Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 02 de diciembre de 2020
  • Actualizado 04:34

El coronavirus se lleva vidas en medio del colapso y la falta de recursos

La cantidad de fallecidos en el país se multiplica. En lugares como Cochabamba y La Paz, los cadáveres ocupan la vía pública.
Los restos de un fallecido con coronavirus, en un cajón herméticamente sellado. Dico Solís
Los restos de un fallecido con coronavirus, en un cajón herméticamente sellado. Dico Solís
El coronavirus se lleva vidas en medio del colapso y la falta de recursos

Luego de que el cuerpo sin vida de Mario (45) fue puesto en plena vía pública por sospecha de coronavirus, COVID-19, y horas después recogido por personal especializado, sus familiares llegaron al lugar para dejarle velas. Pero, nadie se hizo cargo del cadáver, porque no tenían dinero.

El presidente del Distrito 6 de Cochabamba, Florencio Carballo, recordó que el fallecido apareció, al amanecer del 25 de julio, en la calle Víctor Paz, en la Organización Territorial de Base (OTB) del mismo nombre en Cerro San Miguel, al sur de la ciudad. Mario era inquilino. Días antes había presentado síntomas de la enfermedad y cuando murió, los dueños de casa sacaron el cadáver.

Aquellos días, este fallecimiento se volvió parte de las estadísticas y se incluyó entre los más de 600 muertos por coronavirus en Cochabamba y dentro de los más de 2.700 en Bolivia. Las principales causas para estos hechos en el país son la falta de recursos y el colapso del sistema de salud por los recursos limitados del personal y equipamiento, incluidas las unidades de cuidados intensivos, para la atención de pacientes.

La tasa de mortalidad por COVID-19 en Bolivia es de 3.76%, es decir que entre tres y cuatro personas mueren por cada 100 contagiados.

De los miles de decesos reportados en el país, buena parte es de gente que murió en sus casas o en la calle.

En Cochabamba, el Servicio Departamental de Salud (SEDES) informó en julio que el Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF), que hace levantamiento en casas y vía pública, notificaba en promedio entre 14 y 23 casos de fallecidos con sospecha del virus por día, y que la cifra llegó hasta más de 40 en una sola jornada.

En La Paz, Página Siete informó a mediados de julio que se hizo el levantamiento de hasta 20 fallecidos en un solo día y que los entierros clandestinos se incrementaron en algunos cementerios. Por otro lado, el analista político Marcelo Silva dijo que se recogieron hasta tres cadáveres por hora en las calles de La Paz y El Alto, en semanas recientes. Otros casos también se registraron en Santa Cruz y Beni.

Entretanto, Oruro, Beni y Sucre habilitaron cementerios COVID-19, para no acumular cadáveres.

El primer caso de una persona que murió fuera de un establecimiento de salud en Cochabamba fue el de un hombre de 74 años, en puertas del hospital Viedma. El segundo se registró a principios de junio, cuando se encontró un cuerpo en inmediaciones del hospital de Shinahota. La madrugada del 5 de junio se hizo el levantamiento del cadáver de una persona de 59 años, en las puertas del hospital Harry Williams, en la avenida Suecia. El 13 de junio, otra persona murió en las calles 16 de Julio y Jordán. Todos dieron positivo a coronavirus. Una semana después, otro fallecido fue encontrado en inmediaciones del hospital del Sur.

De ahí, los casos en las calles se fueron aumentando, con escenas de familiares buscando atención para poder enterrar a sus muertos, en protestas en vía pública y otros hasta con velorios en las puertas del cementerio. Otros casos se reportaron en domicilios u otros recintos, como el Asilo San José, donde 10 de una centena de personas adultas mayores murieron contagiados.

El caso del vecino de Cerro San Miguel no fue el primero, tampoco el único solo en ese barrio.

El presidente del Distrito 6 dijo que solo en su OTB ya murieron unas 50 personas, “todas con COVID”. Recordó que la primera víctima fue reportada a menos de un mes de la llegada de la pandemia al país; luego, los contagios y fallecimientos dejaron de reportarse durante unas semanas, pero volvieron a subir cuando se flexibilizó la cuarentena.

“Y ahora parece que contamos muertos todos los días. Por mi casa, hay varios. Recién enterramos a mi madrina de 50 años. En algunas casas han muerto hasta dos personas en un mismo día”.

Acotó que también perdieron la vida el expresidente de la OTB Víctor Paz y los presidentes de Villa Cosmos y Minero Alalay.

Ante el ascenso de los casos positivos de COVID-19, los vecinos prefieren no salir de sus casas, salvo quienes tienen que ir a trabajar. Los demás evitan hasta abrir sus puertas y se comunican desde sus ventanas. “Ya tenemos miedo”, dijo Carballo.

En ese distrito de más de 60 mil habitantes, según las proyecciones, que incluye Cerro Verde, Cerro San Miguel y Alto Cochabamba, no hay hospitales; solo están los centros de salud Alto Cochabamba, Cerro Verde y Alalay. “Pero, ninguno atendería casos de COVID”, lamentó el dirigente.

Carballo describió que en las viviendas hay muchos inquilinos y en cada casa hay entre 10 y 30 personas.

Son barrios que colindan con el mercado más grande de Cochabamba: La Pampa. Las paradas de transporte interprovincial también están en esa zona. El dirigente informó que es uno de los lugares “de mayor contagio”.

MAYOR PROPORCIÓN DE  DECESOS

De acuerdo con un análisis expuesto a finales de julio por el Ministerio de Salud, el personal de salud, los funcionarios públicos y privados, comerciantes y transportistas son los sectores laborales que registran mayor tasa de mortandad por COVID-19 en el país.

Según la evaluación epidemiológica, la mayor cantidad de trabajadores fallecidos por el coronavirus está en el grupo de funcionarios públicos y privados, con 26%, el personal de salud, con 22%, y comerciantes y transportistas, con 19%.

Entre otros, están las amas de casa y estudiantes, con un 16%, rentistas, con 12%, y militares y policías, con 4%.

Las historias que hay detrás de los casos de coronavirus tienen rostros de familiares, vecinos, conocidos; y cuando pasa lo peor, la muerte, no terminan ahí. Muchas familias sufren por la falta de dinero para el entierro, otras hasta por la falta de espacio o la espera para la cremación del cuerpo.

EL SUPLICIO PARA EL ENTIERRO

En el caso de Mario, sus familiares no pudieron hacer más que dejar velas y oraciones en la vía donde estaba el cadáver antes de que se lo lleven. “No tenemos plata, ayúdennos a enterrarlo como sea”, le pidieron al dirigente del barrio.

Los entierros implican el gasto de miles de bolivianos, para el traslado del cadáver desde el hospital hasta el camposanto; las funerarias explican que se exponen al contagio y que requieren los elementos de bioseguridad necesarios. De acuerdo con el protocolo de manejo de cadáveres, en Cochabamba se hace la cremación (en la ciudad y en Sacaba de manera gratuita en casos de COVID-19) o en entierros en una zanja, que es distinta a la fosa común, según las autoridades de la Alcaldía.

La cremación es la más recomendada para la disposición de los cadáveres de personas que mueren con coronavirus. Sin embargo, cuando los decesos empezaron a multiplicarse, el horno crematorio de Cochabamba no daba abasto, se sobrecalentó un tiempo y luego de su arreglo y mantenimiento volvió a operar. Pero, eso tampoco podía con la cantidad de fallecidos al día. Los cadáveres se acumulaban en los hospitales y los familiares peregrinaban a diario sin saber en qué momento podrían acceder al servicio. En la actualidad, la Alcaldía habilita un horno m­ás.

Ante las cifras elevadas, también existe la posibilidad de entierro en una zanja, en la que los cajones con los muertos se colocan uno al lado del otro. La Alcaldía cochabambina dispuso un espacio para este fin en el cementerio general.

Como una medida preventiva para evitar la propagación del virus, los entierros comunes se realizan con la asistencia de pocas personas, entre 4 y 10, dependiendo de las disposiciones de cada ciudad en el país. En Cochabamba, los entierros de personas que mueren con COVID-19 se realizan ingresando por la puerta de atrás del camposanto.

Los pésames suelen darse en las puertas del cementerio. El denominado último adiós es solitario, apresurado, sin bandas tradicionales ni largas oraciones.