Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 02 de julio de 2022
  • Actualizado 22:23

De niño a adulto

Juan Carlos  Azero Estívariz  Psicólogo Clínico
Juan Carlos Azero Estívariz Psicólogo Clínico
De niño a adulto

Existe un problema central en nuestra época, estamos en un momento histórico donde los sujetos están solos en el mundo y, al mismo tiempo, se les promete la juventud eterna y la felicidad alucinatoria e infinita. En la década de los 70 estos rasgos de época fueron señalados por el psicoanalista Jacques Lacan, de modo que la denominó como “la era del niño generalizado”. Una era en la que nadie se hace responsable de nada, donde todos pretenden ser niños y jóvenes por siempre, una era en la que nadie va a querer cuidar de otros y nadie va a sentirse culpable de nada.

Entonces, cada vez más los adultos rechazan la responsabilidad que otorga el mundo adulto, y ese rechazo tiene su origen en lo insoportable que supone para cada uno el poder sostener un deseo decidido frente al momento que les toca vivir. El deseo de cada hombre y mujer es una cuestión singular e íntima, y este nos plantea la pregunta de quiénes somos, algo que es muy difícil de responder, pero que si le damos un lugar, sirve de motor, dirección y orientación en el funcionamiento como seres adultos.

Pero la tendencia actual es rechazar esto y lo que importa es gozar por medio de los objetos de consumo y ser feliz como lo dictamina los imperativos del capitalismo. Es por ello que en la época hipermoderna que nos toca vivir existe un empuje constante a ser perpetuamente joven. Se escucha a algunos adultos decir: “Los 30 años son los nuevos 20, pero con dinero en los bolsillos” o “Soy alguien con 18 años cumplidos, pero con 17 de experiencia” (por no aceptar los 35 años). 

También se conocen esos casos donde hay adultos que no tienen idea cómo criar a sus hijos, lo cual implica colocar límites y transmitir la responsabilidad sobre los propios actos, entonces prefieren que sus padres se ocupen de ellos, ya que representan un problema con el cual no quieren lidiar. O bien hay sujetos que viven en la casa de sus padres por encima de los 30 años y que no están interesados en lo más mínimo en asumir responsabilidades laborales, académicas o familiares, ya que simplemente no hacen nada por ellos y no se proyectan planes a futuro, puesto que en casa las necesidades y demandas están cubiertas por sus padres sobreprotectores.

La persona adulta sería aquella que se hace responsable de su goce, y así pasar del niño generalizado al sujeto responsable, lo cual puede marcar la diferencia y traer consecuencias  significativas en la vida de alguien. Es por ello que, ante la época del cenit del consumo que pretende rechazar la subjetividad y el deseo del sujeto, valdría la pena detenernos e interrogarnos: ¿Qué deseamos? Una pregunta que requiere de un tiempo de reflexión, comprensión y una búsqueda de respuestas que no sean instantáneas y superfluas.   

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez del Carpio  (psicóloga), responsable de la columna, al correo [email protected] o al teléfono/Whats-App 62620609. 

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