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  • Diario Digital | martes, 21 de septiembre de 2021
  • Actualizado 17:08

Artesanías Loza, el legado de la comadre Remedios que pervive

Artesanías Loza, el legado de la comadre Remedios que pervive

Cada miniatura que se expone en Artesanías Loza tiene una historia, una persona detrás que la elaboró con base en los conocimientos de cuatro generaciones anteriores; cada detalle es único y eso lo saben quienes conocen el legado de esta tienda, que no solo data desde que la comadre Remedios Loza se hizo cargo, sino desde mucho antes. 

Sayuri Loza, hija de los reconocidos conductores y políticos Remedios Loza y Carlos Palenque, sigue los pasos de su madre y lleva adelante la tienda de artesanías, en La Paz. Este lugar es una herencia familiar que comenzó con su bisabuela, quien fabricaba sombreros; luego le siguió su abuela, la que amplió la labor e inició la elaboración de sombreros en miniatura para la fiesta de Alasitas, alrededor del año 1940. Desde aquel momento, el trabajo no paró más y se volvió la esencia de la familia. 

“Desde los años 70, más o menos, se han dejado de usar los sombreros grandes como en el pasado, entonces nos hemos dedicado en exclusivo a crear los sombreros para Alasitas”, cuenta Sayuri. 

La especialidad de la tienda de artesanías son, sin duda, los sombreros, de diferentes tipos, entre nacionales e internacionales. También realizan disfraces para muñecos, desde el tamaño para una Barbie hasta trajes para niños, o lo que el cliente desee ya que hacen a medida. Otras de sus ofertas son los sombreros militares para los santos, trajes folclóricos y máscaras de tobas, morena u otras danzas típicas. No olvidan sus inicios y fabrican sombreros grandes a pedido. 

Es un negocio familiar; además de Sayuri, también trabajan sus tías y primas en la elaboración de todas las artesanías. 

ALASITAS VIRTUAL

Alasitas es una de las fiestas más concurridas a nivel nacional, pero en La Paz tiene un simbolismo especial. Este año, debido a la pandemia, se suspendió; sin embargo, las redes sociales fueron clave para cumplir, de alguna forma, con la tradición. “Ha sido impresionante, no imaginamos tener tanta respuesta. Inicialmente fue como un juego, mis amigos me sugirieron hacer una feria virtual, nos pusimos en campaña, hicimos un video y mostramos cómo se hace una ch’alla. No pensábamos vender de forma virtual, pero nos comenzaron a hacer pedidos”, relata Sayuri.

Para la ocasión ofrecieron Ekekos de diferentes variedades, tienen una pequeña boutique con sombreros, ponchos, chalecos, chuspas, pututus y chalinas. Cada prenda está confeccionada con diferentes texturas y material, como la piel de vicuña y el aguayo. 

Debido a la gran aceptación de las personas, hicieron envíos a varios departamentos y entregaron mediante delivery. El cliente solo debe hacer el depósito y ellos se encargan de mandar el pedido. El teléfono de contacto es: 78944933.

LA HABILIDAD DE REINVENTARSE

Para la familia Loza, ser artesanos es motivo de orgullo. En diferentes ocasiones les ha abierto las puertas. “Mi mamá accedió a ser comunicadora a partir de sus artesanías. Ella fue a mostrarlas al programa ‘La hora del chairo’, que lo conducía mi padre”, cuenta. 

Este último año fue complejo debido a la pandemia, sobre todo para las personas que se dedican a la actividad informal. Sayuri comenta que esperaban recuperar algunos gastos durante esta fiesta, pero como se suspendió tendrán que esperar otra ocasión. Sin embargo, ella toma todo con calma y optimismo. “A la gente le gusta ir a pasear, comer anticucho, casarse, comprar ropa para muñecos. No me gusta ver nada de manera fatalista, nosotros hemos sabido  movernos, haciendo distribución on line y creo que esa es la capacidad que tenemos de reinventarnos”. 

El apoyo de sus compradores fue fundamental para mantener la tienda a lo largo de tantos años. “He tenido la suerte de tener clientes que no les importa el precio, lo que les importa es que esté bien hecho, eso nos da mucha energía y ánimo para seguir. No es fácil trabajar miniaturas, costurar cosas tan pequeñas, y muchas veces existe la mentalidad de que algo que es grande es caro porque es grande, y algo pequeño debería ser barato”, dice. 

Una de las cosas que más destaca de la fiesta de Alasitas es que reúne a personas de todos los sectores sociales. “El 24 yo veo jailones de la zona sur que suben para comprarse sus billetitos, y gente de las periferias; nos sentamos y nos juntamos, y aparecemos en el mismo puesto comiendo plato paceño. Nos entendemos y nos damos cuenta que no somos diferentes”, relata Sayuri. “Estar en la Alasitas y jugar canchita nos muestra que podemos ser un país unido, que no tendríamos por qué pelear”, añade. 

Desde que murió su mamá entiende lo complejo que es ser hija de alguien “famoso”, y sus padres sí que fueron fundamentales para la historia nacional. “De repente veo que tengo muchos seguidores y que la gente cree en mí. Tener el poder de ayudar es lo mismo que hacían mis padres, ahora yo lo entiendo”, explica.

Sueña mucho con colaborar a las personas de menos recursos, mejorar la sociedad y preservar, sobre todo, la cultura, sin divisiones mediante la aceptación de la diversidad. “Mi padre es blanco, mi madre indígena, no puedo atacar a uno y defender a otro. Mi obligación es el legado que me dejaron mis padres, la búsqueda de una nación en la que todos podamos trabajar en igualdad de oportunidades”, finaliza. l