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  • Diario Digital | jueves, 19 de septiembre de 2019
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Antes de Notre Dame, otros incendios que devastaron seis patrimonios culturales

La quema de la Catedral Notre Dame de París conmocionó al mundo entero y sirvió para recordar aquellas obras arquitectónicas que sufrieron la misma suerte. Desde la Biblioteca de Alejandría hasta el Liceo de Barcelona, el fuego se encargó de destruir gran parte de su legado histórico y patrimonial .
Antes de Notre Dame, otros incendios que devastaron seis patrimonios culturales


A lo largo de la historia el hombre fue dejando varias huellas que marcaron tiempos y contextos específicos. Pinturas, esculturas o edificaciones de gran tamaño y detalle son las principales. En su mayoría, cada una conserva los restos de la cultura a la que perteneció, por lo tanto su valor, más allá de lo material, es incalculable.

Al consolidarse como obras de gran valía artística y arquitectónica, varias fueron princi-pales blancos de todo tipo de sucesos provocados o accidentales que les causaron daños severos o, incluso, su destrucción total. Osea, además de perder una gran pieza arquitectónica, también se perdió parte de la historia mundial del ser humano.

El pasdo 15 de abril, durante el Día Internacional del Arte, el mundo recibió la triste noticia del grave incendio de la Catedral de Notre Dame en París, símbolo de la cultura de Europa y Patrimonio Mundial de la Unesco. El recinto religioso fue construido hace 856 años con un estilo gótico sin igual.

Después del incidente se identificó que dos terceras partes del techo, mayormente construido con madera, fueron consumidos por el fuego, aunque la estructura de piedra del templo resistió las llamas. La aguja central de la construcción, una torre añadida en el siglo XIX que estaba rodeada de un andamiaje por obras de reparación, también se derrumbó.

Antes de Notre Dame, varias joyas del arte, la ciencia, la historia y la cultura fueron víctimas del fuego abrasador a lo largo de la historia en todo el mundo; desde la Biblioteca de Alejandría, hace algo más de 2.000 años, hasta el incendio que en septiembre pasado consumió el Museo Nacional de Río de Janeiro, en Brasil. A continuación algunos ejemplos de ciudades y edificios culturales emblemáticos devorados por las llamas:



BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA, 48 a. C.

La historia tiene a la Biblioteca de Alejandría como la más grande de su época. Se calcula que en su mayor apogeo contaba con un total de 900 mil manuscritos, de forma que era el lugar donde se acumulaba una gran parte del saber humano de aquel entonces.

Se situaba en la ciudad egipcia de Alejandría y fue fundada por los primeros Ptolomeos.

Fue el año 48 antes de Cristo cuando las tropas de Julio César causaron estragos a la biblioteca, incendiando una flota de barcos y haciendo que el fuego se esparciera. Aunque no destruyó todos los manuscritos, muchos de los que quedaron fueron llevados a Roma por lo tanto se perdieron datos de gran relevancia sobre el mundo antiguo.



INCENDIO DE ROMA, 64 d. C.

Una noche de julio del año 64 d. C. se declaró un atroz incendio en el área del Circo Máximo, en Roma. El viento propagó rápidamente las llamas, sembrando el terror entre la población. Tras seis días interminables de devastación sin tregua se logró habilitar cerca del monte Esquilino una zona abierta para servir de cortafuegos. Entonces, se desató un segundo incendio, cuyo foco se localizaba en el barrio Emiliano, en una finca de Ofonio Tigelino, prefecto del pretorio y mano derecha del emperador. El fuego arruinó la ciudad y dejó una estela de sospechas que recayeron sobre el soberano, Nerón, ya que él señaló a los cristianos como culpables lo que derivó en que muchos de ellos fueran ejecutados.

Según el historiador Tácito, 4 de los 14 distritos de Roma fueron arrasados y otros 7 quedaron dañados. Monumentos como el templo de Júpiter y el hogar de las vírgenes vestales fueron objeto de las llamas. Este desastre continúa siendo, a día de hoy, uno de los episodios más conocidos de la Roma Imperial.



CATEDRAL DE SAN PABLO

DE LONDRES, 1666

El domingo 2 de septiembre de 1666, un panadero de Londres llamado Thomas Farriner olvidó apagar correctamente uno de sus hornos. Cuando el fuego se extendió por todo el local, la familia de Farriner se salvó saltando a una de las casas colindantes, no así la criada, que fue la primera víctima de un incendio que destruyó 13.200 casas, 87 iglesias parroquiales, el ayuntamiento de Londres, la Catedral de San Pablo y, en suma, los últimos resquicios medievales aún presentes.

Ese lunes, el fuego fue empujado al norte, el corazón de la ciudad. Comenzaron a producirse desórdenes en las calles por los rumores de que habían sido extranjeros quienes iniciaron los incendios. Las sospechas se centraron en los franceses y holandeses, los enemigos de Inglaterra de la Segunda Guerra Anglo-Holandesa en curso. Estos grupos de inmigrantes fueron víctimas de linchamientos y violencia callejera.

El martes, el fuego se extendió por la mayor parte de la ciudad, destruyendo la catedral gótica de San Pablo, construida entre 1087 y 1240.

La batalla para apagar el incendio se considera triunfal por dos factores: se detuvieron los fuertes vientos del este y la guarnición de la Torre de Londres usó pólvora para crear cortafuegos efectivos que detuvieron la extensión adicional del fuego hacia el este.

LICEO DE BARCELONA, 1994

Eran las 10:30 de la mañana de un frío lunes de enero de 1994. El gran teatro del Liceo de Barcelona vivía el frenesí habitual de las jornadas sin función. El día anterior se había re- presentado la obra “Matías el Pintor”, de Paul Hindemith, y el martes y miércoles volvía a levantarse el telón. Más de 100 empleados trabajaban en las tareas de mantenimiento imprescindibles para reabrir al día siguiente y los niños de una escuela lo recorrían acompañados por una guía.

Dos de los trabajadores estaban practicando una soldadura al telón de acero que servía para aislar la sala del fuego en caso de incendio. Para llevarlo a cabo habían tenido que desactivarlo. Conscientes del riesgo que presentaba este trabajo tenían a mano unos extintores. No sirvieron de nada. Unas chispas del soplete prendieron los pliegues del cortinaje y algunos trozos encendidos de ropa cayeron al suelo.

Aunque los trabajadores se apresuraron a apagar el primer foco y se bajó el telón de acero, todo fue inútil: las llamas ya habían saltado al telón de terciopelo y subían hasta el telar y el techo. Este se derrumbó y las llamas prendieron el patio de butacas.

El gran teatro de La Rambla, que desde 1847 reunía a los mejores talentos de la ópera, quedó reducido a sus cimientos. La sociedad catalana se movilizó enseguida y fue reconstruido en tiempo récord, gracias al apoyo de las instituciones, el patrocinio de empresas y las donaciones particulares, pudiendo de nuevo abrir sus puertas en 1999.



LA FENICE DE VENECIA, 1996

La primera alarma la dio un bombero que pasó cerca del teatro por casualidad y vio el humo que salía del tejado. En menos de tres horas, La Fenice (El Fénix) fue devorada por el fuego en una noche , la del 29 de enero de 1996, en la que todo estaba extrañamente vacío a su alrededor. No había agua en los canales cercanos porque se habían drenado para su limpieza. No había nadie en el teatro porque la orquesta estaba de gira en Viena. Y no había sistema antincendios porque se estaba instalando otro más moderno y compatible con las normas europeas.

La prensa de la época cuenta que las cámaras llegaron casi tan pronto como las mangueras y todo el país trasnochó viendo cómo ardía su teatro más importante. Sin saber todavía qué podía haber ocurrido, políticos a pie de incendio anunciaban reconstrucciones “inmediatas”, ciudadanos insomnes reclamaban fondos para el Ave Fénix veneciano y periodistas bien documentados recordaban que, el de aquella noche, no era el primer incendio que sufría aquella joya arquitectónica y cultural: la reconstruida tras el incendio de 1836 ya era una copia de la del siglo anterior, que también se había incendiado mientras la edificaban en 1790 ocupando el lugar de otro teatro que había ardido. El edificio fue restaurado y reanudó su actividad en el año 2003.



MUSEO NACIONAL DE BRASIL, 2018

El Museo Nacional de Río de Janeiro, el más antiguo de Brasil, se redujo a cenizas durante la noche del 2 al 3 de septiembre del 2018, mismo año que celebraba su aniversario 200.

El fuego se inició debido al sistema de aire acondicionado. El museo, construido por decisión del rey Juan VI de Portugal e inaugurado el 6 de junio de 1818, perdió gran parte de su colección de 20 millones de piezas durante el incendio. Alojaba entre sus reliquias, el esqueleto de un dinosaurio encontrado en Minas Gerais, así como 26.000 fósiles de otras especies extintas, como el tigre dientes de sable. l