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  • Diario Digital | lunes, 15 de abril de 2024
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LECTURAS SUTILES

Cristo en la cruz o Cristo resucitado. Imágenes que nos reflejan

Cecilia Losantos Q. Socióloga de Familia, Coach  y  Terapeuta Holística
Cecilia Losantos Q. Socióloga de Familia, Coach y Terapeuta Holística
Cristo en la cruz o Cristo resucitado. Imágenes que nos reflejan

Ser cristiano o practicar cualquier otra creencia religiosa no es algo que se viva fuera de la dimensión temporal, colectiva y cotidiana, o al margen de lo humano y terrenal. Nos guste o no, hacemos en el imaginario un Dios a medida de las ilusiones, conocimientos o experiencias que tenemos en la vida de fe, o en ausencia de ella.

En el caso de las imágenes religiosas de los templos católicos, estas han cumplido, durante siglos, la función de intentar mostrar qué o quién es Dios o, más bien y de manera más precisa, cómo hay que percibirlo y cómo ser ante Él. 

Las grandes obras pictóricas, esculturas y tallados, presentes tanto dentro como en los muros exteriores de los templos, servían para que los iletrados que, hasta hace no mucho eran mayoría, tuvieran acceso al conocimiento de Dios. Lo hacían mostrando escenas bíblicas que narraban la historia de la salvación y que, sin embargo, con seguridad, no eran recibidas de la misma manera por un noble o un burgués que por un ciudadano del común o un campesino migrante.

Nos acercamos a Dios o a lo divino, inevitablemente, desde un lugar que implica una construcción inconsciente, pero, en esencia, social, la cual puede traducirse en conductas y comportamientos de un grupo dentro de una colectividad mayor. Este andamiaje, que se transforma también en el tiempo, explica los cambios en la estética, en el sentido del espacio, de lo bello, del arte en general, y modifica asimismo las representaciones sociales del imaginario religioso, en tanto mundo de significados compartido por dicho colectivo.

De esta forma, se puede entender que, por ejemplo, en un entorno de pobreza, la imagen de un Cristo escarnecido y sangrante, al estilo de “La Pasión” de Mel Gibson, convoque mucho más a gente que sufre, inducida de algún modo a identificarse inconscientemente con el dolor y la injusticia. En cambio, en los templos de zonas residenciales, a no ser que hayan sido diseñados el siglo pasado o antes, obviamente, en lugar de un Cristo sufriente, lo que encontramos, cada vez más, es una cruz vacía, solo como símbolo de la cristiandad, y, en muchos casos, en lugar de una cruz, un Cristo ya resucitado. Lo cual también nos habla de una realidad de nuestros días: no queremos ver el dolor; sufrir es casi una ofensa.  

Por otra parte, llama la atención que, en la Semana Santa, en general, todavía la gente asiste más a las celebraciones, ritos y costumbres que tienen que ver con la última cena, el calvario o la crucifixión, y no así a lo que, en realidad, tendría que ser un día de fiesta: el domingo de Resurrección, donde la gente va menos. 

¿Será que, de alguna manera, los creyentes todavía relacionamos más a Dios con culpa, castigo y necesidad de sufrir, en lugar de permitirnos celebrar la presencia de Cristo en nuestras vidas?        

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez del Carpio, responsable de la columna, al correo electrónico [email protected] o al  teléfono/whatsApp  62620609.