Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 14 de agosto de 2020
  • Actualizado 04:16

Carlos Azcárraga, la lucha contra la COVID-19 a través del voluntariado

El fundador del grupo de rescate GEOS explica que, además de atender incendios, asisten a los que necesitan ayuda durante la pandemia. Tienen   el sueño de adquirir otro vehículo.
Grupo de rescate GEOS. FOTOS- CORTESÍA
Grupo de rescate GEOS. FOTOS- CORTESÍA
Carlos Azcárraga, la lucha contra la COVID-19 a través del voluntariado

Creció con la vocación de ayudar al otro, sus padres fueron sus primeros guías y a los 14 años ya era parte de un grupo de voluntarios. Carlos Azcárraga es uno de los creadores de la Fundación de Voluntarios de Salvamento y Rescate GEOS, su desprendimiento por colaborar al prójimo lo ha llevado por varios lugares y ahora, durante la pandemia, su compromiso ha crecido aún más. 

Desde que empezó la crisis sanitaria del coronavirus, los problemas aumentaron, las personas requieren más ayuda y las entidades especializadas en rescate no dan abasto. De esa forma, todos los integrantes de GEOS comenzaron a volcar su misión inicial y ahora brindan todo tipo de colaboración; desde trasladar a enfermos a los hospitales, hasta ir en búsqueda de medicamentos para quienes lo necesitan. El requerimiento es amplio y las carencias también. 

En 2014, Carlos Azcárraga decidió fundar su propio grupo de salvamento luego de años de experiencia en el voluntariado. Con la ayuda de Roger Aspeti, Emilen Chavarria, Fernando Álvarez y Fátima Felipez nació la fundación GEOS, que actualmente concentra a 65 voluntarios en Cochabamba y 35 en La Paz. 

Sus inicios se remontan a clases de instrucción bajo un árbol, unos cuantos cascos y otro par de guantes. Desde aquel entonces, el grupo fue creciendo poco a poco, las personas se sumaron y comenzaron a adquirir algunos equipos. Sin embargo, arrastran varias deudas producto de la necesidad que tenían de comprar insumos para operar. 

La pandemia implicó que dejaran de realizar actividades para recaudar fondos y que sus operaciones aumenten debido al colapso del sistema de salud y asistencia médica. Además, durante esta época suelen ocurrir más incendios,       por lo tanto, no pueden dejar de socorrer. 

“Hemos sido afectados bastante económicamente por esta pandemia. Nos hemos tenido que prestar dinero de varios lugares para seguir operando, pagar el alquiler y todos los gastos. Si antes nuestra ambulancia salía tres o cuatro veces, ahora sale diez. Se han duplicado las operaciones”, cuenta Carlos. 

La falta de apoyo es una constante en la fundación desde que se creó. Azcárraga destina el 70% de su salario mensual al grupo, al igual que otros voluntarios que colaboran económicamente, ya que, sin su ayuda, no existiría forma de que sigan vigentes. 

“Mantener la institución conlleva muchos gastos. Cuando la camioneta necesita mantenimiento, se gasta hasta cuatro mil bolivianos. Siempre estamos viendo de dónde prestarnos dinero, ver actividades para poder solventar el día a día”, explica. 

LA MISIÓN DE AYUDAR Y EL PELIGRO DE CONTAGIARSE 

Cuando GEOS comenzó a operar, se especializaba en sofocar incendios forestales. Sin embargo, con el tiempo fueron implementando otras áreas de acción, como el rescate de personas, animales y la asistencia a los que requieren algún tipo de    colaboración. 

La llegada del coronavirus también implica un peligro mayor ya que están en constante exposición al contagio. Debido a esto, Carlos explica que decidieron hacer un esfuerzo y adquirir seguros de vida y contra la COVID-19. La idea es que los voluntarios que arriesgan sus vidas por el resto de las personas también estén protegidos, lo último que desean es tener alguna pérdida, como la que sufrieron el año pasado cuando uno de sus integrantes murió en un incendio en el Parque Nacional Tunari. 

Azcárraga cuenta que ellos también fueron afectados por el nuevo virus, tres de sus miembros se encuentran enfermos y otros están aislados por el contagio de algún familiar. La pandemia golpea a todos por igual, aunque unos están en más peligro que otros y ellos lo tienen claro. A pesar de eso, su incentivo sigue    intacto. 

“Las personas me motivan. Hay quienes nos agradecen, nos bendicen. Hay veces que los mismos vecinos nos ayudan, nos dejan comida. Las personas más humildes son las que más ayudan”, relata. 

Para continuar con su labor, necesitan barbijos, lentes, guantes, máscaras, combustible para los vehículos y mangas pitones para controlar los incendios en el menor tiempo posible. 

Además, otra de sus metas es adquirir un nuevo vehículo que coadyuve en el trabajo que realizan para sofocar el fuego. “Nosotros también estamos en la primera línea”, afirma Azcárraga.

Por el momento, cuentan con una ambulancia 4x4 y un auto especial para combatir incendios. 

MÁS DE MEDIA VIDA DE SERVICIO

Carlos lleva la mitad de su vida sirviendo al otro. Comenzó cuando tenía 14 años y ya tiene 15 de experiencia como voluntario.  Sus inicios se remontan al grupo Illapa, en La Paz. Luego, fue fundador del grupo de rescate de la Armada Boliviana, que, en primera instancia, se llamaba GOEN y luego se denominó SBRAB (Servicio de Búsqueda y Rescate de la Armada Boliviana).  Allí, fue comandante entre 2008 y 2012, en Cochabamba. 

Azcárraga es ingeniero de sistemas y trabaja como especialista en servidores en Nuevatel PCS. Con mucha dedicación y esfuerzo, no descuida su crecimiento profesional y personal. Durante el día realiza sus labores cotidianas en su empleo y, cuando la emergencia lo requiere, se pone el traje y sale a ayudar. 

De esa forma, recibió capacitación en Paraguay  y, entre sus principales intervenciones, fue voluntario en inundaciones en La Paz; incendios en Tarija; búsqueda y rescate en la mazamorra en Tiquipaya; el incendio en la Chiquitanía y una serie de incendios en el Parque Nacional  Tunari. 

“Yo estoy muy agradecido con todos los voluntarios porque sin ellos no íbamos a poder crecer. El trabajo es día a día, es constante, muy sacrificado, es para personas que estén muy decididas a ayudar a otros. Todos los que se quieran incorporar, tienen que saber que es un trabajo muy bonito y triste a la vez. Bonito porque puedes ayudar a muchas personas y triste porque no tienes los implementos que quisieras”, cuenta.

Pese a todas las adversidades, Carlos no cambiaría su firme entrega. “Todo el apoyo que das, se retribuye en el lado humano, te hace mejor persona, ves con otros ojos a las personas y te hace creer en un futuro mejor”, finaliza.