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  • Diario Digital | sábado, 16 de enero de 2021
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Una ética de la in-diferencia

Una ética de la in-diferencia

“Todos se esfuerzan por remediar la vida de todos… El ansia de llegar a ser una fuente de sucesos actúa sobre cada uno como un desorden mental o una maldición elegida. La sociedad es un infierno de salvadores. Lo que busca Diógenes con su linterna era un indiferente”. E.M. Cioran

Cuando la técnica suplantó a la ética 

La eficiencia, la eficacia y la efectividad, parámetros que piensan y evalúan el desempeño, sustituyen la reflexión ética privilegiando lo utilitario. Pasamos de un código ético que orienta el accionar de los seres humanos, respetando la singularidad de cada caso, a la aplicación de manuales de operaciones para todos los casos. ¡La fábrica de objetos humanos está abierta! y en la línea de ensamblaje se construyen subjetividades que se venden en el libre mercado. ¿Es acaso la aplicación de protocolos técnicos la forma más adecuada de pensar y dirigir acciones sobre el ser humano?

Verdades desenfrenadas 

E.M. Cioran, filósofo rumano, nos invita a reflexionar cómo los ideales pueden convertirse en fanatismo. En su estilo descarnado, hace una analogía al viejo dicho: el camino al infierno esté hecho de buenas intenciones. No sé si Cioran estaría de acuerdo con nosotros. Podríamos decir que denuncia cómo nos lanzamos a la búsqueda de efectos, sin considerar una posición ética que oriente la praxis. 

Es como si un carnicero, de un hachazo, separara la praxis y ética en medio del hueso; tal corte, nos deja con una herida mortal que aún palpita y nos desangra. Esto es más claro de observar, actualmente, en la forma dominante de hacer política. En esta se busca resultados, tan por fuera de una reflexión que harían incluso avergonzar a Maquiavelo por tal abuso desenfrenado de su frase: el fin  justifica los medios. 

Menos claro, pero no por ello menos importante, está la técnica proclamada como verdad desenfrenada, al momento de intervenir con sujetos en la praxis psicológica. Porque cuando psicólogos o  pacientes están más allá o más acá de las verdades proclamadas como absolutas, rápidamente se escucha la voz atronadora de la evaluación: ¡ineficaz! Está prohibido negarse a participar del entusiasmo de lo absoluto, pero que en una intervención psicología es equiparable a vestir a cualquier persona con una talla única. No a todos les quedará bien, llegando en algunos casos a aprisionarla en lugar de vestirla. 

In-diferencia 

Muchos autores han escrito extensamente sobre la soledad, tanto en la literatura como en las ciencias humanas. Nos mostraron que hay diferentes tipos de soledad. No nos apresuremos a desacreditarlos como meras construcciones ficticias, pues como con cualquier  sujeto, son testimonios de aquellos que han construido en la vida maneras de recorrer sus caminos y afrontar sus problemas. Los autores dicen que uno puede estar acompañado de muchas personas y aun así sentirse solos y viceversa. Lo cierto es que todos hemos sufrido soledad, impotencia y hasta desesperación en momentos de crisis en nuestras vidas. El diferenciar la soledad de cada persona es, quizás, un camino más amable que tomar a todos los seres humanos por igual y/o medirlos con una verdad absoluta dictada por ideales sociales.

Una praxis psicológica que se proponga a darle dignidad a la palabra de las personas pronto se encuentra con las siguientes afirmaciones: “no tengo quién me escuche”, “no me entienden” o “no quiero consejos”. Un poco de esa sana indiferencia, indiferencia hacia ideales y buenas intenciones, y una diferencia que se haga con cada persona que se escucha, es a nuestro entender un acto de subversión de una posible práctica psicológica orientada por la ética.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), responsable de la columna, al correo 

[email protected] o al teléfono/WhatsApp +591  62620609.

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