la obligación, el imperativo categórico “Obra solo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal “, es una responsabilidad, que se debería desempeñar como forma de vida.  La ética fundamenta la existencia del resto de elementos, como son la libertad, el pensamiento, el comportamiento y hasta los factores de orden actitudinales; esto es de gran relevancia también en el ámbito deontológico.

El poder, o la aspiración de poder, el miedo a la incertidumbre, la angustia, la ambición, la necesidad de seguridad, parecen ser motivaciones mucho más poderosas, que la de obrar con intención honesta. Para Kant la diferencia entre el bien y el mal es algo real, pues todos los seres humanos tenemos la capacidad de razonar y distinguir si algo es bueno o malo en un sentido moral, por lo que esa capacidad innata y potenciada por el factor madurativo y experiencial son facultades propias es menester ¡aplicarlas!

Si bien el contacto con el mundo y las personas que nos rodean son de orden subjetivo y está regido por los factores fenoménicos, desde una perspectiva de la razón práctica; la libertad es una necesidad en la vida y la existencia de las personas, que se deben ejercer con principios, valores y normas. La acción moral en Kant es precisa; se trata de obrar para hacer el bien, más allá de los resultados, lo que prima en todo caso es la intención. 

Independientemente de que la filosofía del ser ético sea, obsequiar el pez o enseñar a pescar, la intención es la de ayudar, contribuir; otra cosa es lo que el beneficiado haga en realidad con el obsequio. El bien ha de ser perseguido, incluso aunque no obtengamos ningún provecho a cambio.  Buscar la utilidad o la felicidad no puede considerarse un deber; más bien es un rasgo que nos caracteriza como humanos. 

Esto convierte a la ética kantiana en una ética incondicional, por tanto, la libertad se tiene que desarrollar en el marco pleno del respeto a las normas, la convivencia y el bien común.  Aunque es muy cierto que el accionar de las personas en nuestro entorno dista mucho de un comportamiento ético, en la relación con los otros cobra más fuerza el aforismo del del antiguo, pero siempre presente Lucio Anneo Séneca (c.4 d.c.) “Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad”.

Nota: Para cualquier consulta o comentario,  contactarse con Claudia Méndez del Carpio (Pploga),  responsable de la columna, al correo [email protected]  o al  teléfono/WhatsApp  62620609 Visítanos en Facebook como LECTURAS SUTILES.