Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 01 de febrero de 2023
  • Actualizado 15:24

Depresión y frustración, trastornos que persiguen a la niñez por la pandemia

A dos años del ingreso de la COVID-19 a Bolivia, los efectos en la salud emocional de niños y niñas comienzan a manifestarse en algunos colegios. Los principales problemas, detectados por maestros y especialistas en el tema, son depresión, frustración e irritabilidad. Hasta el momento, las autoridades no asumieron medidas para responder a estas afecciones.
Varios niños y niñas presentan cuadros de depresión y angustia luego de la cuarentena.       ROCÍO CONDORI
Varios niños y niñas presentan cuadros de depresión y angustia luego de la cuarentena. ROCÍO CONDORI
Depresión y frustración, trastornos que persiguen a la niñez por la pandemia

Lorena (nombre cambiado) tiene nueve años y aún se pregunta por qué murió su padre. A su corta edad tuvo que vivir días de angustia que todavía pesan en su     corazón y mente. Toda su familia enfermó con coronavirus, incluida ella. Hicieron de todo para salvarse, pero su papá no resistió.

Vivir este drama la afectó emocionalmente y la familia trata de sobrellevar la pérdida. Lorena asistió a terapia para que pueda sacar el dolor que lleva en su corazón, pero su proceso es lento.

“En principio enfermó mi mamá. Pensé que toda mi familia iba a morir, que me quedaría sola. Tampoco sabía si iba a volver a estudiar. No sé por qué murió papá. Él no quería tomar algunos remedios y luego necesitó oxígeno; un día lo visité en el hospital y al día siguiente vinieron mis familiares y murió”, recuerda con melancolía la pequeña que estudia en una unidad educativa de la ciudad de El Alto.

Los maestros y padres de familia de esa escuela, durante la cuarentena, que restringía las clases presenciales, decidieron volver abrir las aulas del establecimiento para las niñas y niños que no tenían acceso a internet ni equipos en sus casas.

“Había estudiantes, casi en un 50%, que no podían pasar clases virtuales. Viendo la realidad de cada estudiante se optó por la modalidad semipresencial, porque necesitábamos salvar la educación de esos niños”, comenta la directora    Mariluz Condori.

Yene Apaza, profesora del nivel inicial de la unidad, recuerda que visitó las casas de sus alumnos imposibilitados de pasar clases virtuales y que vio la dura realidad que vivían.

“Si hablamos cómo la pandemia afectó la parte sociocultural y emocional de los niños podemos decir que los efectos han sido graves, pues a su corta edad han tenido que ver la agonía de sus padres enfermos con COVID-19. Conocí el caso de una niña atormentada porque su madre decía que iba a morir y la pequeña estaba      desesperada”, relata.

Apaza considera que los daños serían mayores si su escuela no hubiera aplicado clases semipresenciales y ella y otras maestras no habrían visitado a sus estudiantes en sus viviendas, pese a que algunas eran lejanas y tuvieron que movilizarse a pie por falta de transporte público.

La Defensoría del Pueblo reveló que en 2021 más de 1.659 niños y niñas que quedaron en la orfandad a causa de muertes provocadas por la pandemia.

EXPUESTOS A LA VIOLENCIA EN CASA 

La violencia ejercida por sus padres, en algunos casos, durante el encierro por la cuarentena, también trajo consecuencias emocionales para los niños y niñas. 

En una escuela de la zona Villa Esperanza, Distrito 5 de El Alto, los maestros observaron durante las clases virtuales cómo sus alumnos eran tratados con insultos, presionados o golpeados si no lograban comprender lo que la maestra enseñaba. “‘A mí me educaron con golpes’, justificaba un padre en el aula virtual, cuyo hijo ahora tiembla si se le llama la atención, ya no ríe ni juega, porque su padre le provocó un trauma”, cuenta la profesora.

Otro caso es el de una niña de seis años, quien quedó en la orfandad y está a cargo de sus abuelos. Al estar ausente de las clases virtuales por dos años, no aprendió a leer ni a escribir, algo que su abuelo quiso corregir a golpes.

“Ahora que volvimos a las clases presenciales, noté a la niña triste, tampoco tiene ganas de jugar y siempre está asustada. Lo mismo pasa con otro estudiante, era uno de los destacados, pero ahora está frustrado y deprimido”, detalla Julia Gómez, una profesora de primaria de una escuela de la urbe alteña.

Estos casos se denunciaron en su momento y puestos en conocimiento de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia de El Alto, pero poco o nada se pudo hacer por los funcionarios ediles, reclama la profesora.

Gómez no quiso mencionar el nombre de la unidad educativa porque aún se realiza la valoración de los estudiantes. Sin embargo, dijo que se trabaja con estos tres estudiantes, a quienes se está tratando de ayudar para que puedan subsanar el trauma que sufrieron mientras estuvieron aislados en sus casas.

En Bolivia, los casos de violencia contra la mujer y la niñez se incrementaron. Datos registrados por Unicef, con base en fuentes oficiales, dan cuanta que en 2020 hubo más de 1.800, la mayoría corresponden al delito de violencia familiar, casi 100 a casos de violación de niños, niñas o adolescentes. Además, se registraron 24 infanticidios.

En 2021, se reportaron 119 casos diarios de violencia hacia las mujeres y niñas, según Plan International Bolivia.

La presidenta del Colegio Departamental de Psicólogos de La Paz y de Bolivia, Verónica Alfaro, confirma los efectos que sufren las niñas, niños y adolescentes pospandemia por la violencia intrafamiliar y por otros factores.Por ello, esta institución, a petición de los padres y maestros, trabaja en un proyecto de asistencia en El Alto, debido a la presencia de cuadros de depresión, frustración e irritabilidad  ligados a problemas de conductas, sobre todo en los preadolescentes. 

“La violencia era integral y sistémica. No solo la madre ha sido golpeada, también los niños y niñas. Entonces, era evidente que los efectos se iban a presentar tarde o temprano y por eso pedimos en su momento a las autoridades municipales, departamentales y nacionales, que se preocupen por la salud emocional de niños y niñas, disponiendo con el servicio de un psicólogo educativo, pero no ha sido posible”, lamenta.

En el caso de los menores de edad que perdieron a uno a ambos padres a causa del virus, ahora viven momentos dolorosos, pues se quedaron sin un vínculo o apego emocional importante para su desarrollo. “Nadie se pregunta qué pasa con esos niños o niñas que ahora están en otros hogares. Qué pasa con ellos, cómo están asimilando su dolor, su falta de apego”, cuestiona Alfaro.

Durante la pandemia álgida, el Colegio de Psicólogos trabajó de manera conjunta con otras organizaciones para brindar asistencia gratuita a personas que estaban sufriendo un cuadro de depresión, ansiedad o aquellas que eran violentadas en sus casas.

La directora de la Niñez, Género y Atención Social del Gobierno Autónomo Municipal de El Alto, Elsa Choque, respondió que no conoce ningún caso de las secuelas que dejó la pandemia en la niñez alteña y revela que no existe un plan para prevenir los efectos que dejó la COVID-19 en esta población.

LA DEPRESIÓN, ANSIEDAD E IRRITABILIDAD, MÁS CERCA DE LA NIÑEZ

La psicóloga del Hospital del Niño de La Paz, Patricia Chávez, en su trabajo diario observó cuadros depresivos y ansiosos que presentan pacientes menores que fueron internados con COVID-19; muchos de ellos perdieron a al menos a uno de sus progenitores a causa del virus.

Otro de los hechos que debe alertar al Estado es el incremento de consultas sobre problemas de conducta, que pueden estar asociadas al encierro o a la violencia que vivieron durante la cuarentena. Por ejemplo, Chávez subraya que hay niños menores de ocho años que manifiestan irritabilidad y baja tolerancia a la frustración.

También existe niños y niñas mayores de 10 años que, además de las cefaleas tensionales producto del contacto frecuente con las pantallas del celular o computador, tienen problemas para relacionarse con sus padres o hermanos y sus compañeros.

Estos datos corresponden a pacientes del Hospital de Niño provenientes de diferentes municipios de La Paz, incluido El Alto.

“Es preciso hacer una investigación a profundidad sobre las consecuencias que dejó la pandemia en la infancia, tomando en cuenta casos específicos, porque pueden estar asociados a otros factores, pero de que existe un incremento de casos de problemas de conducta, los hay así como los cuadros de depresión que presentan los niños que perdieron a sus padres por la pandemia”, afirma Chávez.

El alto costo de la crisis sanitaria en la salud mental de la niñez también es observado en las consultas y atención que realiza la psicóloga Rosario Martínez. A su servicio privado llegaron pacientes menores de edad con cuadros de depresión, con crisis de ansiedad y trastornos obsesivos compulsivos, en especial los adolescentes. También advirtió que las y los niños asumen con naturalidad la violencia, por la experiencia vivida en sus hogares.

“Los efectos devastadores en la niñez y adolescencia son evidentes, pues han tenido que estar encerrados, sintiéndose un estorbo, o con culpa por llevar la enfermedad a sus casas, entonces la pandemia ha sido terrible para todos, pero en especial para los niños y adolescentes”, apunta la especialista.

El 11 de marzo de 2020 ingresó el primer caso de COVID-19 detectado a Bolivia. Las instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), Unicef, Unesco y otros alertaron sobre las consecuencias en la economía o la educación, en especial en la niñez, pero existen pocos informes que evidencien los daños emocionales y su alto costo que podría manifestarse en un futuro cercano.

¿QUÉ PASA SI NO SE ATIENDE A TIEMPO?

En lo que respecta a la ciudad de El Alto, advierte Alfaro, habrá mayor tasa de embarazos en adolescentes por la falta de apego, inseguridad emocional y violencia.

Los problemas de conducta asociados a la violencia y al mal ejemplo que dieron los padres durante el encierro, transgrediendo normas, o a la excesiva protección, se van a visibilizar en comportamientos antisociales, que incluso podrían llevar a la delincuencia. Este problema ya se observa en algunos adolescentes.

Considerando el panorama, y como se menciona en el informe “COVID-19, impacto de la pandemia y sus secuelas en la educación”,   realizado por Educo en Bolivia y otras regiones, los efectos tendrán un alto costo en el desarrollo humano, por lo tanto, en los países.

Por ello, los especialistas también alertan que podría registrase mayor número de suicidios en menores, como ocurrió en otros países, por lo que recomiendan actuar a tiempo y si alguna unidad educativa observa los cuadros mencionados puede pedir ayuda al Colegio de Psicólogos. l 

Este reportaje se publicó originalmente en la revista La Brava