Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 24 de mayo de 2024
  • Actualizado 11:42

Ecorrecolectoras madrugan por una segunda oportunidad para el planeta

Este reportaje fue ganador de una de las tres ‘Becas ColaborAcción de investigación periodística sobre reciclaje inclusivo 2023’ otorgadas por la Fundación Gabo, en alianza con Latitud R.

Ecorrecolectoras trabajan en el punto verde de la avenida Humboldt, en Cochabamba. /  NOÉ PORTUGAL
Ecorrecolectoras trabajan en el punto verde de la avenida Humboldt, en Cochabamba. / NOÉ PORTUGAL
Ecorrecolectoras madrugan por una segunda oportunidad para el planeta

Aunque su rutina empieza antes de la salida del sol, a las 5:00, mujeres como Ruth, María, Elizabeth, Martha y Benedicta aseguran sentirse orgullosas de ver el amanecer mientras trabajan. Realizan sus labores de reciclaje en los distintos puntos verdes de Cochabamba, separando cartón, vidrio, aluminio y otros residuos aprovechables. Estas mujeres buscan transformar su oficio a través de la tecnología, dando un valor agregado a estos productos y mejorando su economía.

Es un proyecto tecnológico que busca dar valor agregado al reciclaje en Cochabamba y promete cambiar la vida de más de 200 mujeres ecorrecolectoras que, más allá de sustentar a sus familias, presentan una alternativa económica efectiva para transformar la manera en la que el departamento y Bolivia gestionan sus residuos. Las vivencias de cada una de ellas están repletas de pequeñas luchas y victorias que colman sus días ajetreados de satisfacción y orgullo.

Ha sido un largo camino recorrido, desde que su labor se reducía a juntar ciertas cantidades de papel, cartón, vidrio y aluminio para venderlas a los centros de acopio. En los últimos años, la tecnología ha cambiado su manera de trabajar y ahora les promete mejorar su independencia económica.

Ruth Velásquez se muestra algo nerviosa, aunque decidida para avanzar y cambiar la manera en la que sustenta a su familia desde hace bastante tiempo. Habla de los frutos de más de un año de trabajo para generar un proyecto que les permitirá transformar latas de refrescos y cervezas en utensilios de cocina; botellas de vidrio en vasos y floreros; botellas PET (tereftalato de polietileno) en tiras de plástico para impresoras 3D; y residuos orgánicos en compost y biol (abono orgánico generado a partir de restos orgánicos).

Este proyecto es apoyado por la Dirección de Investigación Científica y Tecnológica de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) y programas como el Centro de Investigación en Tecnología Aplicada (CITA) y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, que fijaron la mirada en grupos poblacionales que potencialmente pueden fortalecer su economía con el apoyo tecnológico necesario. El plan de trabajo, que ya se encuentra en su segunda etapa, consiste en la fabricación de maquinaria de fácil utilización para acelerar el aprovechamiento de residuos reciclables, además de dar un valor agregado a los mismos para que puedan venderse en el mercado ya convertidos en otros elementos.

Por ejemplo, las máquinas para triturar botellas PET, al principio, funcionaban manualmente. Gracias a las mejoras actuales ya cuentan con un motor para automatizar el proceso y convertir el plástico en tiras para utilizar en impresoras 3D.

Es necesario aclarar que no son los investigadores y universitarios quienes están al frente del proyecto; por el contrario, son las ecorrecolectoras quienes aprenden a operar las máquinas. Además, ellas mismas aprendieron a elaborar planes de negocios y presupuestos para emprender.

Marcelino Choque, ecorecolector de Sacaba. / LUIS RODRÍGUEZ
Marcelino Choque, ecorecolector de Sacaba. / LUIS RODRÍGUEZ

COCHABAMBA 

Aunque Ruth ya es toda una experta al hablar del tema, no siempre tuvo la sonrisa que muestra al saludar hoy en día. Hace más de 20 años, el mundo del reciclaje fue su salida a un sinfín de deudas que ahogaban a su familia, sus cinco hijos y su esposo.

Su mayor problema, en ese entonces, era el cuidado de sus hijos pequeños, porque no podía solicitar empleo ya que no la aceptaban con niños.

“Al principio era difícil porque no tenía experiencia, luego unas amigas me enseñaron qué material se podía reciclar y cuál no. Al inicio éramos solo 12 y ya cuando instalaron contenedores de basura en la ciudad nos organizamos en grupos. Con eso he podido sostener a mi familia y hacer estudiar a mis hijos”, recuerda Ruth, que hoy es dirigente de las más de 185 familias de ecorrecolectoras del municipio de Cochabamba.

Velásquez menciona la inseguridad y la discriminación como parte de los problemas diarios que las ecorrecolectoras enfrentan en su trabajo. Pues al cubrir los turnos extensos hasta la madrugada, estas mujeres se exponen a lo que muchos llaman “los peligros de la noche”. Además de los antisociales que rondan la ciudad, están los inhaladores de clefa (personas que inhalan pegamento) o gente en estado de ebriedad, agresivos, y que incluso les quitan el material acopiado.

También están obligadas a enfrentar a las personas que les entregan los residuos lanzándolos o desparramándolos en el suelo de forma grosera, alegando que “es su obligación”, o tildándolas de “cochinas”.

Pese a ello, Ruth, de 45 años, destaca los proyectos que emprenden ahora como un logro tras décadas de esfuerzo.

Estas mujeres se convirtieron en una familia, con apoyo, respeto y solidaridad dentro de su pequeña comunidad. “De ahí en adelante fue una lucha diferente porque ya no velaba solo por mí, sino también por mi familia, las ecorrecolectoras. Éramos tantas mujeres que no sabíamos cómo generar más recursos. La necesidad de muchas compañeras también me ha impulsado a liderar y seguir hasta hoy, porque eso nos importa, ser autosostenibles”, afirma.

María Huanca, que suele compartir turnos de trabajo con Ruth, tuvo un inicio similar en el rubro. En medio de cinco hijos con necesidades de crianza y la deuda del alquiler que llegaba mes a mes, empezó con el reciclaje hace 20 años.

“Mi mamá ya reciclaba y me dijo que fuese a trabajar para sacar al menos algo de dinero, porque hasta el alquiler ya me vencía. Salía con carrito por los contenedores verdes, todo el día caminaba y me iba a vender a un centro de acopio”, recuerda.

Hoy, la recolección y reciclaje es un rubro al cual incluso su esposo se sumó, y sus hijos se enorgullecen por sus logros.

Aunque en 20 años las condiciones de trabajo mejoraron en cierta medida y cada vez más personas tienen educación ambiental, María pide mayor atención de las autoridades para el reconocimiento de sus labores.

Ecorrecolectores de Quillacollo separan residuos en el basurero del Mercado Central. /  LUIS RODRÍGUEZ
Ecorrecolectores de Quillacollo separan residuos en el basurero del Mercado Central. / LUIS RODRÍGUEZ

SACABA 

En el municipio de Sacaba, el segundo más poblado a nivel departamental, viven del reciclaje Benedicta Espinoza y Marcelino Choque, madre e hijo de 75 y 43 años, respectivamente.

Marcelino es padre soltero y sostiene a su familia con este oficio desde hace 25 años. Solía ser mecánico automotriz e incluso tenía su propio taller. Sin embargo, al emprender una crianza sin el apoyo de una pareja no podía pasar el tiempo suficiente con sus cuatro hijos, por lo que decidió dejar los motores.

Aunque el grupo de ecorrecolectores de Sacaba es uno de los más jóvenes, las 20 familias que lo conforman se van organizando de a poco. Desde hace cinco años, acopian los residuos sólidos en un lote que Marcelino alquila en la zona de Lava Lava y luego venden el plástico, vidrio y cartón en mayores cantidades a las empresas.

No puede contener las lágrimas cuando recuerda lo difícil que fue ejercer esta labor al principio, pues para incrementar sus ganancias solía separar residuos incluso en el municipio de Cochabamba, a 45 minutos de su hogar.

Pese a las dificultades, Choque guarda muchas esperanzas para que este rubro pueda crecer en Sacaba. Para ello, pide mayor atención de las autoridades y la mejora en la educación de las personas para que separen sus residuos antes de sacarlos de sus casas.

Su madre, Benedicta Espinoza, ejerce esta labor desde hace 40 años. Ella solo habla quechua y es reservada para expresarse.

Al principio, los ecorrecolectores debían recorrer las calles en busca de papel, plástico o aluminio en desuso. Y, en muchas ocasiones, este “peregrinaje” no rendía los frutos esperados y esto se traducía en la ausencia de dinero para comprar alimentos diarios.

Benedicta era parte de la generación de trabajadores que muchas veces sufrió discriminación por parte de vecinos que la cuestionaban preguntándo “¿por qué no va a trabajar?”.

“Recojo y así poco a poco me junto. Luego vendo y con eso estoy viviendo. A veces nos va bien, a veces no tanto”, cuenta sobre su rutina diaria que suele comenzar entre las 5:00 y 6:00.

Presentación de una de las composteras para la generación de abono a partir de residuos orgánicos. / NOÉ PORTUGAL
Presentación de una de las composteras para la generación de abono a partir de residuos orgánicos. / NOÉ PORTUGAL

QUILLACOLLO 

En Quillacollo, el tercer municipio más poblado a nivel departamental, 46 familias se dedican a la ecorrecolección de residuos.

Elizabeth Espinoza, de 30 años, noche a noche recorre todo el centro de dicho municipio en busca de cartón, papel y plástico para vender.

La rutina en este sector es distinta y la recolección de residuos se debe hacer caminando por las calles toda la noche, ya que Quillacollo no cuenta con contenedores de basura en vías. Por ello, las tiendas y comercios dejan grandes cantidades de residuos tirados en las esquinas de cada cuadra, en bolsas o desparramada.

Elizabeth lleva 10 años como ecorrecolectora. “Mis papás no podían solventar mis estudios, por eso busqué un trabajo para sostenerme. Al principio, iba a buscar por las carreteras, después íbamos a los colegios, ahí he aprendido a separar y luego ya entré a la ciudad de Quillacollo. Para entonces ya estaba embarazada de mi primera hijita, no tenía el apoyo económico de su papá y tuve que criarla yo sola”, detalla.

El trabajo en este municipio también se realiza casi todo el día, pues seleccionan lo recolectado en el día, a tiempo de dedicarse a los trabajos de cuidado con sus hijos, padres y parejas. Posteriormente, el recorrido por la ciudad empieza a las 19:00, cuando la basura se empieza a acumular en las calles. Trabajan hasta la madrugada.

Espinoza lamenta que uno de los mayores problemas que enfrentan, al igual que en el municipio de Cochabamba, es la inseguridad, especialmente en la madrugada, cuando no hay guardias ni policías para ayudar.

Elizabeth es compañera de Martha Maldonado, de 40 años, que encontró en el reciclaje un sostén económico para ella y sus pequeños hijos desde el inicio de las cuarentenas rígidas por la pandemia del COVID-19.

“Mi rutina en la casa es escoger porque aquí agarramos los gangochos y llevamos a la casa. Aquí no se puede escoger, lo hago en casa con mis hijos, de eso me gano la platita. Soy mamá sola, tengo dos hijos mayores y cuatro pequeños”, relata.

Martina Larico, de 44 años, separa los residuos cerca de la terminal de buses de Quillacollo, un punto de alto tráfico de viajeros y conductores de buses y camiones.

Ella tuvo que migrar a Quillacollo desde el municipio de Tapacarí hace 10 años junto con sus tres hijos. Solía trabajar en una fábrica de mangueras, pero fue despedida debido a la cuarentena rígida. Solo habla quechua.

“No tengo problemas, pero puedo decir a la población que traigan separaditas las cosas, que no lo mezclen; a veces hasta con heces de perros traen, le ruego a la población que traigan separado”, pide a los quillacolleños.

Benedicta Espinoza es ecorrecolectora desde hace 40 años, en Sacaba. / LUIS RODRÍGUEZ
Benedicta Espinoza es ecorrecolectora desde hace 40 años, en Sacaba. / LUIS RODRÍGUEZ

CIFRAS Y DATOS 

Al menos, el 80% de las ecorrecolectoras son mujeres, muchas de ellas jefas de familias que hallaron en este oficio un alivio económico Combinan este trabajo con las labores de cuidado del hogar, dedicándose a sus hijos, padres, hermanos y parejas.

En los tres municipios, Cochabamba, Quillacollo y Sacaba, suman más de 250 familias de ecorrecolectoras. Aunque su trabajo es significativo y muy importante para el cuidado del medioambiente, se recicla solo lo que la ciudad genera en un día. Sin embargo, la interpretación de estos datos es que existe mucho espacio para otras personas que deseen dedicarse al reciclaje y que la automatización en el tratamiento de los residuos podría acelerar sus labores e incrementar la cantidad mensual de ingresos.

En el municipio de Cochabamba, cada habitante produce un promedio de 0.52 kilogramos de basura por día, lo que da una cifra total de 500 toneladas (500 mil kilogramos) de residuos cada jornada, según datos proporcionados por el ingeniero ambiental técnico del Departamento de Gestión de Residuos Sólidos y Líquidos de la Alcaldía de Cochabamba, Daniel Terceros, quien relaciona la producción de desechos con la cantidad estimada de habitantes en el municipio de Cochabamba en la actualidad, más de 600 mil.

Según registros de las ecorrecolectoras de Cochabamba, la cantidad de papel, cartón, plástico y aluminio que logran seleccionar cada mes es de alrededor de 500 toneladas entre las 185 familias; es decir, un día del total de residuos producidos por el municipio.

Terceros resalta que el trabajo de este grupo de mujeres es muy importante por la gran significancia que podría tener a futuro. El municipio de Cochabamba se limita a trasladar toda la basura al relleno sanitario de K’ara K’ara, mismo que se ha convertido en una molestia para la ciudad y población que vive en sus alrededores, sin mencionar los peligros para la salud.

Con la esperanza de que este trabajo es el futuro del reciclaje en la ciudad, la Alcaldía de Cochabamba entregó credenciales individuales de autorización para ejercer sus labores a cada ecorrecolectora. No es posible certificarlas como asociación porque aún no cuentan con personería jurídica, aunque Ruth Velásquez anuncia que este trámite está en proceso. Este documento les permitirá tener más beneficios, ser reconocidas como trabajadoras en su rubro y, además, poder ser beneficiarias de fondos y donaciones de ONG y autoridades.

Por otro lado, el encargado de Residuos Sólidos de la Alcaldía de Sacaba, Grover Hinojosa, indica que este municipio produce cerca de 120 toneladas de basura por día y, aunque las ecorrecolectoras de este sector no llevan un registro total, estiman que cada mes separan cerca de 100 toneladas de residuos reciclables.

En Quillacollo, el director de EMAQ (Empresa Municipal de Aseo Quillacollo), Boris Herrera, indica que este municipio produce entre 170 y 200 toneladas de basura al día. Las ecorrecolectoras suman una cantidad similar de reciclaje en todo un mes.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2020, en las principales 10 ciudades de Bolivia, se recolectaron un total de 1.620.982 toneladas de residuos sólidos, incluyendo los domiciliarios, de áreas públicas, mercados, establecimientos de salud, industrias y mataderos.

El Ministerio de Medioambiente y Agua (MMAyA) indica que en 2016 Bolivia generaba aproximadamente dos millones de toneladas de residuos sólidos al año, 5.400 toneladas al día. De esta cifra, más del 70% provenía solo de las 10 ciudades de mayor tamaño. Esto es un 20% más que en 2010.

Del total de residuos sólidos que se generan anualmente en Bolivia (1.7 millones de toneladas), 55.2% son residuos orgánicos, 22.1% son desechos reciclables (papel, plástico, vidrios, metales) y el restante 22.7% es basura no reciclable. Es por ello que, según la fundación de cooperación internacional Swisscontact, se podría aprovechar un 80% de los residuos, tanto en reciclaje como para producir compost o energía. Actualmente, solo se recicla el 4% de las 7.000 toneladas de basura diarias que produce Bolivia.  Del total nacional diario, el 87% se genera en las áreas urbanas y el resto, el 13%, en el área rural.

En los tres municipios, que forman parte del eje metropolitano del departamento de Cochabamba, ningún grupo de ecorrecolectoras tiene relación laboral con las alcaldías. Las municipalidades cuentan con empresas contratadas para el barrido de calles, recojo de basura y traslado a los distintos rellenos sanitarios con los que cuentan. Las compañías no están obligadas a realizar actividades de separado de basura ni reciclado; por ello, estas trabajadoras realizan esta labor de forma independiente.

Empresas como Pepelbol y Cartonbol compran el papel y cartón reciclados. El plástico suele ser adquirido por compañías que, en su mayoría, trituran este material y lo exportan compactado a países como Perú y Chile. El vidrio solía ser vendido a Vidriolux, aunque en los últimos meses esta actividad económica fue suspendida.

Se estima que actualmente existen más de 25.000 recicladores a nivel nacional, aunque en distintas modalidades como ‘puerta a puerta’, con carros y centros de acopio, entre otros.

El trabajo de las ecorrecolectoras es tan antiguo como la existencia de los rellenos sanitarios en todos los municipios (creados desde finales de los 80 del pasado siglo), puntos que se han convertido en una “bomba de tiempo” y una amenaza constante para el medioambiente.

Hoy, las labores que estas mujeres realizan es la respuesta al futuro, mostrando un movimiento económico autosostenible forjado en base al reciclaje. Un futuro que, además, preservaría el medioambiente y el entorno cochabambino, prometiendo salud y bienestar para quienes formen parte de él. Madrugando y reciclando en turnos de más de 12 horas, estas mujeres tienen una respuesta para una segunda oportunidad para el planeta. l