Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 19 de septiembre de 2019
  • Actualizado 19:50

Navidad, tú le das el verdadero significado

No se trata de que la Nochebuena sea  la mejor noche del año, sino una oportunidad para compartir en familia.<BR>
Navidad, tú le das el verdadero significado



Las calles llevan días llenas de adornos, los escaparates tienen árboles, telas y luces que nos recuerdan las fechas que muestra el calendario. Los villancicos marcan el compás de las compras y las bolsas empiezan a pasear por las calles con destinos ajenos a quienes las llevan. Las navidades, buenas o malas, felices o infelices, crean un ambiente que es irrepetible en cualquier otra época del año.

Sin embargo, aunque estén seña-ladas en prácticamente todas las sociedades del mundo, en ninguna se vive de la misma manera. De hecho, dentro de estas no hay ninguna persona que la viva igual.

Para muchos niños representan la ilusión: la de ver a sus padres más tiempo que en todo el año, la de encontrarse con gente que no ven habitualmente, la de poder escribir una carta con deseos (sean o no concedidos), la de creer que el mundo es bueno porque las personas que les rodean también lo creen un poco más.

Así, si de algo hablan las navidades es de infancia.

LA NAVIDAD TRAE SENTIMIENTOS

De hecho, pasado el tiempo, la mayo-ría de los adultos experimenta un pequeño sentimiento de nostalgia, como el eco del primer amor, que recoge el deseo de volver a vivirlas como cuando éramos pequeños. A quienes nos rodean niños, es fácil que nos contagiemos por su ilusión y que de pronto nos quitemos unos cuantos años, muchos, de vida.

Enseñemos a los niños que tan hermoso es escribir una carta de deseos en la que describan las cosas que pueden ofrecer. Porque la Navidad es una época de esperanza, pero sobre todo es un tiempo en el que la felicidad nace con la entrega.

La Nochebuena es aquel momento en el que más echan de menos a esas personas que se han ido, aque-llas que se sentaron a la mesa el año pasado y que ya no están.

Su sentimiento debe ser respetado

y acompañado, porque van a sentirse más reconfortados cuando el ambiente que les rodea no les impone estar alegres y felices.

Muchas veces, estas personas no se permiten sentirse así, creen que desentonan con el espíritu de estas fiestas, cuando hay pocos sentimientos tan humanos que el echar de menos. Como todas, es una buena época para compartir, acompañémoslas en su dolor y la soledad que sienten probablemente será mucho menor.

MÁS QUE CONSUMO

Hay personas que piensan que la Navidad es la excusa perfecta para ser un poco más consumistas que el resto del año, para poder alejarnos más de nuestro interior, para empolvar con dulce por unos días lo que no soportamos.

Incluso hay otra gente que odia la Navidad porque piensa que sigue existiendo por una costumbre que no es muy sincera. Sin embargo, no olvidemos que el sentido de la Navidad se lo damos nosotros. Tenemos ese poder. Recordemos el maravi-lloso cuento de Navidad de Dickens en el que el reflejo del viejo Scruch nos debería hacer reflexionar: ¿Qué motivos tienes tú para ser feliz con lo pobre que eres? y/o ¿qué motivos tienes tú para ser infeliz con lo rico que eres?

Quizá la época navideña solo sea una excusa, una fecha en el calendario, luces o villancicos, pero cuando es para dar, ofrecer o acompañar, la excusa no solo es buena, sino que es realmente hermosa.

Que deseemos un tiempo especial de paz y amor no significa que no queramos esto el resto del año, si no que deseamos un lugar para dar color y valor a estos valores, que sin duda, son extraordinarios. l

Una oportunidad para ser mejores

Cualquier día del año es bueno para celebrar, pero ya que será Noche-buena, vamos a aprovecharla.

Ten en cuenta que ninguna familia es perfecta, pero es la tuya, y puedes aprender algo de todos aquellos que la componen.

No se trata de que sea la mejor noche del año, ni de que los regalos sean perfectos o de hacer que no existan los problemas, se trata de intentar ser mejores y dejar de recrearnos en lo negativo que nos predispone a un estado de malestar permanente.

A ti que no te conozco (o sí), deja los celulares y los rencores fuera de la mesa. Mañana los “te quieros” no están demás, tampoco las sonrisas ni los besos. Desea una buena noche a todos los que pasen por tu cabeza, y sobre todo, feliz Navidad.