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  • Diario Digital | martes, 28 de mayo de 2024
  • Actualizado 00:32

“Los espíritus de la isla”, la historia de los misterios de la vida lucha por el Oscar

Colin Farrell y Brendan Gleeson protagonizan este filme dirigido por Martin McDonagh, que le regala al espectador una bella pieza de arte difícil de igualar. Compite en nueve categorías de los premios Oscar.

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“Los espíritus de la isla”, la historia de los misterios de la vida lucha por el Oscar

Colm (Gleeson) y Pádraic (Farrell) son amigos desde siempre. O al menos eso entiende el espectador cuando se dispone a ver “Los espíritus de la isla”, el filme con el que el director, Martin McDonagh, logró reunir, luego de 15 años, a esta dupla de actores.

La acción transcurre en un pueblo irlandés olvidado en el tiempo, alejado de las incipientes urbes que contempla desde lejos los disparos y las bombas que anuncian el final de una guerra civil. Esta isla toma el nombre de Inisherin, donde hombres y mujeres transitan por él como piezas de un juego que está por terminar. La cinta toma como punto de partida a Colm, un artista que pasa sus días tocando el violín y charlando con la gente, y Pádraic, un hombre simple con razonamientos algo lentos y sencillos que vive con su hermana Siobhan (Kerry Condon) en una pequeña casita donde cuidan a sus animales y a una burra.

Ambos, como el resto de los pobladores, se reúnen a las dos de la tarde en el pub del pueblo, una construcción rústica donde toman cerveza (mucha) como para pasar las horas del día. Pero si el objetivo es matar los minutos, las escenas hacen que se sienta que el tiempo se detiene. Y todos los días son el mismo día. Esto es lo que entiende Colm, que decide de un día para el otro cortar el vínculo de amistad con Pádraic, por sentir que sus diálogos son aburridos, banales y que no le da nada a cambio su intercambio. “No quiero ser más tu amigo”, expresa este hombre con crudeza y realismo. Pero Pádraic no logra entender este cambio y hará hasta lo imposible por recuperar la relación con Colm. Porque todo puede tolerase en este poblado, menos la soledad. 

“Los espíritus de la isla” recorre con mucho humor y picardía la relación entre estos dos hombres. Mientras Colm es sombrío, intenso y lucha con sus propios fantasmas, su (ex) amigo es lo opuesto. Así Pádraic, en palabras del mismo Farrell, es “un tipo bueno, simple, al que no le preocupan demasiadas cosas. Mientras los animales estén alimentados, y él tenga algunos centavos en el bolsillo para poder tomarse unas cervezas y conversar con su amigo Colm todos los días, está contento. Mientras todo eso suceda, la vida para él es sencillamente estupenda”.

La ingenuidad de este muchacho genera un gran contraste con Colm, un hombre muy respetado dentro del pueblo que encuentra su refugio en la música en un momento que siente en carne propia la finutud del ser humano.

Pero más allá de esta contienda de búsqueda de atención y amor por parte de Pádraic hacia Colm, el filme recorre algunos otros personajes que son dignos de reflexionar. 

“Los espíritus de la isla” recorre los misterios más arraigados al existir: qué es la vida y por qué estamos donde estamos y también cómo nos percibimos, qué ven los otros de nosotros mismos. Es un viaje poderoso en el tiempo, en una era sin redes sociales, ni comunicaciones inmediatas y delirios de consumismo. Lleva a un mundo simple donde aquejan al ser humano las mismas inquietudes que en el estallido de esta era.

Un relato de lo que fue y de lo que pudo haber sido. Un poema plasmado en fotogramas que se suceden uno tras otro para conectar con lo más básico: vivir la vida como cada uno lo desea. Y también una especie de fábula donde la moraleja la debe encontrar cada uno en su corazón.l