Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 25 de junio de 2024
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LECTURAS SUTILES

Del Carnaval al Pepino como reinvención

Del Carnaval al Pepino como reinvención

La palabra Carnaval deriva del italiano carnevale, que significa “carne” y “quitar”. En los siglos XIV al XVI en España denominaron “carnestolendas” a esa época del año en que se come carne. 

El período de Carnaval instaura un tiempo de satisfacción de los placeres, creando así la antesala al tiempo de privación y recogimiento espiritual que se sigue en la cuaresma. Su origen se dio en la época precristiana, con las festividades paganas romanas llamadas las Saturnales, fiestas que se realizaban en honor a Baco, en la mitología griega Dionysos, dios de la fertilidad y el vino. La liberación, locura y éxtasis construyen el arquetipo del Carnaval. Más allá de sus diferentes matices y formas, hace alusión al instinto, a lo animal, a lo más primario y corporal. 

En Bolivia, esta festividad se ha expresado bajo la forma de un particular sincretismo. Siendo parte del discurso social, este ritual colectivo ordena los lazos y manifestaciones que se despliegan durante esta fiesta. Su identidad en el país refleja la mezcla entre la tradición española y la indígena. Entre disfraces, bailes típicos, coplas y corsos, se crea un espacio en el que transgresión y excesos se hacen lugar como algo validado culturalmente en una suerte de “permiso”. Como dice Freud: “El talante festivo es producido por la permisión de todo cuanto de ordinario está prohibido”.

El Pepino, una reinvención original

El Pepino es este curioso personaje del Carnaval paceño, con disfraz multicolor y el rostro cubierto con una careta que oculta su identidad para hacer sus travesuras, molestando con un "matasuegras" y/o un "chorizo". Surge de la figura del Pierrot, personaje del arte de la comedia italiana. El Pepino paceño representa una mezcla entre el Pierrot y el Kusillo andino. 

Cuando las mujeres tienen un hijo en la época de Carnaval se suele decir que es obra del Pepino. Con el uso de esta figura los individuos se eximen de sus responsabilidades en la asunción de su deseo, desplazándola como culpa del Pepino. Se escuchan frases como: “el Pepino tiene la culpa, de él es la wawa”. Es el portador de la sexualidad, de la semilla de la vida que lleva el símbolo del falo en la mano representando en ello la fertilidad. 

Con el ritual de su desentierro un domingo antes de Carnaval, se da inicio a esta fiesta para luego volverlo a sepultar el domingo de tentación, una semana después. Representa el signo temporal que delimita el comienzo y el fin de esta festividad.  ¿Qué es lo que se entierra y desentierra cada año en esta peculiar práctica cultural? Lo que despierta es la pulsión, sin sujeto, en ese tiempo en que se da rienda suelta a los deseos e instintos primarios. Es el símbolo del Carnaval paceño que condensa la sexualidad, el anonimato de la pulsión, la travesura y el juego. Personaje con doble faz, por un lado carente, anónimo, bufón, y por otro, portador del falo, elevado a la dignidad de un lugar, de un significante central que da curso y vida al Carnaval año tras año.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario,  contactarse con Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), responsable de la columna, al correo [email protected] o al  teléfono/Whats-App  62620609. Visítanos en Facebook como LECTURAS SUTILES.