Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 27 de enero de 2023
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Arte sacro en Bolivia, una oportunidad para jóvenes de áreas rurales

El proyecto Mato Grosso, iniciado por el sacerdote italiano Ugo de Censi, se desarrolla en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz —al igual que en otros tres países— con el objetivo de enseñar a los adolescentes a elaborar todo tipo de muebles y generar así un sustento de vida. 

Retablo construido por más de 20 artesanos de La Paz para la parroquia de Santa Ana de Cala Cala.
Retablo construido por más de 20 artesanos de La Paz para la parroquia de Santa Ana de Cala Cala.
Arte sacro en Bolivia, una oportunidad para jóvenes de áreas rurales

Hace más de cinco décadas, el sacerdote italiano Ugo de Censi inició una cruzada que revolucionó la vida de cientos de jóvenes de comunidades rurales a través del arte sacro, les dio la oportunidad de hacer crecer sus poblaciones y generar ingresos propios. Este proyecto actualmente está vigente en Bolivia, Perú, Brasil y Ecuador y se enfoca en la construcción de muebles y todo tipo de adornos hechos a mano en madera. 

La Asociación Familia de Artesanos Don Bosco Bolivia es parte del legado que dejó De Censi en el país. Aglutina a más de 120 carpinteros, talladores y escultores de las comunidades Pasorapa, Bolívar y Huaypacha, en  Cochabamba; Carabuco, Escoma y Ambaná, en La Paz; y Postrervalle, en Santa Cruz. La enseñanza se da a nivel técnico los últimos seis años de colegio, paralelamente a las demás materias, en unidades educativas-internados que integran el proyecto Operación Mato Grosso, que inició todo este movimiento trasnacional.  

Los profesores son, en su mayoría, voluntarios italianos que reclutó De Censi, quienes les enseñan a los varones el arte de construir muebles y adornos, y a las mujeres, la elaboración de textiles. Los estudiantes son, casi siempre, personas de bajos recursos  económicos con pocas posibilidades de acceder al estudio. 

El objetivo de este proyecto es que los jóvenes puedan continuar su vida en su comunidad y no migren, como ha sucedido mucho los últimos años. De esa forma, se genera una economía circular en la población, que posibilita mejorar la calidad de vida de los lugareños. 

“A veces, muchas personas se van de sus comunidades a la ciudad o al extranjero. La idea es que ellos puedan tener un ingreso económico y sostener a sus familias estando en su lugar natal”, explica una de las responsables de la Asociación, Lineth Morató. 

La Operación Mato Grosso llegó a Bolivia alrededor de la década del 70 con proyectos diversos, como colaboraciones a hospitales, instalación de agua potable y otras obras sociales. En 1994, empezaron los talleres de escultores, dando como resultado la primera promoción de estudiantes a inicios del año 2000. 

Al terminar su formación, la escuela les entrega una caja de herramientas para que ellos puedan seguir el trabajo junto con la Asociación o de forma individual. 

Los artesanos aprenden a elaborar muebles tallados o marqueteados con características religiosas. Utilizan madera cedro con tres tipos de acabado: natural, con tinta que emula madera nogal o mara. “Una vez que terminan la escuela ellos toman la decisión de quedarse en la Asociación o no, y nosotros nos encargamos de comercializar esos muebles en las tiendas fijas en la ciudad; todo el dinero es para ellos”, explica Morató. 

Asimismo, una de las ventajas de este proyecto es que posibilita el intercambio de los jóvenes a diferentes países donde están las escuelas Don Bosco, o a otros departamentos de Bolivia. 

El inicio de toda esta operación se remonta muchos años atrás y comienza como un sueño personal que trascendió a varios países y cambió muchas vidas. 

De Censi en una comunidad en Perú.

UNA IDEA QUE REVOLUCIONA 

El sacerdote Ugo de Censi perteneció a la Congregación Salesiana, desde donde realizaba una serie de labores sociales en su natal Italia, hasta que conoció la realidad de algunas poblaciones en Brasil. De esa forma creó el proyecto Operación Mato Grosso, en 1967, para reunir ayuda junto con otros jóvenes italianos y colaborar, en primera instancia, a las personas de esa región del país carioca en la construcción de un hospital. 

Sin embargo, rápidamente el proyecto se multiplicó y se expandió a Perú, Ecuador y Bolivia. Este movimiento juvenil se enfoca en recolectar ayuda para los más necesitados en América Latina, y una de las mejores formas de hacerlo es mediante trabajo de todos los involucrados. 

“Debemos ensuciarnos las manos, no es que debamos ir a pedir plata del Gobierno o de otros. Si queremos cambiar el mundo, debemos cambiar nosotros, por eso trabajamos”, explica Stefano Zordan, un voluntario italiano que llegó a Bolivia siguiendo los pasos del sacerdote De Censi y se instaló en Carabuco, hace 17 años, donde enfocó todos sus conocimientos en la enseñanza. 

Todo el dinero que se recolecta en Italia se manda hasta Perú, Brasil, Ecuador y Bolivia para solventar los proyectos en las comunidades. La mayor cantidad de integrantes está en Perú, ya que De Censi vivió ahí hasta su muerte, en 2018. 

Zordan se unió a la Operación Mato Grosso, en Italia. Relata que, primero, comenzó a trabajar junto con otros voluntarios para subvencionar la construcción de sus casas en Sudamérica. “Me pidieron que venga a ayudar a Bolivia y yo llegué a Carabuco con mi hijo mayor, que recién tenía un año y medio”, cuenta. 

“Cuando llegué, vi que los jóvenes no tenían  futuro porque falta trabajo. Una vez que acababan el bachillerato se iban. A ellos hay que darles la posibilidad de soñar algo, de formar una familia, tener una casa bonita, pero en la provincia es difícil. Por eso, el fundador de nuestra organización nos enseñó a darles una instrucción técnica humanística”, añade el  italiano. 

El maestro resalta que el trabajo que realizan en las escuelas Don Bosco es único y tiene un valor especial. “Todas las piezas que realizan es una obra de arte. En Bolivia, no hay otro acabado como el que hacen ellos”, afirma Zordan. 

Actualmente, el voluntario trabaja con 50 artesanos de su comunidad y detalla cómo ha ido cambiando la realidad de estas personas los últimos años, además de su entorno gracias a su poder adquisitivo. “Ellos están cambiando toda la microenomía del pueblo”.

Zordan explica que las obras que realizan los varones es mucho más fácil de comercializar porque es única en el país. Sin embargo, en el caso de las mujeres, que hacen tejidos, costura y bordados en lana de alpaca y oveja, es más complicado porque Bolivia se caracteriza por tener amplia gama de producción de este tipo. 

Haciendo un análisis sobre el impacto de este proyecto en Bolivia, el voluntario resalta que la calidad de los trabajos fue mejorando a medida que los estudiantes se capacitaron más. “Mientras en el inicio se necesitaban profesores que venían del exterior, ahora nuestros jóvenes también enseñan a los nuevos estudiantes”, asegura. 

Recuerda que la primera promoción de estudiantes de Bolivia no se quedó en la comunidad, pero, a medida que pasó el tiempo, el número fue aumentando en los siguientes años. Sin embargo, también hubo casos en los que otros se fueron a estudiar en la universidad o para abrir sus propios talleres en la ciudad, que también es uno de los objetivos del programa. “La idea es que cambie la vida del joven”, dice Zordan. 

Parroquia Santa Ana de Cala Cala.

UN RETABLO PARA CALA CALA 

Hace poco, la Asociación Familia de Artesanos Don Bosco entregó un retablo, de más de ocho metros de alto por cinco metros de ancho, a la parroquia Santa Ana de Cala    Cala. 

Esta monumental pieza representa la resurrección y tiene tallado a mano las figuras de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, los apóstoles, los santos Lucas, Marcos, Juan, Mateo, Ana y Joaquín, al igual que los cinco misterios del Santo Rosario, entre otras figuras más. De hecho, la corona que está alrededor del retablo representa las 50 rosas del rosario. Asimismo, tiene la representación del sagrario o tabernáculo, que está bañada en pan de oro. 

La idea surgió a pedido del sacerdote de la parroquia, Federico Torrico, junto con el consejo pastoral, en 2019. El retablo fue construido en Carabuco, en La Paz, demoró alrededor de tres años debido a la complejidad de la obra y por los problemas que surgieron en el camino, como la pandemia. Trabajaron, rotando, alrededor de 20 artesanos paceños. La pieza está hecha de madera maciza de cedro, tallada y pintada a mano. 

Al ser una escultura de gran tamaño, fue construida en tres partes, que llegaron separadas hasta Cochabamba y se armaron directamente en la iglesia durante 10 días.

Actualmente, la Asociación Familia de Artesanos Don Bosco realiza una feria de muebles en la parte oeste de la parroquia de Cala Cala, que estará abierta hasta el 8 de agosto. Hay muebles de todo tipo, desde camas, sillones, comedores y escritorios, al igual que juegos de ajedrez y adornos de pared. Asimismo, se puede encontrar todas las piezas en su tienda permanente ubicada en la calle Huallparimachi #1818 y hacer pedidos de todo tipo al 68056202. l