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  • Diario Digital | lunes, 16 de septiembre de 2019
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LECTURAS SUTILES

Chicha y chicherías en Cochabamba: dos visiones

Chicha y chicherías en Cochabamba: dos visiones


Freud indicó que la relación del bebedor con la botella da una imagen perfecta del amor y del goce, y ahonda en esta idea: ¿qué función puede cumplir el alcohol en la vida de un ser humano? El psicoanalista argentino Luis Salomone señala que una sustancia permite al consumidor soportar las cruentas penurias que sufre. En ese sentido, el alcohol es un “quitapenas”, pero en los casos de adicción, la droga, sea cual sea, se fusiona con una tendencia destructiva del sujeto, que lleva al consumo compulsivo y a la bestialidad. En los párrafos siguientes se verán dos visiones acerca de la bebida nacional: la chicha.

Contrario al pensamiento popular, el vocablo chicha pertenece a los indígenas taínos del Caribe. En el imperio inca se la llamaba aqa, palabra que da cuenta del proceso de elaboración de la misma: la harina masticada, fermentada y secada al sol, es luego envasada y distribuida. Siempre presente en festividades por todo el Tahuantinsuyo, los cronistas españoles alertaron sobre el abuso que hacían los indígenas. En todo caso, este exceso es posterior: considerando las paupérrimas condiciones de vida de los “indios”, el alcohol funcionaba como “quitapenas”.

En el siglo XIX y XX, la chicha vivió un gran auge en Cochabamba. Revisando la bibliografía se encuentran testimonios que dan cuenta de esto, pero, las opiniones sobre bebidas alcohólicas y alcoholismo en esta época, provienen de archivos y de crónicas y, por tanto, llevan la impronta del recopilador. Por ejemplo, al describir la chichería existen dos visiones diferentes. La primera, perteneciente al historiador Gustavo Rodríguez Ostria, que es una perspectiva romántica, en la cual el lugar donde se consume chicha supone la supresión de las distinciones sociales, el estrechamiento de la fraternidad y la posibilidad de fusionar cuerpo y alma en el intenso abrazo de “eros”.

La chicha era un catalizador que unía a los seres humanos. La escandalizada sociedad cochabambina, apelando a los ideales de higiene

y moralidad, expulsó estos locales del área de la ciudad, y favoreció a la floreciente industria cervecera.

Otra visión más lúgubre, describe a la chichería como un lugar violento. Huáscar Rodríguez en su grandiosa recopilación histórica relata el ambiente de Cochabamba a principios de 1900 cercana a la Calabria italiana, por la propagación de bandas criminales que se habían apoderado de todo el Valle Alto. Estas hordas encontraban recreación y descan- so en las innumerables chicherías del lugar, y las libaciones realizadas a menudo iban acompañadas de hechos delictivos. En este caso, la

chicha era una substancia que enturbiaba el juicio y permitía la explosión de la agresividad.

El psicoanálisis plantea que la adicción es un aspecto adyacente a una pulsión destructiva, por la cual el sujeto termina enganchando a la sustancia. Una desintoxicación debe pasar por la dicción: aquella existencia que nos duele, no debe ser callada, suponiendo que la adicción es eso que no permite decir el sufrimiento. Poner en palabras el dolor del ser, permite apaciguar el mismo y soportar los recovecos de la vida.





NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez del Carpio (psicóloga), responsable de la columna, al correo electrónico [email protected] o al teléfono/whatsApp 62620609. Visítanos en Facebook como LECTURAS SUTILES.