Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 29 de mayo de 2020
  • Actualizado 16:56

Coronavirus: el espectáculo del sufrimiento

Coronavirus: el espectáculo del sufrimiento

“Ni siquiera cuando empezó la segunda guerra mundial hubo tanto pánico”, expresa molesto un anciano, quien se queja por la falta de pasta en Italia, debido al desabastecimiento en los supermercados. La causa: el nuevo coronavirus.

Desde que la Organización Mundial de la Salud declaró como una emergencia de salud pública internacional el brote del nuevo COVID-19, en un tiempo récord se ha extendido por varios continentes. Sin embargo, más contagioso que el virus mismo es la facilidad y rapidez con que se transmite el miedo y el pánico social en las personas. Eso las lleva a sumergirse en los medios de comunicación y en las redes sociales, sin percatarse que entre lo que se difunde y se (des) informa se puede llegar a generar un efecto mortificante para la subjetividad, algo que entendió Jim Morrison al manifestar que: “quien controla los medios de comunicación, controla las mentes”.

Hablar del coronavirus es hablar de una tendencia actual, dado que su presencia ha interrumpido de manera abrupta con la rutina cotidiana que, hasta entonces, habían llevado millones de personas, quienes se hallan atrapadas en una forma moderna de cuarentena, generando confusión, estados de ira, ansiedad y reacciones de discriminación o sinofobia (aversión dirigida contra las personas de origen chino). Sin embargo, no es la primera vez que el hombre debe enfrentarse a un virus con una potencialidad patógena a gran escala. Si recordamos los brotes de viruela, la peste negra y el cólera, que demostraron una tasa de mortalidad más alta. Sin ir lejos, la banal gripe produce entre 300 a 400 mil muertes al año en el mundo, mientras que, desde el comienzo de la epidemia del VIH, cerca de 35 millones de personas han fallecido hasta el momento. Pero, ¿qué tienen en común? El haber enfrentado al ser humano con un espacio que es irrepresentable para él hasta el momento: la muerte.

¿Cómo se porta nuestro inconsciente frente al problema de la muerte? Al respecto, Freud la califica como una realidad que para el hombre es imposible de definir y que, como tal, no tiene “inscripción psíquica”, siendo difícil para la mente reconciliarse con ella como un hecho. En este sentido, nuestro inconsciente no cree en la muerte propia, se conduce como si fuera inmortal, pero, aunque no podemos concebir la idea de estar muertos, si podemos imaginar y temer la experiencia de perder la vida.

¿Es posible vivir sin angustia y sin sufrimiento?, la postura del psicoanálisis es clara al respecto: es el propio sujeto quien debe elaborar por sí mismo dicha respuesta. Siempre ha habido sufrimiento subjetivo, pues el ser humano padece y ese padecimiento    tiene lugar en su estructura psíquica. Si bien, obviamente, no todos los seres humanos padecen de la misma manera ni con la misma intensidad, los riesgos de contraer nuevas enfermedades existieron, existen y existirán en todas las épocas, esto es una realidad. Sin embargo, tanto la vida como la muerte siempre estarán en función de la singularidad de cada ser humano, quien ha demostrado ser capaz de darles un sentido, ya sea en el mundo de la ficción, en la literatura, en el teatro, la música y, sobre todo, a través de la palabra.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario contactarse con Claudia Méndez Del Carpio, al correo electrónico [email protected] o al celular 62620609.