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  • Diario Digital | sábado, 25 de mayo de 2024
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Fernando Antezana y su recorrido en el terreno del arte

Sobrino del reconocido artista Gíldaro Antezana, marcó su propio camino en la cultura a través de sus cuadros en los que emplea diferentes técnicas. Es creador del Museo Chinchiri, un espacio que busca pontenciar el arte.  

Fernando Antezana y su recorrido en el terreno del arte

El camino del arte en Cochabamba tiene un recorrido sorprendente. Primero, porque es como descubrir la palma de mano, la misma con la que se realiza un bosquejo a carboncillo, un dibujo o una pintura. Si se mira con serenidad y cuidado, el recorrido del arte en Cochabamba podría decirse que procede desde diferentes puntos inimaginables o, más bien, estratégicos. Muchas veces de procedencia modesta, humilde o ingresando directamente al Casco Viejo se identifican artistas que lograron retratar un contexto determinado ya sea en densidad de conflictos o pasividad social. 

Es así que en esta oportunidad la revista Así focaliza su lente y su pluma en uno de los reconocidos artistas visuales, quien recientemente festejó el aniversario del Museo Chinchiri. Fernando Antezana Andrade nació en Cochabamba, en 1976. De padres cochabambinos: Víctor Antezana y Lucila Andrade. Comenzó a dibujar a sus diez años. “Estoy  en este mundo del arte gracias a la necesidad de poder hacer y ser algo en la vida”, mencionó. 

Reconoce que, durante su infancia, su padre y su tío Gildaro fueron grandes influencias para cultivar el amor por el arte. Recuerda que “don Víctor Antezana podía enseñar sin ser artista y guíar el mejor camino que se pueda inculcar a un hijo”.

A los 14 años comienzan a acechar grandes problemas a la familia de Fernando. Primero, sus padres se divorcian. Poco después, una desgracia, durante su adolescencia su padre fallece. Posteriormente tuvo que decidir entre ir al cuartel o buscar otra forma de seguir con el curso de la vida. Es así que el artista decidió migrar a La Paz. 

Instalarse en la actual Ciudad Maravilla, como para todo aquel que migra, implica esfuerzo. El artista dicen que “Dios ahorca, pero no mata”. El refrán popular que menciona el artista recuerda que la ciudad de La Paz, sede de Gobierno desde 1889, es una ciudad que ha vivido muchos disturbios sociales que van desde una guerra civil hasta fechas que cambiaron radicalmente la historia de Bolivia como Octubre Negro. 

El artista menciona que los primeros años de instalación pasaron así, ‘aprendiendo’, mientras trabajaba. Por gracia del deporte llegó a conocer y a relacionarse con otras personas, jugando fútbol en el kilómetro 7, quienes lo ayudaron a instalarse y encontrar un cuarto en alquiler puesto que una persona lo llegó a garantizar.

En el transcurso de sus 17 a 19 años decidió contraer matrimonio con la señora Isabel y conformó su familia criando a dos hijos y posteriormente educándolos. También, con el pasar del tiempo, llegó a exponer en diferentes galerías, siendo una   de ellas la galería de Taypinkiri -que en el idioma aymara significa “del centro”- que está ubicada en el barrio San Miguel, en la zona sur de La Paz.

Esta ciudad fue una fuente de aprendizaje para Fernando Antezana, porque el hecho de instalarse en ella significaba contar con un espacio más amplio para poder progresar. Actualmente, el artista la recuerda con gran estima: “Hasta ahora me tratan como un hijo”.

Recuerda que exponer en la mencionada galería le permitió avanzar en su desarrollo personal y logró ver otro terreno del arte donde aparecen coleccionistas, a la vez que para él se abría una perspectiva del arte diferente.

Es interesante recordar que cuando una persona realiza arte su sensibilidad y la capacidad de crear no son producto del azar, sino que intervienen muchas conexiones humanas, la interacción con el entorno es un primer plano muy intenso que llega a conformar un lienzo. Por esa razón, Antezana recuerda con cariño a Isabel Careaga quién le invitó a formar parte de una primera exposición colectiva en la mencionada galería, para que él escalara peldaño a peldaño y fortaleciera su forma de hacer arte siendo autodidacta, tomando en cuenta que no es fácil ser reconocido en el terreno del arte sin haber seguido una trayectoria académica, conocimiento. Se precisa identificar más que teoría. Es decir, cultivar cualidades como la humildad, la perseverancia, la modestia, el respeto y la cortesía. 

En el camino de Fernando, su primo Darío Antezana fue una persona importante que lo ayudó a dar más pasos en ese terreno que es complejo y  subjetivo. Es así que, su primo, hijo de Gíldaro Antezana, comenzó a observar detenidamente la obra de Fernando, para después ir retocando ciertos cuadros. 

Todo es posible cuando el esfuerzo y la humildad son parte de la vida de una persona. Fernando supo identificar este hecho, puesto que el artista llegó a corregir y mejorar su obra prestando atención a las críticas u observaciones que le hacían sus homólogos y dando una especial atención a Darío Antezana, quién lo guiaba en su recorrido. Por esa razón el verbo “hacer” para una persona disciplinada y perseverante es un verbo capital para tomar impulso y emprender un camino que haga que su mirada sea más amplia y sus proyecciones no se desvanezcan, sino más bien trasciendan en el tiempo.

La manera en la que se avanza en el arte no es “dejarse impeler por el viento”, es prestar mucha atención a los pasos que se da, saber escuchar atentamente las críticas para poder discernir lo que se va a cambiar o no. Fortalecer lazos de amistad para aprender a mirar desde otra perspectiva, sin olvidar el contexto que acompaña a la apreciación del arte. Para ello, es importante contar con indicadores de educación que permitan señalar si la gente aprecia realmente el arte, si lo comprende o si lo consume.

Con un gesto vívido el artista menciona a la exposición de “Imágenes Totora” como parte de una de las experiencias más importantes de las que participó y comenzó a ganar desde ese año 2002. Concurso que se ejecutaba en vivo, tiempo en el que se evaluaban muchas competencias, aptitudes y destrezas. 

Después, como ‘efecto dominó, llegó a ganar los concursos en los diferentes dominios del arte en varios departamentos del país. Son 30 premios de arte que logró ganar durante su recorrido, enfatizando que no solo se trató de un solo dominio, sino varías categorías en las que demostró más de una vez ser competente en el terreno del arte no solo a nivel nacional.

El hecho de perseverar en el arte siendo empírico, no es un hecho casual, es fruto de obras y de muestra de humildad al momento de avanzar con las críticas que se recibe. Puesto que las bellas artes, académicamente, demandan mucho tiempo y dedicación para estudiar a la vez que se practica.  

Sin excusas de estar con el bolsillo apretado y sin tiempo, a causa de las responsabilidades de familia, comprendió que sujetarse a hábitos prácticos le permitiría avanzar y amar más el arte, más de lo que él creía en ese entonces. Hasta realmente fortalecer su forma de discernir las críticas para luego transformarlas en un agente de su progreso. 

SOBRE SUS HÁBITOS ARTÍSTICOS

“Al que madruga Dios le ayuda” no es solo un refrán popular, es realmente una forma de vida, es saber sacrificar un poco de sueño, o más bien, darle prioridad al objetivo al que se quiere llegar para avanzar. Sin olvidar las responsabilidades que se tienen y entender el ritmo del reloj sin odiarlo.

Fernando Antezana comenta, con modestia y sin misterio, que levantarse temprano a las 05.00 ha sido para él un aspecto importante para lograr hacer obras de arte, es decir, aplicarse cada día para subir escalón por escalón. Señala disciplina “dar al arte un 200%” discierna el lector, eso implica más del tiempo requerido, implica salir de la zona de confort para realizar una obra de arte y ver logros, resultados positivos.

SOBRE LA INFLUENCIA DEL ARTISTA: EXPERIMENTAR

Menciona como base fundamental las obras del artista Gíldaro Antezana, de quién actualmente guarda ciertos cuadros y expone otros en homenaje a él. Por otro lado, también comentó de manera reservada que lee. Como otra de las virtudes que cultivó en su recorrido se encuentra el hacer música tocando charango. Lo cierto es que, teniendo como compañía a su primo, el señor Alfredo Coca, reconocido por ser charanguísta y  arquitecto, no faltan momentos para compartir y crear en ese terreno.

SOBRE SU PERSPECTIVA IMPRESIONISMO EXPRESIONISTA

No es fácil definir la dirección en la que va la mirada de un artísta empírico cuando se explora una parte del camino. Sin embargo, el artista atina a decir “por práctica” la velocidad con la que se realiza un trazo, sin utilizar fotografías, llega a ser crucial para definir una obra. Y así, sin temblor, terminarla en unos minutos o, dependiendo el caso, avanzar según la idea, el contexto, la emoción, el sentimiento, la pregunta que se quiera transmitir, sin olvidar a quiénes se dirige.l