Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 29 de febrero de 2024
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LECTURAS SUTILES

Los animalitos no son cosas, son nuestros maestros

Cecilia Losantos Quiroga, Socióloga de Familia, Terapeuta Holística y Life Coach.
Cecilia Losantos Quiroga, Socióloga de Familia, Terapeuta Holística y Life Coach.
Los animalitos no son cosas, son nuestros maestros

La historia de la humanidad está plagada de hechos de violencia, maltrato y abusos, pero también de derechos alcanzados, producto de luchas y vidas ofrendadas. Logramos primero los derechos del hombre y del ciudadano, y a partir de ahí, a lo largo de varias décadas, otros derechos humanos para proteger principalmente a grupos vulnerables como los trabajadores, las mujeres, los niños o los ancianos. Y así, poco a poco fuimos tomando conciencia de que todos los seres vivos, incluidas la tierra y la naturaleza, tienen derecho a existir, ser respetados, cuidados y protegidos. 

En el caso de los animalitos este proceso no ha sido una excepción y así, en 1978, después de 3 reuniones internacionales sobre el tema, la Liga Internacional de los Derechos de los Animales junto a las ligas afiliadas, proclamaron la Declaración Universal de los Derechos de los Animales misma que, posteriormente, fue aprobada por la ONU y por la UNESCO. Dicha ley contempla 14 artículos, y en el último expresa: “Los derechos de los animales deben ser defendidos por la ley de la misma manera en que lo son los derechos del hombre”, lo cual no es poco.

Sin embargo, en la práctica, el ir asumiendo, integrando y dándole lugar en la vida cotidiana a estos derechos plasmados en papel, no es fácil; implica su difusión, mucha educación, pero, principalmente, la toma de conciencia de que, si tales derechos han merecido una mirada y un reconocimiento internacionales, es porque son importantes para la convivencia humana y para la vida en el planeta. Y sobre todo en un país como el nuestro, donde todos los días se atropella a sectores vulnerables como los niños, qué podemos esperar respecto al reconocimiento y respeto a los derechos de los animales. 

Se supondría por ejemplo que, si un ciudadano tiene un perro, se hace cargo responsablemente de él, brinda la seguridad de que no dañará a nadie y limpia sus desechos, tendría pleno derecho de ir a un parque a compartir en familia. Pero como lamentablemente en nuestro país los animalitos son vistos como objetos, casi como cosas, y existen personas incultas que ejercen un pseudo poder e ignoran que los animales tienen derechos, arrogándose la autoridad de decidir, por ejemplo, que un parque no es lugar para perros, vemos que nos falta mucho, demasiado. Nos falta educación, conciencia, sensibilidad, “humanidad”.

Por ello es tan importante ir creando conciencia todo el tiempo; es necesario que nuestros niños y los adultos seamos conscientes de lo que implica la convivencia humana, del reconocimiento y la práctica del respeto a los derechos de los otros, sobre todo de quienes no tienen voz. Ahí está nuestra madre tierra, los bosques y la fauna hoy tan vejados en nuestro país que, si bien ha sido grandemente bendecido con una naturaleza tan pródiga, nos estamos encargando de demostrar que no sabemos cuidar. 

Los animalitos son criaturas de Dios, son los compañeros que la vida nos regala y que vienen a hacer un servicio a la humanidad: permitirnos ver quiénes de verdad somos. Ya es hora de dejar de considerarlos objetos de uso o mercancías de compra-venta que, cuando ya no se necesitan, se descartan. Son  seres indefensos, sin voz, que vienen a mostrarnos que mientras nosotros, humanos “civilizados”, no seamos sensibles y solidarios con cualquier necesidad ajena, principalmente de un débil, seguiremos viviendo en una sociedad de injusticia, maltrato y atropellos. Comencemos ahora a generar un cambio, el presente está en nuestras manos, es hoy.