Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de diciembre de 2021
  • Actualizado 16:45

¿Cuán real es que se pueda dar un “gran apagón mundial”?

Uno de los tópicos que genera discusión estos días apunta a la teoría de que, en cualquier momento, pueda cortarse la electricidad de forma masiva, sobre todo en Europa. Los expertos lo ven poco probable.

¿Cuán real es que se pueda dar un “gran apagón mundial”? CNN EN ESPAÑOL-RPP
¿Cuán real es que se pueda dar un “gran apagón mundial”? CNN EN ESPAÑOL-RPP
¿Cuán real es que se pueda dar un “gran apagón mundial”?

La escasez de energía y el aumento en los precios de la electricidad han ocupado los titulares de las noticias en las últimas semanas. En ese sentido, algunos gobiernos se muestran preocupados por la posibilidad de que se produzca un gran apagón en Europa y en otras latitudes del planeta.

El gobierno de Austria, por ejemplo, considera que se trata de un peligro real y ha empezado a preparar a la población para un posible apagón eléctrico que podría alargarse durante semanas.

Así, ha lanzado una campaña informativa para aprender a sobrevivir sin electricidad: les han instado a comprar velas, combustible, alimentos en conserva y agua potable, además de coordinarse y crear grupos de apoyo.

En una sociedad digital como la nuestra, utilizamos las nuevas tecnologías, internet y las redes sociales de forma constante. Por ese motivo, nuestra dependencia hacia la electricidad es total para estudiar, trabajar o relacionarnos.

Pero, además, la electricidad se utiliza para encender los semáforos, iluminar las escuelas, hacer funcionar los hospitales, activar la maquinaria en las fábricas... un apagón supondría un parón absoluto de la actividad y podría provocar graves problemas de movilidad y funcionamiento.

Las nuevas medidas del gobierno austríaco se deben a diferentes causas. Por un lado, la escasez de gas, una de las principales fuentes de energía en Europa, que ha provocado que varios gobiernos del denominado “Viejo Continente” compitan por asegurarse el suministro de energía. Como consecuencia, el precio de la electricidad ha aumentado y ha marcado récords históricos.

Por el otro lado, está la escasez de microchips en todo el mundo. La pandemia ha afectado a la producción global de microchips, unos dispositivos electrónicos que se utilizan para fabricar multitud de productos: desde ordenadores hasta móviles y coches.

La falta de estos dispositivos diminutos también repercute en el funcionamiento de muchas máquinas, porque si se estropean no hay repuestos.

Por último, algunos sucesos de las últimas semanas se han sumado a la alarma del gobierno austríaco, aunque no estén directamente relacionados con la falta de energía. Por ejemplo, la escasez de combustible y de algunos productos en Reino Unido o la reciente caída global de redes sociales del grupo Meta (antes llamado Facebook).

Sin embargo, otros países consideran que el suministro eléctrico está garantizado, aunque haya que adaptarse a la disponibilidad de recursos tras la pandemia.

SUMINISTRO DE ENERGÍA

En la actualidad, varios factores afectan al suministro de energía en Europa. El principal es la dependencia energética: los países europeos no tienen suficientes recursos naturales ni centrales eléctricas para producir su propia energía, así que dependen de otros países para abastecer a su población.

Además de contar con energía eólica e hidráulica, la principal materia para generar electricidad es el gas, que procede sobre todo de Rusia y Argelia. El gas ruso abastece a los países del norte y el este de Europa, mientras que el gas argelino llega a las naciones del sur.

El gas se distribuye a través de inmensos gasoductos que recorren miles de kilómetros. Pero, a veces, el suministro queda condicionado por la disponibilidad o bien se utiliza para conseguir alguna ventaja en las negociaciones políticas.

Por otro lado, el parón de actividad durante la pandemia ha afectado a muchos sectores, también el de la energía.

Durante el confinamiento y los meses de restricciones descendió el uso de combustibles y pararon las fábricas, pero el consumo eléctrico en los hogares aumentó muchísimo. Y de cara a la recuperación económica, se prevé que el gasto energético sea todavía mayor.

Esto ha provocado que algunos países hayan decidido posponer el cierre de las centrales nucleares para seguir usándolas y dar así respuesta a las necesidades energéticas de la población.

NAVIDAD Y CONSUMO

La escasez de suministros y materias primas también preocupa a fabricantes y comercios, que estos días han alertado de la posible falta de regalos para Navidad.

La época navideña representa uno de los mayores picos de consumo, y algunos productos suelen agotarse, especialmente los juguetes. Sin embargo, este año, el desabastecimiento puede ser aún mayor porque el sector del juguete sufre los efectos de la crisis del transporte marítimo.

La mayoría de los juguetes que compramos se fabrica en países asiáticos como China, Taiwán o Corea del Sur y llegan a Europa por mar. No obstante, los puertos marítimos están colapsados por dos razones: algunos siguen cerrados por el coronavirus y otros no cuentan con el suficiente número de barcos y contenedores para transportar la mercancía.

Es posible que lleguen menos juguetes o incluso que arriben más tarde. A su vez, esto puede provocar un aumento en los precios de los productos. El problema de la escasez de materias primas y productos evidencia que vivimos en un mundo globalizado e interconectado. Muchos de los productos que consumimos se fabrican a miles de kilómetros de las tiendas donde los compramos.

POCO PROBABLE

Los especialistas abogan por la máxima cautela: la situación austriaca, un país sin mar y que depende para su aprovisionamiento, no es extrapolable a España, que cuenta con seis puertos con capacidad de recibir y gasificar el gas natural licuado (GNL) traído por mar, más que muchos vecinos europeos. Aquí, remarcan, el riesgo es “mínimo”.

El gas natural genera algo más de la quinta parte de la electricidad que se consume en España, y el reciente corte de uno de los tubos que le conectaba con su principal proveedor es motivo de preocupación. La realidad dista de ser el apocalipsis que algunos creen. Argelia se ha comprometido a enviar gas por otras vías y España cuenta con alternativas fiables de abastecimiento en terceros países. Puede que sea más caro, pero no faltará gas.

El gestor del sistema gasista ibérico, Enagás, recordó que los depósitos españoles de gas natural están al 82% de su capacidad. Unas reservas estratégicas suficientes, según sus cálculos, para cubrir la demanda equivalente a 40 días. En otras palabras: incluso si España dejase hoy de recibir gas por el segundo tubo, el Magreb-Europa, o por barco, podría aguantar hasta mediados de diciembre.

“Lo del apagón es un bulo de los finmundistas”, sentencia Francisco Valverde, de la consultora Menta Energía. “Nuestro sistema eléctrico tiene más margen de reserva que prácticamente ningún otro país europeo”, remarca Pedro Mielgo, expresidente de Red Eléctrica de España, que se muestra “nada preocupado” por la probabilidad de un apagón en la Península.

“El riesgo es extremadamente bajo: la posibilidad siempre existe, pero tendría que ser una concatenación de acontecimientos brutal. No hay que exagerar ni hacer tremendismos: tenemos mucha capacidad de abastecernos, tanto en Argelia como fuera”, apunta Gonzalo Escribano, del Real Instituto Elcano. “Los austriacos están preocupados porque dependen de Rusia y no tienen posibilidad de llevar GNL. Pero nosotros, no. Incluso si las cosas se pusieran mal, España tiene todas las papeletas para ser uno de los países menos afectados de la UE” .