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  • Diario Digital | miércoles, 20 de octubre de 2021
  • Actualizado 13:42

Charlie Watts, el hombre tranquilo que consagró a The Rolling Stones

El rock sufre una orfandad abismal ante la partida del emblemático baterista de los Stones. Watts, admirado por millones, llegó a ser el líder de la banda sin proponérselo: tan solo quería tocar sin parar hasta el final del camino.

The Rolling Stones, Ronnie Wood, Keith Richards, Mick Jagger y Charlie Watts. VANITY-INFOBAE
The Rolling Stones, Ronnie Wood, Keith Richards, Mick Jagger y Charlie Watts. VANITY-INFOBAE
Charlie Watts, el hombre tranquilo que consagró a The Rolling Stones

Decía Charlie Watts que “siempre hay un momento oportuno para realizar las cosas”. Bien lo sabía desde su entrada en The Rolling Stones. Charlie, el hombre tranquilo, esperó su momento y tuvo la osadía de decirle en más de una ocasión “no” a los Stones. Corría 1962 y aquellos jóvenes amantes del rhythm and blues, que estaban empezando a causar sensación en el club Marquee de Londres, buscaban desesperadamente un batería. Tony Chapman no daba la talla. Watts formaba parte de los interesantísimos Blues Incorporated y Brian Jones, entonces líder de la banda por encima de Mick Jagger y Keith Richards, se lo pidió un par de veces. No hubo manera. Ese año, el de la eclosión de los Stones en la escena alternativa londinense, fue el año en el que tanto Brian, Mick, Keith y el resto de esos desarrapados que acabarían comiéndose el mundo esperaron a Charlie Watts.

Ahora, con más de medio siglo de historia encima y tras su fallecimiento, la semana anterior, conviene remarcarlo: The Rolling Stones nunca fueron The Rolling Stones hasta que Charlie Watts les dio el “sí”. 

Hasta enero de 1963, el grupo buscó con fervor jesuítico a un baterista que estuviese a la altura de lo que ya se antojaba como un sonido fiero, rítmicamente contagioso y novedoso. No lo tenían. Estaban desesperados. Tanto que fue así que todos convinieron en ahorrar dinero suficiente para poder ofrecer a Watts la cantidad que pedía para su incorporación. Aquel tipo delgado y de rostro pétreo reconocía públicamente que no le gustaba la música que hacían los recién creados The Rolling Stones. Aborrecía el blues y el rock and roll y estaba mucho más interesado en el jazz, pero no negaba que esos ‘balas perdidas’ tenían un carisma inigualable, una virtud que le faltaba al resto de bandas de la ciudad.

Con su exquisita elegancia, Watts fue el último en llegar a la formación original, la que grabó las primeras canciones y dio comienzo a la leyenda de The Rolling Stones, pero sin él no se explicaría la grandeza de todo. Bastó su primer concierto con los Stones en el Flamingo de Picadilly, en enero de 1963, para que todos alucinasen con sus dotes. Marcó el ritmo y aquello en los primeros compases sonaba a locomotora. Como dijo después de aquella actuación el teclista Ian Stewart, conocido como Stu, habían contratado al mejor baterista de Inglaterra.

No solo era el mejor, o de los mejores, sino que supo entender a la perfección lo que necesitaba la banda. Se empapó de aquellos ritmos primitivos y les aportó sofisticación. Desde su visión más jazzística, Watts marcó un toque distintivo a The Rolling Stones, derivando ese blues eléctrico en contrapuntos de shuffle, rebozando pasajes con toques absolutamente personales. Ese fue el gran salto de los Stones, ―y dígase claramente― que se puede llamar el salto Charlie Watts, un hito que siempre quedó a la sombra de los invencibles riffs de Keith Richards, la penetrante voz de Mick Jagger o la personalidad de Brian Jones. Pero sin Charlie Watts no hubiera habido The Rolling Stones ya no solo en sus 60 años de vida, sino en sus primeros días de triunfo aplastante.

En aquellos años iniciales, Jones, que ejerció también de primer manager del grupo, se recorrió Londres entero para decir que The Rolling Stones, su banda, eran imparables. Lo eran porque tenían a Charlie Watts, el batería deseado, y solo con él todos supieron que podían ya competir con The Beatles, la máxima atracción del momento.

No solo compitieron en aquel año y aquella década, sino que todavía hoy lo siguen haciendo. Porque, con Watts, The Rolling Stones empezaron a escribir su gloriosa e irrepetible página en la historia cultural de la humanidad. Llegaron al siglo XXI con las botas puestas, subidos a un escenario como si la banda fuera uno de los pocos monumentos originales y aún en pie del patrimonio mundial del rock and roll, esa música que alegró locamente el disparate del siglo XX.

EL HOMBRE DE PERFIL BAJO

El amor por la música fue un factor dominante durante toda la vida de Charlie Watts, empezando a los 13 años cuando sus padres le regalaron su primera batería. 

Además de su habilidad musical, su experiencia en diseño gráfico también le resultó útil para idear la portada del álbum de 1967, “Between the Buttons”, y ayudar a crear los decorados que se convirtieron en una característica cada vez más importante de las giras de los Stones. 

Watts fue tal vez el miembro de la banda menos carismático, evitando ser el centro de atención y concediendo pocas entrevistas. Él mismo des-cribió su vida con los Stones como 5 años tocando y 20 años dando vueltas.

Sin embargo, a mediados de la década de 1980, durante lo que atribuyó a una crisis de la mediana edad, Watts empezó a abusar de la bebida y las drogas, lo que lo llevó a la adicción a la heroína. "Me puse tan mal", bromeó más tarde, "que incluso Keith Richards me dijo que me recompusiera".

También por su buen gusto, Watts apareció en varias listas de hombres mejor vestidos. 

Una etapa compleja en su vida fue su lucha contra el cáncer, que lo mantuvo alejado de los escenarios unos meses. Pero, sus compañeros lo mantuvieron presente pidiéndole siempre su opinión y, por qué no, su aprobación.  

En los últimos años, vivía con su esposa en una granja en Devon, Reino Unido, donde criaban caballos árabes, y se convirtió en un coleccionista de plata antigua y de elementos de la Guerra Civil estadounidense.

Pero pese a todo, Watts se mantuvo firme durante toda su carrera musical en una de las bandas más duraderas del mundo. "Se supone que es sexo, drogas y rock and roll", dijo una vez. "No soy realmente así. Nunca he visto a The Rolling Stones como algo (así)".