Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 15 de septiembre de 2019
  • Actualizado 06:26

Piraí Vaca, el renacimiento de un artista

Actualmente prepara una gira por todo el país. Hace cuatro meses nació su segundo hijo y vive una etapa de plenitud en todos los aspectos de su vida.
Piraí Vaca, el renacimiento de un artista


“Yo vine a este mundo traído por la música. Es un regalo que se me otorgó para nacer”, dice convencido Piraí Vaca. Durante más de 30 años de carre-ra, el cruceño se ha dedicado a encontrarse a sí mismo a través de las melodías que lo llenan y le permi-ten vivir los avatares del día a día.

Proveniente de una familia de ar- tistas tuvo su primer contacto con la música a los nueve años cuando su padre, el pintor y muralista Lorgio Vaca, le regaló una guitarra que trajo desde España.

Lorgio, a quien también le gustaba tocar y cantar, sentía que su hijo podía seguir sus pasos y se encargó de enseñarle sus primeros acordes. Al año siguiente, cuando tenía 10 años, ingresó al Instituto de Bellas Artes que se había creado recientemente. Ahí aprendió a tocar la guitarra como solista de la mano de su profesor Luis Valdez. A medida que fue creciendo, su conexión con la música se fortaleció. Cuando cumplió 13, junto a tres amigos, formó el grupo folclórico Bolivia Unida con los que tocaba zampoña, charango y bombo.

Poco a poco, se fue ganando un espacio dentro de la escena musical, participaba siempre de las horas cívicas, recitales de fin de año y concursos intercolegiales de rock con su guitarra eléctrica. Aquel niño que iba forjando su profesión aún tenía mucho por recorrer y crecer, pero esas actividades marcaron sus inicios.



CARRERA INTERNACIONAL

Al salir del colegio, Piraí tenía la idea clara de que quería dedicarse de forma profesional a la música. Estaba dispuesto a estudiar ocho horas al día y así lo hizo. Recorrió diferentes países para prepararse junto a los mejores maestros.

Su primera parada fue el país vecino de Argentina en el Collegium Musicum de Buenos Aires en 1986. “Cada uno de estos países me ha regalado algo. En Argentina viví la soledad, fue el primer año después de que me fui de casa. Habiendo sido un niño con cierto talento en Bolivia, llegué allá siendo un total desconocido. Eso me arrastró por los suelos. Fue muy difícil estar lejos de mi familia. Era un monstruo de ciudad”, cuenta.

Después de un año de estadía se dio cuenta que no era lo que estaba buscando, no llenaba sus expectativas, así que se fue a Cuba donde conoció otra realidad. El país caribeño estaba caracterizado por tener un alto nivel de preparación musical, eso sorprendió a Piraí y lo impulsó a mejorar. “En Cuba pasé de ser uno de los mejores a ser el último en la lista. Era un nivel extraordinario, cualquier persona tocaba bien en La Habana. Tuve un shock por llegar a un lugar con tanta capacidad y yo ser un donnadie. Ahí, por primera vez, aprendí lo que era ser un profesional serio de la guitarra”, relata Vaca.

En La Habana logró obtener la licenciatura en Música en el Instituto Superior de Arte, logrando el reco-nocimiento como el “Mejor Gradua- do del Año en Trabajo Artístico Creador”. En ese mismo instituto también realizó un posgrado de Música del Siglo XVI.

Después de siete años, se trasladó a Estados Unidos donde pasó clases con Manuel Barrueco a quien le pagaba 250 dólares por hora. En ese momento, Piraí vivía uno de los mejores momentos de su carrera ya que había ganado el premio que él considera el más importante de su carrera: Fellowship of the Americas, otorgado por el Centro John F. Kennedy para las Artes, en Washington, Estados Unidos.

El monto otorgado al ganador era la suma de 25 mil dólares, que Vaca estaba decidido a utilizar solo en su formación profesional. “Mi maestro me enseñó a pensar, a oír. Sé que suena muy trillado, pero yo creo que el 98 por ciento de los músicos no oye. Manuel Barrueco me cambió por completo”, dice Piraí. Su preparación continuó y así llegó a Alemania donde hizo otro posgrado durante tres años junto a Hubert Käppel, quien, posteriormente, lo invitó a formar parte del cuarteto Fénix - International Guitar Quartet. Ese grupo le permitió a Piraí marcar presencia en la escena mundial de música. “Con Käppel fue una enseñanza creativa, no tan analítica. Con él volví y reaprendí a usar el cuerpo en la interpretación, a ser más emocional”, cuenta.

Este país europeo fue su hogar durante 13 años. Allí se casó y tuvo a su primera hija, Casiopea. Pero, un día se dio cuenta que algo no estaba bien, que no lo completaba totalmente y un nuevo camino se abría delante de sus ojos.



EL RETORNO Y LA FAMILIA

Piraí pasó 25 años fuera del país, la mayor parte formándose profesionalmente. Cuando se estableció en Alemania se dedicó a dar conciertos y hacer conocer su talento. Fue tal el reconocimiento que lo invitaron a dar clases, pero, ese fue el inicio de un cambio en su vida.

“Cuando me ofrecieron la oportunidad de enseñar en Alemania, me sentí un traidor porque sé que soy más útil en Bolivia, aquí hay mucho talento. Esa fue la primera vez que algo me hizo sentir que era momento de cambiar, de regresar a mi país. Los inviernos se me hicieron dema-siado largos. Los dos meses anual de gira en Bolivia ya no eran suficientes”, indica Vaca.

Ya separado de su esposa, la situación más difícil que atravesó fue tener que separarse de su pequeña hija, pero, a pesar de la distancia, man-tienen una excelente relación. Casiopea llega una vez al año durante junio y julio y Piraí la visita cada vez que está de paso por Europa.

Se cumplen siete años desde que volvió a Santa Cruz, la vida le sonrió y le dio la posibilidad de construir una nueva familia. “Estoy inmensamente feliz de volver a estar aquí. Me volví a casar hace casi cinco años y al fin tengo la relación que siempre soñé con una mujer extraordinaria. No puedo estar más feliz con mi amada”, dice Piraí sobre su esposa Jacqueline Labardenz con quien tiene un hijo de cuatro meses llamado Amir Altazor.

Para el guitarrista, volver a ser padre es una experiencia maravillosa. Según explica, aprendió a desarrollar otro tipo de amor, uno más sano y más profundo.

“Me conmuevo hasta puntos que a mí mismo me asombra. Es una experiencia que me potencia como ser humano. He llegado a márgenes de inspiración que no conocía. Es como si de pronto se abriera una puer- ta más a la expresión solo por su presencia”, relata Piraí.

Consciente de su crecimiento profesional y del fortalecimiento de su técnica, el guitarrista se encuentra en una de las etapas más sólidas de su vida. “Recién está empezando lo importante, lo bueno está aún por venir”, dice.

“Ahora, 30 años después de empezar esta carrera, me doy cuenta de que la música es una fuerza, un ente, un espíritu o como quieran llamarla, que me guía, me enseña, me cuida, me castiga, me da todo lo que necesito para desarrollarme, que no siempre son cosas buenas. Es la fuerza más extraordinaria que me impulsa y me hace posible conocer otras dimensión del universo y del ser humano. Mi pasión por la música me trajo a este mundo”, finaliza Piraí. l