Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 22 de mayo de 2022
  • Actualizado 06:55

Daniela Cajías: la boliviana con el cine en los genes que hace historia en Europa

La paceña ganó el premio Goya a Mejor Fotografía, además del Gaudí y la Biznaga de Plata en el Festival de Málaga, y estuvo nominada a los premios Platino gracias a su trabajo en la cinta española “Las Niñas”. 

Daniela Cajías- la boliviana con el cine en los genes que hace historia en Europa. EFE
Daniela Cajías: la boliviana con el cine en los genes que hace historia en Europa. EFE
Daniela Cajías: la boliviana con el cine en los genes que hace historia en Europa

La visión de la boliviana Daniela Cajías mucho tuvo que ver con las singularidades de la narración, el dejo nostálgico no excesivo y la cercanía del espectador con los elementos de la época de los 90 que se manifiestan en la película “Las Niñas”, la producción española que la consolidó como una de las mejores cineastas del año luego de ganar el premio a Mejor Dirección de Fotografía en los Goya y Gaudí, la Biznaga de Plata en el Festival de Málaga y le valió la nominación a los premios Platino. 

“Muchas gracias a todo el equipo de ‘Las Niñas’ por haber confiado en mí, por haber apostado por mí. Gracias a la gente que quiero en Bolivia, a todos lo artistas que están ahí”, dijo, visiblemente emocionada durante la premiación de los Goya.

El cine es parte de la herencia que le dejaron sus papás, Francisco Cajías y María Eugenia Muñoz, quienes marcaron la producción cinematográfica en Bolivia en la década de los 80. 

La paceña, que aceptó el reto de ser la directora de Fotografía de la exitosa ópera prima de Pilar Palomero, hizo sentir que no era una novata y propuso que el largometraje se rodara en el formato 4:3, no por cuestiones estéticas, sino para que el viaje imaginario a la época fuera más real.

Antes de que “Las Niñas” se convirtiera en un hecho, se reunió con la directora y guionista en Zaragoza, ambas intercambiaron ideas y fue entonces cuando Daniela promovió su intención. Desconocía que aquel impulso la llevaría más tarde a ganar en la categoría Mejor Dirección de Fotografía de la versión 35 de los Goya. 

“Es el formato por el que veíamos el mundo en los 90. Veíamos la tele en cuatro tercios. La relación que teníamos con la TV era otra. Luego, podíamos estar muy cerca de ellos (actores), sentir, un poco, su agobio, y la sensación asfixiante”, recordó la paceña, que se reconoce como una auténtica “eicteviana”, apelativo con el que se identifican los profesionales que egresan de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba.

La propia Palomero dio cuenta de la confianza depositada en la boliviana, durante una entrevista con Cinemagavia, en septiembre de 2020. “El formato fue una propuesta de Daniela Cajías.   Tenía un punto nostálgico para recordar o podernos transportar a los 90, con esa televisión cuadrada que era nuestra ventana al mundo. Queríamos que a nivel narrativo pudiera aportar”.

La película, que remonta a 1992 y tiene a la preadolescente Celia (Andrea Fandos) como actriz principal, va más allá de repasar las vivencias de un grupo de estudiantes en un colegio católico y dejar en evidencia la educación escolar de España regida por los tabúes sexuales de la época. La directora buscó narrar la historia y “generar emociones”, para lo cual tomó elementos como las cintas de casete y la música zaragozana, además de adentrarse en sus recuerdos personales.

Y bastante de ello hay en Daniela, que si bien no asistió a una escuela de religiosas, se identificó con las situaciones que viven las preadolescentes del filme. “El guion, aunque sucede en España, concretamente en Zaragoza, me hizo pensar en mi propia adolescencia. Y aunque yo no fui a un colegio de monjas, podía entender cómo se sentían las niñas. Sentía que podía aportar en contar esta historia”, confesó la boliviana, de 39 años, en entrevista con OPINIÓN.

Nada de su presente hubiera sido posible sin los escalones que formaron parte de su carrera, mismos que ella advierte como necesarios y determinantes en su visión. “Creo que ‘Las Niñas’ es el resultado de un proceso. No habría podido hacerlo si antes no rodaba películas como ‘As duas Irenes’ (2017) o ‘La eterna noche de las  doce lunas’ (2013), que también tratan sobre niñas que están dejando de serlo”.

No la seduce pensar en una locación para rodar que reciba luz impoluta, casi inmaculada, perfecta. Tuvo el reto de plasmar esa idea en “As duas Irenes”, la ópera prima estrenada hace cuatro años por el brasileño Fabio Meira y que fue nominada al Gran Premio del Cine Brasileño, en 2018. Entonces, la consigna desde la dirección era manejar la iluminación 100% natural. “Me encantan los errores. Odio cuando una luz entra perfectamente. Me gustan mucho los errores que se producen en un espacio”. 

Se enfrentó a la tarea de trabajar con luz natural en la ciudad brasileña de Goiânia y aquella experiencia le confirmó su afirmación: “Se puede rodar películas enteras con muy poco dinero y una calidad de luces increíble”.

Su estadía en Cuba y el hecho de haber compartido tiempo con compañeros de todas las nacionalidades de Latinoamérica en la EICTV, durante el tiempo de sus estudios, le han dejado una marca para siempre. Es más. Daniela está convencida de que su visión reflexiva del cine no es fortuita, sino que la evolución personal y grupal incidió en su manera de encarar sus trabajos. “Mi paso por Cuba cambió mi vida, ya que me permitió especializarme en fotografía. En la EICTV fomentan el desarrollo de una visión reflexiva y profunda sobre el cine. Hay otro factor que me parece muy importante de ir a una escuela de cine y es conocer a los compañeros que te tocan. En mi caso, tuve mucha suerte. Con ellos he crecido durante y después de la escuela”, relató.

Conocedora del éxito de la boliviana, la institución cubana se apresuró para celebrar la distinción de su discípula mediante una nota que termina con los parabienes. “¡Muchas felicidades a Daniela y a todo el equipo!”.

Su capacidad de conectar con los sentimientos de los intérpretes es, quizás, uno de los elementos más potentes con los que cuenta la directora fotográfica. Por ello se involucra, se familiariza de modo especial, sin medias tintas. “Puedes crear empatía desde la fotografía. Por eso, las experiencias y la vida son tan importantes para ser fotógrafos”. 

A la distancia, brinda imaginariamente con los suyos. Desde España, la nostalgia por su tierra y sus seres queridos crece y despabila el recuerdo. “Lo vivo con mucho orgullo, al mismo tiempo, con ganas de estar en Bolivia y poder abrazar a mi gente”, finalizó.