Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 27 de septiembre de 2022
  • Actualizado 19:47

Erick Saavedra, el líder de Toyosa que conecta Bolivia con Japón

A los 12 años trabajó como mecánico, lo que le permitió conocer cómo funciona un motor desde adentro. Se interiorizó con la cultura japonesa antes de integrarse a Toyosa e incluso fue Embajador en el país asiático. 

Erick Saavedra,   el líder de Toyosa que conecta Bolivia con Japón. CORTESÍA TOYOSA
Erick Saavedra, el líder de Toyosa que conecta Bolivia con Japón. CORTESÍA TOYOSA
Erick Saavedra, el líder de Toyosa que conecta Bolivia con Japón

Cuando tenía 12 años, su papá lo castigo y lo envío a trabajar como mecánico en el negocio familiar. Lejos de convertirse en un pesar, fue una experiencia que le permitió abrir su mente y conocer a fondo cómo funciona un vehículo lo que, años des-pués, le serviría para liderar una de las empresas más grandes de Bolivia: Toyosa. Erick Saavedra Mendizábal es el actual CEO de la marca japonesa, un puesto al que llegó luego de conocer a fondo la cultura del país asiático y capacitarse a nivel internacional. 

Innovar en cuestión tecnológica y empresarial es una de las metas que Saavedra se trazó desde que asumió el cargo, aunque ya tenía la idea y la responsabilidad de continuar el legado de su padre, Edwin Saavedra, quien fundó Toyosa hace 40 años. Actualmente, tienen la exclusividad en la venta de vehículos de Toyota. 

Erick creció en medio del mundo automotriz y vio la evolución de su empresa, desde sus cimientos hasta la consolidación como una de las más importantes. Recuerda cuando comenzó a trabajar como mecánico, a los 12 años, como una forma de castigo que le impuso su padre luego de obtener malas calificaciones en el colegio. “Yo iba en micro y trabajaba como mecánico. Eso me ayudó mucho a entender los motores, los carburadores, la ciencia detrás de un motor”, describe Saavedra. “Me castigó porque yo había sacado malas notas en el colegio. Ahí empecé a trabajar como cualquier otra persona y a     tener más responsabilidad. Aprendí a ver un motor y todo lo que conllevaba la mecánica de un vehículo y cuántas piezas tenía”, añade sobre de la experiencia en la que permaneció alrededor de cuatro meses. 

Durante su juventud, cada vacación trabajaba en la empresa en diferentes áreas, aunque la que más le gustaba era ventas. Asimismo, tuvo la oportunidad de viajar varias veces con su padre hasta Japón, lo que lo fue acercando poco a poco a esa cultura y a la tecnología del país asiático.

El siguiente paso fue formarse académicamente para enfrentar el desafío que le esperaba. Estudió en Suffolk University, en Boston, Estados Unidos. Cuando terminó la carrera, consiguió una pasantía, también en Boston, en la que se especializó en Marketing y aprendió el concepto americano de negocios. 

Una vez que se graduó, su camino en Bolivia lo esperaba. Sin embargo, para poder ocupar cargos ejecutivos en la compañía de Toyosa primero tenía que ir a Japón, una condicionante para entender a cabalidad el negocio del que sería parte. 

Con 22 años, migró al territorio oriental y permaneció allí durante seis meses. Entre las cosas que le sorprendieron fue conocer cómo se  fabrica un vehículo cada 30 segundos en la planta japonesa. “Ellos tienen una cultura de largo plazo, ves cómo es su forma de vivir, de trabajar. Para mí no fue traumático, fue una gran experiencia. Ahí comencé a entender que ellos tienen una planificación muy estructurada”, cuenta. 

Su estadía fue destacada por los mismos miembros de Toyota, tanto así que le ofrecieron quedarse en Japón, pero Erick rechazó la oferta para ayudar a su padre con la empresa familiar. 

Inicialmente, se encargaba del área de marketing en la empresa, pero, gracias a su buen desempeño en Japón fue fortaleciendo las relaciones internacionales de Toyosa en otros países. Luego, pasó a ser gerente comercial y, tan solo dos años después, asumió la gerencia general. 

“El desafío es que tienes que separar tu relación familiar de tu relación    laboral. Creo que la clave ha sido marcar los objetivos y eso te da, con el tiempo, experiencia, madurez, tacto. De hecho, esa sigue siendo la parte más desafiante. Lo que tenemos en la empresa es que somos apasionados por lo que hacemos y esa pasión la transmitimos en objetivos en común. La pelea es saber cómo encarar ese trabajo de la forma más científica posible”, afirma.

El éxito de Toyosa en la actualidad se traduce, también, en el trabajo arduo de Erick y su familia. “Teníamos en su momento alrededor de 80 empleados, en los años 90, y hoy tenemos como 600 empleados y generamos unos 1.500 empleos indirectos”, comenta. 

Durante todos estos años al mando de la compañía, su mayor desafío fue mejorar la capacidad productiva, la tecnología y adaptarse a los cambios de la vida global.   

REPRESENTANTE EN JAPÓN 

Una de las experiencias que lo ayudó a consolidar su lazo con Japón fue ser Embajador de Bolivia en el país asiático. 

La oportunidad surgió de forma imprevista. El Gobierno necesitaba ayuda para encarar un proyecto con Japón por 600 millones de dólares, que consistía en la generación de  energía renovable. La experiencia que Erick tenía previamente lo convirtió en un buen vínculo entre ambos países. 

Así, raíz de una invitación del entonces canciller David Choquehuanca, se convirtió en el nuevo Embajador de Bolivia en Japón, puesto en el que permaneció durante un año y ocho meses. Reconoce que no sabía nada de diplomacia, pero que enfocó su trabajo en el área empresarial. “Pudimos subir mucho el turismo de los japoneses. Pudimos aumentar a 40.000 turistas por mes y cada uno le dejaba al país entre 10.000 y 15.000 dólares”, destaca. 

Esta oportunidad lo hizo crecer a nivel profesional y fue tan grato que no descarta volver a asumir el puesto en un futuro. “Fue una maestría en todo lo que es geopolítica, diplomacia exterior. Con quien yo trabajaba mucho en ese entonces, hoy es Primer Ministro de Japón. Entonces, tengo mucha relación con Japón. Me encantaría volver, pero de aquí a un tiempo. Hoy estoy muy enfocado en consolidar más esta empresa y trabajar más por la siguiente generación. Quizás cuando me quiera jubilar sea una opción”, confiesa. 

ORÍGENES QHOCHALAS Y SUS NUEVOS RETOS

Erick y su familia son oriundos de Cochabamba. Estudió en el colegio Don Bosco, pero luego pasó al Calvert, en La Paz. Allí tuvo un cambio cultural que le permitió aprender más de la ciudad altiplánica. Sin embargo, pese a que ahora radica en Santa Cruz, no olvida su vínculo con la Llajta. “Nuestras raíces son de Cochabamba. Nuestra familia, tradiciones, costumbres. Cada que podemos, vamos. Cochabamba tiene un lugar muy especial en nuestra cultura”, afirma. 

Saavedra, de 44 años, está casado con Jimena Rico Toro, hace casi dos décadas, y tienen tres hijos: Sofía, de 14 años, Erick, de 10, y Franco, de 7. “Ellos todavía están viendo si quieren ser empresarios o algo más. Es una familia muy vinculada a Cochabamba, ahora estamos viviendo en Santa Cruz, pero nuestras costumbres son de Cochabamba”, resalta. 

Saavedra tiene cuatro hermanos, uno de     ellos es su mellizo, Edwin, con quien compartió gran parte de su formación profesional. 

Encarar una empresa tan grande como Toyosa requiere ser metódico y organizado, al menos así lo describe Erick, quien comienza su día a las 05:00 para hacer ejercicio, llevar al colegio a sus hijos —un tiempo que aprovecha para estar con ellos —, compartir un café con su esposa o sus amigos y luego trabajar en su oficina. Entre sus actividades favoritas está practicar golf, tiro y boxeo. 

Actualmente, está enfocando en su trabajo como empresario, aunque no descarta asumir la labor diplomática más adelante. Le gusta innovar en las tendencias digitales y está evaluando la incursión en negocios incubadora para diversificar un poco la empresa. “Como grupo y familia estamos queriendo invertir en todo lo que es hidrógeno para la siguiente generación de vehículos”, comenta.  

Con el objetivo claro, como hace casi 20 años cuando asumió el puesto de CEO de Toyosa, Erick vislumbra el futuro empresarial de cara a los cambios que trajo consigo la pandemia y a la expansión tecnológica en Bolivia. Su unión con Japón es casi indisoluble. Y el apoyo de su familia, tanto a nivel profesional como personal, es parte fundamental de su crecimiento. 

“Mis padres son un apoyo, mi esposa es el cimiento y calor de mi hogar y mis hijos son mi motivación. Tengo un par de mentores de cada área. Creo que lo más fuerte que tengo es la red de contactos que me permite tener llegada con mucha gente y cuando hay algo que me inquieta puedo hablar con el mejor del área y tener una visión objetiva”, concluye Saavedra.