Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 31 de julio de 2021
  • Actualizado 08:15

Cacti Jardín, un santuario de cactus con más de 500 especies en Sipe Sipe

En los cinco viveros, hay más de 200.000 cactus. Los precios  varían, desde los 3 bolivianos hasta más de 3.500. El propietario es un amante de estas plantas y colecciona especies provenientes de México, Perú, Estados Unidos y Holanda.

Gróver Pérez junto a sus cactus, dentro de de sus viveros.  DICO SOLÍS
Gróver Pérez junto a sus cactus, dentro de de sus viveros. DICO SOLÍS
Cacti Jardín, un santuario de cactus con más de 500 especies en Sipe Sipe

Al llegar al lugar, luego de pasar un riachuelo de aguas cristalinas, se aprecian dos viveros, uno hacia la derecha y otro hacia la izquierda; sin embargo, no son los únicos, unos tres más se escoden al fondo y, cada uno, en su interior, resguarda miles de cactus, en diferentes tamaños, de cientos de especies provenientes de varios países del mundo. Este es el santuario de Gróver Pérez, un joven que encontró en su pasión una forma de sustentarse y compartir con otros este amplio universo de cactáceas.

Cacti Jardín, el nombre del emprendimiento, está ubicado en Sipe Sipe, a una hora del centro de Cochabamba. En el lugar está el centro de producción y comercialización de estas plantas. 

Pérez, de 31 años, inició su afición por los cactus en 2008. Mientras estudiaba Agronomía, una materia lo acercó a esta práctica. “Empecé comprándome la (especie) cola de mono. Luego vino otro y otro y así, son como una adicción los cactus”, cuenta. 

Luego de graduarse, se mudó a Valle Grande, donde adquirió un terreno de 20 hectáreas y se dedicó a la producción de semilla de papa. Pero, debido a la dificultad que implica esta labor, no tuvo mucho éxito. 

De esa forma, en 2015, dejó ese primer intento de tener algo propio y se fue a Corea del Sur, donde permaneció alrededor de cinco meses. “Allí conocí un jardín botánico de cactus. Era espectacular”, dice, con los ojos iluminados de felicidad. 

Esa experiencia, sin duda, lo marcó. Se dio cuenta de que ese era el área al que quería dedicarse. “En mi mente estaba ‘tengo que iniciar sí o sí un vivero de cactus’”. 

Con esa idea fija en la cabeza, al volver a Bolivia retornó a su lugar de origen, Sipe Sipe, donde viven sus papás, quienes tienen terrenos destinados a la agricultura y la crianza de animales; ese espacio era perfecto para materializar su sueño. “Ya tenía mi colección, como unas 200 especies, pero empecé a comprar más y más”, relata. 

“Mi amigo coreano me comentó que ellos exportan (cactus) de su país a otros 79 países, y el clima no es tan bueno. Entonces, yo pensé por qué no puedo hacer eso en Bolivia si es un lugar apto para lo cactus”, añade. Inició con un invernadero de 6 por 24 metros. Al principio no fue fácil, no sabía si el emprendimiento tendría éxito o sería algo rentable. “Mi mamá venía y me decía ‘por qué estás comprando tantos cactus, hijo, si ya tienes suficientes. Anda a trabajar”, cuenta, entre risas, Gróver. 

Sin embargo, pese a las dudas, propias y ajenas, no desistió y, en silencio, continuó su trabajo. Comenzó a hacerse conocido, a entregar por mayor los plantines, tener más y más variedades y ganarse un público fiel. 

Ante la falta de espacio y la gran demanda, tuvo que construir otros invernaderos más y contratar personal, que son sus mismos vecinos o gente de la zona, para que lo ayudaran en la reproducción y cuidado de los cactus. 

“Después, mi mamá ya vio que se volvió muy popular, que gente venía de uno y de otro lado y empecé a vender, ya tenía que contratar trabajadores, ampliar otro invernadero, viajar”, afirma.  

PRESENCIA A NIVEL NACIONAL

Actualmente, Gróver cuenta con cinco invernaderos, que suman entre todos 3.500 metros. En ellos se albergan más de 200.000 plantas, de unas 500 especies provenientes de varias partes del mundo. 

Enfocado en ampliar su negocio, pero también su colección personal, el joven viajó a Perú para traer semillas, también las compró de México, mediante Ebay y Amazon. Asimismo, tiene variedades oriundas de Holanda y Estados Unidos. 

En contraparte, él también les envía semillas de la especie cola de mono, que es endémica de Bolivia. Cuenta que todos los apasionados por los cactus en Latinoamérica y parte de Europa se conocen y comparten sus pequeños tesoros. 

Antes de la crisis sanitaria a causa del coronavirus COVID-19, recibía unas 100 variedades anualmente, pero se cortó, lo que lo motivó a producir sus propias semillas. 

El negocio de Cacti Jardín creció rápidamente y ahora realiza entregas por mayor a los nueve departamentos de Bolivia. Incluso, algunos van hasta Sipe Sipe a buscar sus plantas. Pero, además, también vende por unidad a los fanáticos como él que llegan hasta sus viveros para deleitarse con todas las especies que tiene ahí. 

Entre sus proyectos a futuro está exportar regularmente al exterior, sobre todo a Argentina y Europa, especialmente la especie cola de mono. Por el momento, lleva bastante el cactus san pedro a Brasil, pero quiere ampliar su mercado internacional. 

Gróver tiene varias especies exóticas, pero uno de sus tesoros es un Echinocactus grusonii, llamado comúnmente asiento de suegra o bola de oro, que tiene más de 20 años y un valor superior a los 3.500 bolivianos. De hecho, las semillas de esta especie se las mandan desde Holanda. 

Asimismo, afirma que le encanta la cola de mono por ser una especie propia de Bolivia. 

Pese a que la pandemia cortó sus proyectos de exportación e importación de semillas, a nivel nacional su ventas mejoraron. Pérez asegura que una de las razones puede ser que el encierro motivó a las personas a dedicarse más a sus jardines o a las plantas    ornamentales. 

La gran variedad que existe de cactáceas hace que los precios también sean diversos, desde los más económicos hasta los más altos. En Cacti Jardín tienen cactus desde los 3 bolivianos hasta más de 1.000 dólares. “No bajan de precio, siguen subiendo a medida que pasan los años. Mientras más años tenga, más cuesta, igual que el bonsái”, explica el propietario.  

Los cactus más preciados los tiene en su casa, donde actualmente está construyendo un muestrario lleno de especies exóticas y sobresalientes, que se complementan con rocas que trajo de Torotoro. Tiene el proyecto de que las personas amantes de estas plantas puedan visitarlo. “No lo tengo en el vivero porque, si vienen, les pueden tentar”, dice. 

UN TRABAJO PACIENTE

Al ser plantas que viven cientos de años, la paciencia y constancia son claves a la hora de dedicarse al trabajo de reproducirlas. 

Pérez indica que, inicialmente, sí es complicado cuidar los cactus debido a sus espinas, para lo que se puede usar guantes o papel periódico y así evitar las temidas pinchadas, “pero, una vez que lo manejas bien, ya no te pinchas”.

Como ya cuenta con una amplia variedad, el joven extrae semillas de plantas madre luego de polinizarlas manualmente. Después, prepara esos granos en almácigo hecho con tierra especial para cactus, que está mezclada según cada variedad. “Algunos necesitan más poroso el sustrato y que tenga buen drenaje, entonces le aumento un poco más de arena. Pero, para la mayoría, coloco siempre un 30% de arena de río”, detalla. 

Ese es solo un proceso inicial que verá sus frutos muchos años después. Son plantas que demoran décadas en crecer, eso las convierte en especiales y, por eso mismo, suben de precio según los años. “Para que mida entre cuatro y cinco centímetros demora dos años”, afirma. 

De hecho, los plantines que tiene a la venta en este momento ya tienen, por lo menos, cuatro años. Los que están en semilla verán la luz mucho después. 

Pese a esto, asegura que le va bien gracias a la buena aceptación de sus clientes, tanto que ahora está plantando nuevas especies en invierno, una época no tan apta, pero la alta demanda lo amerita. 

Para los que tienen cactus en casa o quieren iniciar en este gran universo, Pérez aconseja que estas plantas deben estar en espacios exteriores, regarlas una vez cada dos semanas y, si están en maceta, cambiar de tierra cada dos años. “En invierno no se debe regar casi nada, porque en verano absorbe el agua suficiente que necesita para sobrevivir toda la época seca”, explica. 

Aunque en principio existían dudas, hoy Cacti Jardín es uno de los viveros más grandes de Cochabamba y de Bolivia. Así lo valora y reconoce la familia de Gróver. “Mis papás están contentos porque estoy al lado de ellos y se sienten más tranquilos, ya no me dicen ‘ya no hagas, hijo’, solamente me apoyan y me impulsan: ‘construye más invernaderos, hay terreno disponible’”, relata entre risas.

Para más información se pueden comunicar al teléfono 71492980.