Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 04 de agosto de 2021
  • Actualizado 05:07

LECTURAS SUTILES

Enfermos de egoísmo

Enfermos de egoísmo

Estamos viviendo “tiempos líquidos”, esos en los que el egoísmo le gana la pulseada al amor.

Sigmund Freud en el texto “Introducción al Narcisismo” plantea que una dosis de narcisismo es necesaria para preservarse, pero que un exceso del mismo nos lleva a enfermar.

Todos cansados y aturdidos, nos vamos alejando de los demás, ya no nos importan tanto. La prisa y lo urgente le quita valor a lo importante.

Es frecuente escuchar a los sujetos, jóvenes y adultos, expresarse en una forma muy infantil refiriéndose a quiero o no quiero tal o cual cosa, por ejemplo: “Quiero divertirme…, no quiero que me digan cómo cuidarme”. En estas frases se pone en juego una rebeldía, un enojo acumulado, similar al que describe Freud en el “Complejo de Edipo”, cuando sostiene que el niño rechaza todo aquello que se presenta como un obstáculo a su satisfacción.

Así gobernados por un quiero muy poco inclusivo y egoísta, nos manejamos, poniendo en riesgo tanto nuestra vida como la de los demás, diluyendo el compromiso con el otro.

Los cuidados pasan a ser obsesiones y se desvaloriza y minimiza toda posibilidad de peligro. “Nadie me va a decir lo que tengo que hacer, si me quiero enfermar, me enfermo”. “A mí no me va a pasar nada”, empoderados con la negación como defensa, se lleva adelante un estilo de vida intentando escapar a una cruel realidad mundial que nos acecha, la pandemia del coronavirus. 

El sujeto impregnado de narcisismo, se siente poderoso y hasta inmortal, pero la realidad de la que se intenta huir nos la topamos de frente,  aunque insistamos en no querer reconocerla o en subestimarla.

La vida en sociedad es una trama, por eso se habla de trama social. Todos estamos relacionados y, por lo tanto, cada acto de un sujeto tiene consecuencias en los otros. 

Cegados por un egoísmo caprichoso y obstinado, recurrimos a un sin número de justificaciones para eludir la responsabilidad, sin cuestionarnos absolutamente nada, como si estuviéramos hipnotizados.

¿Todos encontramos un motivo para escaparnos, pero de qué escapamos? Y por otro lado, ¿qué ponemos en juego?

En tiempos de cambio, tiempos de huida, los sujetos se refugian de la incertidumbre del malestar mediante la negación. Devaluamos los alcances  del virus y tomados por una actitud soberbia y omnipotente, nos entregamos a un enemigo invisible y desbastador.

La descalificación del otro es la actitud más frecuente, devaluar la palabra sostenida mediante expresiones tales como: “Nadie sabe nada…” y refugiándose en errores cometidos por los demás, avanzan en lo inconveniente sin ningún reparo.

La equivocación de los otros es liberador, como si se tratara de una horda descontrolada e impulsada por lo mortífero. La pandemia nos propone un desafío, que implica cuidarnos para cuidar, pero cómo hacerlo si negamos la magnitud del problema, cómo intentarlo si no reconocemos las dificultades en las que nos encontramos.

La incertidumbre nos angustia, nos deja muy vulnerables, desprotegidos, y ante este horror a veces se pretende escapar exponiéndose a ser investido.

El sujeto, intentando huir, construye su propia celda. Prisionero de sus impulsos se deja arrastrar por una oleada de destrucción. 

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), responsable de la columna, al correo 

[email protected] o   al     teléfono/WhatsApp +591  62620609. 

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Claudia Sandra Palau Psicóloga Magister en Psicoanálisis Miembro de la SASH  [email protected] Buenos Aires-Argentina