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  • Diario Digital | sábado, 27 de noviembre de 2021
  • Actualizado 21:53

Vivir de la tragedia

Reseña de ‘Six Feet Under’, a 20 años de su estreno, disponible en HBO MAX.
Imagen promocional de la serie ‘Six Feet Under’.     HBO
Imagen promocional de la serie ‘Six Feet Under’. HBO
Vivir de la tragedia

En el arte, los dos tabúes más usados para producir atracción a partir del morbo, independientemente del tiempo, representación o medio, son el sexo y la muerte. Es de este último del que hablaremos, y de cómo un producto televisivo usó el concepto para retratar lo difícil que es aferrarse a los momentos y luego dejarlos ir.

En la misma era en la que HBO emitió Los Soprano, The Wire, Oz y Deadwood, se escabulló un melodrama familiar inyectado con una gran dosis de comedia negra. Six Feet Under logró explicar la madurez y marchitamiento del árbol de la vida a través de una familia estadounidense. Los Fisher, propietarios de una casa funeraria, protagonizan una historia en la que la muerte es tan normalizada como un desayuno americano. Sí, es una familia disfuncional, pero todas las familias son disfuncionales si las miramos de cerca.

Al hablar de una familia funeraria, se viene a la mente un mundo de fantasía gótica como la de Los Locos Adams, pero las precipitadas victorias y los desventurados fracasos de los Fisher dibujan contrariamente, una familia llena de defectos, muy lejos de ser normal pero difícilmente más humana, nada foráneo a nuestra realidad.

El punto de partida de la historia es el negocio, en este caso fúnebre, y el legado de un patriarca con secretos guardados, algo que recientemente HBO logró repetir con éxito con Succession.

Cada uno de los capítulos comienza con una muerte, y la trama del capítulo se construye alrededor de los Fisher entorno al duelo, arreglos fúnebres, la relación con los dolidos y cómo estos últimos lidian con la partida, y ocasionalmente algún misterio detrás del suceso. O todo lo contrario, de la indiferencia de los Fisher ante el que para ellos es un día normal. Los fallecidos suelen ser (casi siempre) personajes episódicos y externos a la familia, y el melodrama de los arcos argumentales no depende exclusivamente del deceso. Eso sí, es un premio extra el juego de adivinar en cada prólogo, quién morirá y cómo, recordando a series clásicas de detectives como Columbo.

Alan Ball, el creador del programa, es un héroe con cada riesgo que toma, experimentando con estructura y narrativa. Constantemente vemos situaciones mostrarse sólo en la cabeza de los personajes, sus deseos y frustraciones son muy bien expresadas sin usar palabras; también vemos conversaciones imaginarias con fallecidos, y el capítulo piloto muestra antes de cada pausa comercial, un anuncio paródico y ficticio de maquillaje fúnebre. Todo este surrealismo aporta en humor tétrico, pero también funciona como puerta para meternos en la escandalosa psique de los funerarios. Incluso las pantomímicas secuencias de sueños, diferencian su comportamiento de sus emociones reales.

Ver la serie en estos días, donde la muerte se hace cada vez más presente pero nunca más fácil de lidiar, es una experiencia terapéutica, pues nos enseña que una sociedad dañada emocionalmente, no tiene por qué convertirse en una sociedad desensibilizada. Cada pérdida merece ser llorada y sufrida.

En el elenco tenemos nombres como Richard Jenkins, quien brilló más que nunca estos últimos años en variedad cintas y papeles premiados; también Frances Conroy y Michael C. Hall quienes luego estelarizarían series reconocidas como lo son American Horror Story y Dexter respectivamente.

Entre los secundarios e invitados no solo hay grandes nombres como Patricia Clarkson y Kathy Bates (quien también dirige algunos capítulos), apareciendo estrellas “antes de ser famosas” como Ben Foster, Chris Pine, Jenna Fischer, Josh Radnor, y una mención especial a Rainn Wilson, quien ganó un Emmy por su participación, e interpretó a un personaje que claramente sirvió como base para construir su rol definitivo en The Office. Curiosamente, en el final de Transparent, otro brillante y similar show creado por Joey Soloway, un productor de SFU, Wilson repite su rol, atando ambos productos en un mismo universo.

Si suele ser una queja lo poco realista que es tanta muerte en una serie, en SFU lo poco realista es que no las haya. Es al extremo irónico que la familia viva de la tragedia y esto enriquece a cómo los personajes se definen por sus errores, siendo más fáciles de empatizar.

Avaricia, envidia, ambición, cobardía, orgullo; aspectos que todo humano presenta pero nunca admite, pero en SFU los vivimos en tercera persona con los Fisher quienes esconden su redención entre la miseria y la desgracia. Los odiamos, los comprendemos, los perdonamos y luego los volvemos a odiar. La serie trata sobre nosotros.

Cada evento en las cinco temporadas tiene un impacto irreversible en los personajes, ninguno es el mismo que el anterior capítulo y esta evolución, llamémosla corromper o crecer, es como el ser humano funciona en su día a día. Por eso mismo no todos tienen un final feliz garantizado. El héroe puede morir, la pareja puede romper, el niño puede que no alcance sus sueños, el padre puede que no perdone al hijo.

Estos golpes de realidad repentinos y no esquivables, no hacen que el programa sea matutinamente oscuro o deprimente. Como dice uno de los personajes, la gente tiene que morir para hacer de la vida algo importante. Hay una moraleja muy clara, apreciar el presente con todos sus problemas, pues al final hasta los malos tiempos se echan de menos y no hay cómo detener el tiempo. “No puedes tomarle foto a esto, ya se fue”.

Es muy importante mencionar que SFU es recordada por sobre cualquier atributo, por su último capítulo. Los últimos seis minutos de SFU, posiblemente sean los seis minutos más hermosos de la historia de la televisión, con el impacto emocional de una secuencia al ritmo de Breath Me de Sia, descubrimos que los cambios son inevitables, que los caminos se construyen durante la caminata y que para bien o para mal, nada nunca sale supone. 

Pues el mensaje de una serie que trata sobre la muerte puede ser tan simple como: así es la vida.

Licenciado en Comunicación - https://bocasalada.wordpress.com/