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  • Diario Digital | domingo, 15 de septiembre de 2019
  • Actualizado 02:11

Humor e ironía y sus efectos en los seres hablantes

Humor e ironía y sus efectos en los seres hablantes

El humor y la ironía son recursos que se derivan de un uso muy particular de la palabra. Implican un saber hacer con la articulación del discurso que puede producir un efecto que va más allá del sentido de lo que se dice. Freud ya relacionaba el chiste con el inconsciente, planteando que las palabras pueden producir efectos satisfactorios en las personas

Uno puede dirigir la actitud humorística -no importa en qué consista ella- hacia su propia persona o hacia una persona ajena, en ambos casos se
trata del mismo proceso, un uso discursivo que no apunta a la transmisión de un sentido unívoco, sino al juego con el malentendido y a la polisemia de las palabras

Freud en su escrito “El Malestar en la Cultura” incluye al humor dentro de la serie de métodos que la vida anímica de los seres humanos ha desplegado a fin de sustraerse de la compulsión del padecimiento, una serie que se
inicia con la neurosis y culmina en el delirio, y en la que se incluyen la embriaguez y el aislamiento. El humor es un recurso que le sirve al ser hablante para mantener una dimensión de dignidad a pesar de los avatares de su existencia, implica el no consentir a la degradación de la vida que se manifiesta mediante la resignación y la autocompasión.
Es una forma de tratamiento de las contingencias de la vida cotidiana, por esta vía el sujeto se rebela ante lo mortificante, es opositor a la tendencia a sucumbir a lo desfavorable de las circunstancias reales

No todos los hombres son capaces  de la actitud humorística, es un don precioso y raro, muchos son hasta        incapaces de gozar del placer humorístico que se les ofrece.
Por otro lado, la ironía es definida como un modo de expresión o figura retórica que consiste en decir lo contrario de lo que se quiere dar a entender, empleando un tono, una gesticulación o unas palabras que insinúan la interpretación que debe hacerse.
Es un caso de burla que consiste en expresar un reconocimiento o valoración que no corresponde a lo que a todas luces se piensa o se siente. Como se ve, implica siempre un trabajo más o menos destacado de la inteligencia.
Desde el psicoanálisis podemos darle otro alcance a la ironía, al plantear      que es un uso del lenguaje que avala  la relación entre el lenguaje y el inconsciente, las palabras pueden decir más del sentido que transmiten. Lejos de ser una reacción agresiva la ironía es ante todo, una forma de interrogación, una modalidad de pregunta, es poner en cuestión la consistencia o incluso es la verificación de la inconsistencia, del sin sentido de los planteamientos ideales y absolutos, es poner en evidencia lo absurdo de la creencia sin verificación.
El insulto, por otro lado, es el esfuerzo supremo de la palabra para llegar a decir lo que es el otro como objeto,
para circunscribirlo en su ser y degradarlo. Según el contexto,  palabras por completo inocentes pueden adquirir un sentido injurioso

El lenguaje afecta todos los seres hablantes, sean palabras suaves, amorosas, hostiles, amables, tajantes, silenciosas o ruidosas. La materialidad
de la palabra deja marca en el ser
hablante, deja resonancias que exceden el nivel del sentido y que hacen
a la singularidad de las sensaciones
de placer o sufrimiento.
Para el psicoanálisis no hay buenas o malas palabras. El uso que cada sujeto le dé a las palabras es una muestra de la satisfacción (placentera o displacentera) que lo habita y lo hace funcionar. En este sentido, la apuesta del psicoanálisis es, como plantea Lacan,  la del bien decir, la del humor, que implica el poder transformar el drama de la historia del sujeto en una comedia en la que pueda disfrutar un poco más el vivir.
NOTA: Para cualquier consulta o comentario,  contactarse con Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), responsable de la columna, al correo [email protected]  o al  Teléfono/WhatsApp  62620609

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