Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 18 de septiembre de 2021
  • Actualizado 03:50

A un año de la pandemia

Patricia López, Psicóloga.
Patricia López, Psicóloga.
A un año de la pandemia

Hace ya más de un año que todos los ciudadanos del mundo venimos atravesando una situación muy difícil, triste y preocupante a causa del virus COVID-19, pandemia que nos ha ocasionado una serie de cambios y alteraciones drásticas en nuestra forma de vida y en nuestra cotidianidad. 

En un abrir y cerrar de ojos hemos tenido que aprender y adaptarnos a nuevas formas de vivir cumpliendo y utilizando protocolos ajenos y extraños a nuestra normalidad, aplicando medidas esenciales de protección y sobrevivencia, como mantener distancia al relacionarnos con otras personas, no abrazar ni besar, usar barbijos, lavarnos las manos, hasta    desinfectarnos con alcohol continuamente.

Sentimos que el miedo al contagio está latente y es parte de nuestras vidas, ya que si hasta hoy no hemos enfermado en carne propia, hemos sido testigos y hemos sufrido de cerca el padecimiento de la enfermedad de un ser querido o un amigo, e incluso la muerte.

En esta nueva y extraña realidad vemos que la pandemia no solo ha amenazado la salud física de miles de personas, sino que ha alterado nuestra rutina completamente, ha causado estragos en nuestro bienestar emocional y ha provocado un impacto psicológico significativo que conlleva sentimientos de angustia, ansiedad, temor y, en algunos casos, depresión.

Percibimos el futuro con incertidumbre, desesperanza y preocupación, vivimos con mayor vulnerabilidad, subidas y bajadas emocionales que a momentos nos dejan sin aliento, ya que no vemos claramente una luz al final del túnel y no sabemos con precisión cuándo terminará esta situación o si en algún momento podremos otra vez retomar nuestras actividades con normalidad.

Todos estos sentimientos de preocupación y frustración son racionalmente naturales y propios de esta realidad adversa que estamos viviendo; más bien, lo raro y anormal sería no sentir o tener en algún momento temor o pensamientos dolorosos al respecto.

Afortunadamente, los seres humanos de forma innata tenemos el instinto de sobrevivencia y conservación que nos impulsa y nos mueve a luchar y a defendernos en situaciones de peligro o situaciones adversas. Adicionalmente, tenemos la capacidad de reflexionar, analizar y buscar el camino que nos lleve a transformar y mejorar este escenario negativo, tomando la decisión y encontrando la fortaleza para superar y sobreponernos ante la adversidad, para así disminuir y paliar de alguna forma el impacto negativo y lamentable de esta pandemia.

Toda etapa en la vida sugiere cambios, adaptación y aprendizajes. Esta pandemia que nos ha movilizado de diferentes formas, ha sido también un tiempo y una oportunidad para darnos cuenta de que hemos aprendido y conocido más de nosotros mismos, de nuestras debilidades y fortalezas, a ser conscientes de la fragilidad de la vida, a saber y a valorar qué es lo verdaderamente importante…pero, sobre todo, a no perder la esperanza de un mejor mañana.

NOTA:

Para cualquier consulta o comentario contactarse con la responsable de esta columna, Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), al correo electrónico [email protected] o al celular/ WhatsApp (+591) 62620609