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  • Diario Digital | sábado, 25 de mayo de 2024
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Bob Odenkirk, el actor en quiebra que revivió en el set de “Better Call Saul”

La serie catapultó la carrera del artista  trece años atrás. El día que dudó antes de aceptar ser Saul Goodman y cómo se recuperó de un infarto en pleno desierto.

El actor, Bob Odenkirk. ALAMY-TWITTER
El actor, Bob Odenkirk. ALAMY-TWITTER
Bob Odenkirk, el actor en quiebra que revivió en el set de “Better Call Saul”

Una pregunta recorre el último capítulo de “Better Call Saul”, el spin-off del fenómeno “Breaking Bad” sobre la vida del abogado criminal Saul Goodman que llegó a su fin después de seis temporadas: “¿Que harías si tuvieras la máquina del tiempo?”. Bob Odenkirk, el protagonista que encarna el derrotero delictivo del defensor de narcos, tal vez no dudaría al responder.

Si tuviera la máquina del tiempo, el actor probablemente volvería a la mañana de 2008 en que recibió el llamado de su agente con la propuesta que cambiaría su suerte: “Escuchame: no digas que no. Te ofrecen un papel en ‘Breaking Bad’, es un muy buen show y el tipo de personaje por el que la gente gana Emmys”. Hacía dos años que no le hacía asco a ninguna oferta: estaba quebrado después de volcarse a la dirección tras una larga carrera como guionista y comediante. Sus dos películas –“Let’s go to prison” (2006) y “The brothers Solomon” (2007)– habían resultado un fracaso y había tenido que pedir prestados 900.000 dólares para mantener a su familia a flote, según él mismo contó hace unos meses.

Sin embargo, Odenkirk dudó. Nunca había visto nada de la serie más que en algún anuncio callejero y presentía que tampoco sería un éxito. La creación de Vince Gilligan iba por la segunda temporada y la audiencia no parecía acompañarla demasiado; podía ser cancelada en cualquier momento y sumarse a la lista de sus participaciones fallidas. Todavía le dolía no haber quedado en el casting de “The Office” y el de Saul Goodman estaba lejos de ser un protagónico: apenas tenía pautadas tres participaciones como invitado especial. 

Llamó a su amigo Reid Harrison para pedirle consejo: “¡Dios mío! –dijo Reid ante ese tono apático del que Odenkirk haría un sello–. ¡Es el mejor programa de televisión de la historia!”. “¿En serio?”, siguió el actor, según él mismo recordó en 2015 en una entrevista con GQ. “Sí, en serio. Es una locura. Lo tienes que hacer. No deberías estar llamándome a mí, ¡llamalo a Gilligan!”, le insistió.

Gilligan y el director Peter Gould lo habían visto actuar en “Mr Show”, la comedia surrealista de sketches de culto que escribió y protagonizó con David Cross, a quien había conocido en el show de otro amigo y excompañero de oficina en sus tiempos de guionista de “Saturday Night Live”: Ben Stiller.

Aunque la comedia que hizo con Cross para HBO nunca terminó de despegar por fuera de su nicho, se sostuvo  cuatro temporadas al aire (entre 1995 y 1998) y fue la vidriera en la que desplegó su carácter en parodias como la de un policía malo, un mafioso, o cantantes de soul o rap que, de tan desafinados, rozaban la genialidad. La vidriera para que los autores de “Breaking Bad”    descubrieran en él al indicado para ser el abogado de Walter White (Bryan Cranston).

Puede que viajar en el tiempo para corregir la propia historia no tenga sentido. Después de todo, fue la sucesión de frustraciones en su carrera la que llevó a Odenkirk a levantar el teléfono para aceptar finalmente el papel de su vida. “Tu nombre será Saul Goodman”, le dijo entonces Gilligan. El actor volvió a dudar, y hasta le ofreció una salida: “Mirá que no soy judío, está lleno de buenos actores judíos que van a poder hacerlo mejor que yo”. Gilligan insistió: “No es judío, es irlandés. Su verdadero nombre es Jimmy McGill”. Recién ahí Odenkirk se convenció de que podía interpretarlo: “Soy mitad  irlandés, puedo hacer eso”.

Odenkirk voló entonces a Albuquerque desde Los Ángeles con su mujer desde hace 25 años, Naomi Yomtov, y sus hijos –Nathan (23) y Erin (21), que todavía eran pequeños. Había conocido a Yomtov, productora y manager de talentos, cuando ella lo fue a ver al stand up que hizo en una librería de arte y arquitectura, en 1995. Esa noche ella se juró que iba a casarse con ese hombre que la hacía reír como nadie, pese a ser un poco torpe en el campo de la conquista. Ya sabía por su trabajo que él había tenido un padre alcohólico y que su respuesta al trauma era “entre ridícula y patética”, como él mismo escribe en “Comedy, Comedy, Comedy, Drama”, el bestseller con sus memorias. 

El actor nació en Berwyn, Illinois, el 22 de octubre de 1962, y creció en Naperville como el segundo de siete hermanos. El padre –casualidades–, también se llamaba Walter; trabajaba en una imprenta. Su madre, Barbara, era católica practicante. Se   separaron cuando Bob tenía 13 años, y él creció odiando a ese otro Walter en su biografía tanto como al pueblo en el que vivían y con la decisión firme de evitar el alcohol tanto como pudiera.

Se había graduado a los 16 años por sus notas sobresalientes y prácticamente había escapado a la Universidad de Southern Illinois, donde pronto mostró sus dotes de guionista y comediante en la radio universitaria. Terminó la facultad en el Columbia College de Chicago, a donde se había mudado para estudiar improvisación. 

En sus memorias, el actor recuerda sobre el día que conoció a su esposa: “El show de esa noche fue como casi todos los que hice, desprolijo pero divertido. La mejor parte fue descubrir a una mujer joven y brillante que había ido a verme y conseguir su teléfono. Cuando estaba saliendo, le grité: ‘¿Y tú quién eres? Dame tu número’. Lo anoté y esperé un mes para llamarla. Como no atendió, le dejé un mensaje en el contestador, sin darle mi teléfono. Volví a llamarla unas semanas más tarde. Me llevó dos citas saber que había encontrado a mi mejor pareja en la vida. Todavía mejor que David Cross, si eso es posible”.

Es probable que no haya pensado en nada de eso en el avión camino a Albuquerque. Estaba demasiado concentrado en ponerse al día con la serie: no llegó a terminar un capítulo. Aunque iba a entender rápido que Gould y Gilligan eran de los que no escribían ni una palabra de más en los libretos. 

Decidido a salir de la bancarrota, puso todo de sí en ese abogado corrupto, pero querible. De los tres episodios iniciales –el primero es el octavo de la segunda temporada de la serie, llamado “Better Call Saul” por el pegadizo comercial de TV en el que Goodman promociona sus servicios para los marginales de la ley–, pasó a tener una participación permanente en las  siguientes temporadas de “Breaking Bad”, mientras se adentraba cada vez más en el papel.

Lo que pasó después es historia conocida para todos los fanáticos: la serie se convirtió en una de las más aclamadas de todos los tiempos y ahora también con la precuela/secuela que la dupla Gilligan-Gould ideó a continuación. El título sería el mismo que el del primer capítulo en el que apareció; el argumento: contar cómo ese abogado inescrupuloso había perdido sus escrúpulos, su propio camino en eso de abandonar la moral, la génesis de su “Breaking bad”.

Puede que para su personaje, por el que casi deja literalmente la vida en julio del año pasado, cuando sufrió un infarto en pleno rodaje en medio del desierto, todo esté perdido. Pero, tras recuperarse y volver a las grabaciones después de un alto de seis semanas –se salvó gracias a que había un desfibrilador en el set y lo trasladaron de urgencia a un hospital de Albuquerque–, su carrera solo parece ir en ascenso.

Bob no olvida el día en que su corazón se detuvo 18 minutos. La escena en la que sufrió el ataque cardíaco no podría ser otra, y habla de hasta qué punto se involucró con el personaje que le costará dejar tanto como a los fanáticos: según reveló recientemente a Entertainment Weekly, fue mientras filmaba el octavo episodio de la sexta temporada, en el que él y su genial pareja de la ficción, Kim Wexler (Rhea Seehorn) son capturados por el temible Lalo Salamanca (Tony Dalton).

Ahora le toca despedirse del set, que fue su segunda casa, y el personaje que lo acompañó por tanto tiempo. “Gracias por darnos una oportunidad – dijo en un tuit, como si viajara en el tiempo justo hasta el     momento en que decidió tomarla–. Salimos de la que quizá sea la serie favorita de mucha gente (‘Breaking Bad’), y podríamos haber sido odiados simplemente por intentar hacer una serie, pero no fue así. Nos dieron una oportunidad, y espero que la hayamos aprovechado al máximo. Gracias por seguir con nosotros: no hice nada para merecer este papel, pero espero habérmelo ganado”. 

Y, sin duda, se lo ganó.