Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 24 de octubre de 2021
  • Actualizado 21:55

Dante Ojopi, el abogado que se divide entre el ring y el estrado

Durante la pandemia fue a su natal Beni para ayudar a los enfermos de COVID-19. Fue subcampeón nacional de boxeo. Recientemente presentó un libro sobre derecho penitenciario.  

Dante Ojopi, el abogado que se divide entre el ring y el estrado. NOÉ PORTUGAL-CORTESÍA
Dante Ojopi, el abogado que se divide entre el ring y el estrado. NOÉ PORTUGAL-CORTESÍA
Dante Ojopi, el abogado que se divide entre el ring y el estrado

Entre el ring y el estrado de un tribunal de justicia es donde Dante Ojopi Alquiza se siente pleno. Este abogado, especialista en derecho penitenciario, desarrolla su carrera profesional de manera exitosa paralela a su afición por las artes marciales, un deporte que practica desde joven y que le ha dado muchos momentos gratos y reconocimientos. Además, la vocación de servicio y el gusto por la escritura es otra de sus características. 

Ojopi nació en Guayaramerín, Beni, el 29 de septiembre de 1986. Luego de terminar el colegio se mudó a Cochabamba para estudiar Derecho en la Universidad Católica Boliviana, en 2005; en principio la idea era volver a su ciudad natal después de concluir sus estudios, pero se enamoró de la Llajta y decidió seguir su camino aquí. “Quería seguir creciendo, aquí hay más oportunidades”, afirma. 

De forma paralela, el deporte siempre estuvo presente en la vida de Dante. En Beni, practicaba voleibol y básquet. Al llegar a Cochabamba jugó fútbol hasta que descubrió las artes marciales y le encantó. Su primer contacto fue con el kick boxing, en 2012, y luego pasó al boxeo, en 2016. “Considero que el deporte es muy importante para la salud, es un complemento. Hay que darle un espacio, hay que sacarlo de donde sea”.

Actualmente, entrena en la escuela de boxeo Ávila de forma amateur, aunque sí participó en un torneo nacional y obtuvo el subcampeonato, en 2018. 

Ojopi relata que cuando empezó esta disciplina no era muy conocida en el departamento, pero, con el tiempo, se abrió campo y ahora hay más opciones  para practicarla. 

Es bastante dedicado y acomoda sus actividades para cumplir con sus deberes profesionales y su entrenamiento. Sube al ring tres veces por semana. “Lo practico como un hobby o pasatiempo. Siempre me doy tiempo porque es un deporte que me apasiona mucho”, asegura.  

LA ABOGACÍA Y LA DOCENCIA

abogad

Su deseo de seguir el camino de la abogacía surgió de una forma peculiar cuando era niño. “Yo estaba viendo una película de Cantinflas, donde él era abogado y estaba en estrado judicial y yo dije ‘yo voy a ser abogado’. Me impresionó”, relata. 

Luego de terminar su carrera profesional, siguió estudiando. Hizo diplomados en diferentes áreas y una maestría en Ciencias Penales en la Universidad Mayor de San Simón. Esto le permitió especializarse en Derecho Penal, aunque también atiende, en menor grado, procesos civiles. 

Justamente esta formación académica le permitió escribir el libro “Derecho penitenciario, traslado de internos, puerta abierta para desapariciones forzadas”, que presentó este año. La obra nació como una investigación derivada de la maestría que hizo en 2012. Se enfoca en estudiar el articulo 48 de la Ley 2298 de Ejecución de Penas y Supervisión, y el traslado de los reclusos. 

Otra de las actividades predilectas de Ojopi es dar clases. Es docente en la Universidad Técnica Privada Cosmos e impartió cátedra en la Universidad Central y la Fundación para el Desarrollo y la Educación en Bolivia. 

Asimismo, fue columnista en varios periódicos del país en los que hablaba del tema de su especialidad y otros de interés general.

VOCACIÓN DE SERVICIO Y FAMILIA 

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La pandemia tocó de cerca a Ojopi, perdió a cuatro familiares a causa del coronavirus, entre ellos su abuela y sus tías que fueron sus figuras maternas, ya que su madre falleció cuando él tenía un año. “Me daban los pésames y yo decía ‘igualmente’ porque sabía que esa persona también había perdido familia. Todos perdimos a alguien allá. Era terrible”, recuerda. 

Esto hizo que volara inmediatamente hasta su ciudad de origen. La primera idea era llevar medicamentos y materiales de bioseguridad que recolectó en Cochabamba hasta Beni; sin embargo, la necesidad hizo que se quedara 50 días allá. “La gente se moría en su casa. El 80% de la población de Guayaramerín estaba con COVID. Colapso todo, no había medicamentos, era precario”, relata. 

Debido a esto, Dante armó su propia brigada y fue casa por casa, junto con un médico, para atender a los pacientes con COVID-19. Pese a la exposición, no se contagió. Cuenta que la gente le decía que era “la bendición” que recibía por ayudar al resto. 

Esta labor le valió una serie de reconocimientos a nivel nacional por su entrega desinteresada. Al llegar a Cochabamba siguió ayudando con la organización Ángeles Contra el COVID y otras más. 

Ojopi es padre de José Adrían, de 13 años, con quien comparte la pasión por el boxeo. El menor también participó en varios torneos y lo acompaña en su entrenamiento. 

Entre sus planes a futuro tiene el objetivo de estudiar un doctorado y seguir creciendo en su labor profesional; este año se expandió a Santa Cruz. Aunque también tiene claro que quiere seguir su pasión por el deporte.