Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 15 de abril de 2024
  • Actualizado 22:10

Cillian Murphy, el actor de mirada lasciva que rechaza ser una estrella

Arrasó en ‘Peaky Blinders’. Hace poco ganó el Oscar por la película ‘Oppenheimer’, donde encarna al creador de la bomba atómica. Detesta los escándalos, decidió esconder su vida íntima, está casado hace 18 años, no tiene agente ni entorno. 

/ ESQUIRE
/ ESQUIRE
Cillian Murphy, el actor de mirada lasciva que rechaza ser una estrella

“Llegó el momento, esta es la película en la que vas a ser el protagonista; te ofrezco un personaje que va a exigirte que uses cada aspecto de tu talento y va a ponerte a prueba de un modo que nunca habías conocido”, le dijo Christopher Nolan. El director, guionista y productor londinense había visto por primera vez a Cillian Murphy hace casi veinte años, cuando se presentó al casting de “Batman Inicia” (2005).

El actor irlandés, que se hizo famoso en todo el mundo como el líder de la pandilla criminal de “Peaky Blinders”, audicionó originalmente para el papel de Bruce Wayne, pero Nolan tenía otros planes para ese chico de mirada helada: Murphy no iba a ser su superhéroe, sino su supervillano, el Espantapájaros.

Había quedado fascinado con su estilo en “28 días después” (2002): “Toda su apariencia, esa mirada… Tiene los ojos más extraordinarios. Me la paso inventando excusas para que se saque los anteojos en los primeros planos”, le dijo en pleno rodaje a Spin magazine sobre el irlandés que iba a convertirse en su fetiche, casi una cábala en varias de sus siguientes películas: en la trilogía de “El caballero oscuro” (2005-2012), en “Inception” (2010) y en “Dunkerque” (2017).

“Sentí que no era el correcto para Batman, pero sin embargo era alguien con quien quería seguir creando, alguien con quien quería trabajar”, dijo en una entrevista de la época, y cumplió su palabra. “Batman Inicia” fue un éxito de crítica y taquilla, con una recaudación de casi 100 millones de dólares y también la primera producción masiva con la que Murphy se abrió camino en Hollywood. Fue además el inicio de una colaboración entre el director y el actor de entonces 28 años. 

Había sido definido por la crítica de The New York Times Manohla Dargis como “el villano de película perfecto”. “Su mirada azul podría congelar el agua; su mirada lasciva sugiere sus propios terrores”, escribió tras su actuación como el psicópata que amedrentaba a Rachel McAdams en el thriller psicológico “Red Eye”, también en 2005.

Pero nacido en un pueblo católico de las afueras de Cork, en Irlanda, donde la máxima atracción era la iglesia que le daba el nombre: Ballintemple (“el pueblo de la Iglesia”), el actor estaba lejos de haber sido educado como villano. Por el contrario, fue formado en los preceptos de la religión familiar y de los hermanos del colegio de curas en el que hizo la secundaria.

Es cierto que durante la mayor parte del colegio tuvo problemas de conducta, pero cuando estaba en cuarto año descubrió que podía canalizar esa energía por medio de sus inclinaciones artísticas. Probó con las clases de actuación en Corcadorca, la compañía de teatro de Cork, y por primera vez se sintió “verdaderamente vivo”, aunque en esa época su mayor ambición era convertirse en una estrella de rock. Cantaba y tocaba la guitarra en una banda que formó junto a Páidi, uno de sus tres hermanos; y hasta les ofrecieron un contrato para grabar cuatro álbumes que el dúo rechazó porque les parecía poco dinero a cambio de los derechos de “sus peculiares temas y sus solos interminables”, como él mismo los definió. Cillian creció en una familia relativamente acomodada: su padre trabajaba en el departamento de Educación de su distrito, y su madre era profesora de francés.

En 1996, a los 20 años –nació el 25 de mayo de 1976–, Murphy entró a la Facultad de Derecho de Cork, pero no aprobó un solo examen. Alguna vez explicó que ni siquiera se lo propuso, realmente no quería ser abogado. Ya había desistido de la idea de dedicarse a la música, pero el bichito de la actuación que le había picado en el colegio se acrecentó después de ver una obra de su profesor del Corcadorca y tuvo su primer papel importante junto al club de drama amateur de la Universidad. 

Así fue como consiguió entrar oficialmente a Corcadorca, donde actuó en varias obras y llegó a irse de gira por Europa, Australia y Canadá con “Disco Pigs”, que también fue adaptada al cine y le valió los primeros elogios de la prensa especializada. Así llegaría también su debut cinematográfico, precisamente en “28 días después”, de Danny Boyle.

Su capacidad actoral sin duda era deslumbrante, pero lo que le daba el phisique du rol ideal para el papel, era su aspecto. Lo que la directora de casting había encontrado en él no era muy distinto de lo que pronto descubriría el director de Oppenheimer: “Murphy era tímido en el set, con una tendencia a mirar ligeramente por fuera de la cámara, tenía un tipo soñador y algo falto de energía, como si flotara, que era fantástico para la película”. Por ese trabajo logró su primera nominación como Revelación Masculina en los MTV Movie Awards de 2004.

Volvió al cine con su compatriota Colin Farrell en la comedia negra “Intermission” (2004), que se convirtió en ese momento en el film independiente de origen irlandés de mayor recaudación en la historia. Y la crítica volvió a hablar de sus ojos gélidos: “Su intensidad es totalmente creíble; sus miradas delicadas, junto a su talento y expertise, son lo que hace que hoy la gente lo señale como el nuevo Farrell de Irlanda, aunque en una versión más sobria”, dijo el Herald Tribune.

Esa apariencia misteriosa le permitió a Murphy sostenerse como una rara avis en Hollywood, a donde nunca quiso mudarse: no tiene agente, ni un entorno cerrado que lo acompañe a todas partes, y suele vérselo solo y con impecable estilismo las premieres. Casi no da entrevistas, detesta las alfombras rojas, y asegura que practica intencionalmente una vida que no le interesa a los tabloides. “No genero controversias, no me acuesto con nadie por ahí, no me caigo borracho en lugares”, le dijo a The Sunday Times en 2004. Ese mismo año se casó con su novia de toda la vida, la artista visual Yvonne McGuinness, a quien conoció en un show de su banda en 1996. Vivieron juntos en Londres hasta 2015, cuando se instalaron en Dublin con sus hijos, Malachy (que nació en diciembre de 2005) y Aran (en julio de 2007).

Hasta hace poco, ninguno de sus dos hijos, hoy adolescentes, estaba familiarizado con el trabajo de su padre, más allá de saber que era actor. Ni Murphy ni su mujer querían exponerlos a la violencia de los papeles que suele desempeñar, así que ni siquiera veían sus películas. Lo que saben de su padre es que es ese tipo afable que disfruta del tiempo en casa, con ellos, y encuentra placer “en sacar la basura y ser parte del día a día en familia”.

Algo sí tiene en común con su mafioso Tom Shelby y es el valor que le da a su círculo cercano, su familia y esas personas que estaban ahí antes de que se hiciera conocido. “Mi vida es surreal. Hay que darse cuenta de la suerte que tienes y no darla por hecha. Este es un negocio difícil y ya estar trabajando es un mérito. Por eso amo volver a Cork y estar con mis amigos de siempre. Con ellos nunca hablo de la industria, porque no nos parece un asunto importante. No es relevante entre amigos que se conocen desde los diez años”, le dijo hace tiempo al Irish Independent. 

¿Qué fue primero, su halo de misterio natural o la convicción de preservar su mundo privado a rajatabla? Nadie puede saberlo igual que nadie sabe bien qué esconden sus ojos de hielo, esos capaces de “cortar diamantes”, como los             describe la revista Night and Day. 

Pero Murphy nunca se dejó encasillar. Probó su versatilidad como una mujer trans irlandesa en la comedia dramática “Desayuno en Plutón” (2005). En cambio sí tuvo que forzar su apariencia para la interpretación que lo metió desde 2013 en las casas del gran público, como el jefe gánster de Birmingham en “Peaky Blinders”. No sólo el acento “brummie”, casi imposible de imitar, sino su figura, hasta entonces más bien desgarbada, que tuvo que cambiar radicalmente para mostrarse más fuerte.

Pero el lado más humano de Murphy sigue estando reservado para unos pocos elegidos. A dos décadas de su desembarco en la industria, logró instalarse con sus propias reglas, siempre alejado de la carnicería de los tabloides, jamás revelando nada que no quisiera. Sabe que la clave de ese triunfo personal también está escrita en su mirada, esa que a veces lo separa también a él del resto de los mortales. Ciertamente, sabe que fue más fuerte que el acento local y el entrenamiento a la hora de volver creíble el poder de su criatura más famosa y también vale para imponerse ante la prensa con su distancia elegante: “Es la manera en la que mira a las personas. Esa quietud, su frialdad, lo que los paraliza”.l