Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 17 de octubre de 2019
  • Actualizado 07:30

Viviana Saavedra: “Es una película que habla mucho sobre el rol del hombre”

Entrevista a la productora de Cuando los hombres quedan solos, filme boliviano que se estrena el jueves 25 en las principales salas del país. 
Viviana Saavedra: “Es una película que habla mucho sobre el rol del hombre”


Existen películas que, antes de ser exhibidas, hacen más ruido que las demás y se ubica en el radar de la opinión pública por su proceso de producción: cambio en los actores, abandonadas por diferentes miembros del equipo técnico, polémicas en el rodaje, o, en el caso que compete, la muerte de su director. Cuando los hombres quedan solos quedó huérfana tras la muerte de su director, Fernando Martínez, fallecido una semana después del rodaje en el camino al festejo de terminar esa etapa. 
Casi seis años después, el filme llega a las salas, el jueves 25 de julio en Prime Cinemas y Cine Center –Cercado y Quillacollo, en Cochabamba–, siendo terminada en el proceso de postproducción por la productora Viviana Saavedra, quien afirma, siempre estuvo involucrada en el guión, y el editor Daniel Moya. La película cuenta con nombres como el de Wilmer Urrelo y Luis Miguel González en el guión, y la de los actores como David Santalla, Fernando Arze y Ariel Vargas. 
Juega con los roles de género y la ideología que existe sobre el hombre “duro, fuerte y mano obrera de la familia”. Sigue a Carlos, paramilitar de la dictadura de García Meza, quien ahora comparte su vida con sus dos hijos: Armando (policía) y Carlos (guardia de seguridad), hijo de dos niños. Tres hombres que comparten vida hasta la llegada de la madre, migran exitosa en el exterior.
Compartimos un diálogo con la productora y encargada de terminar el filme, Viviana Saavedra, quien habla sobre los retos que supuso acabar esta película huérfana y esta historia que pretende recrear una de las etapas más oscuras del país y que afronta  un punto de ruptura en los roles de género. 

La película estará enmarcada por la muerte de su director, Fernando Martínez, fallecido una semana después del rodaje, ¿cuál es el sentimiento de poder presentar la película ahora, seis años después de que empezó a ser filmada?

Ha sido súper frustraste tener que desprendernos de este accidente que nos quitó la vida de Fernando. Fue muy largo el proceso de recuperado. Primero, por todo lo que representaba para la  película, era la cabeza. Es y fue doloroso, principalmente porque sucedió a una semana de terminar el rodaje y en un momento que íbamos a celebrar la etapa de producción, realizaba un agasajo en su casa y fue un accidente, un golpe duro para el equipo y para que los que fuimos participes. Pasado un tiempo, pensamos que era necesario mostrar a  Bolivia este filme y darle esta historia. Decidimos enfrentar la etapa de montaje y postrproducción. 

En la promoción de la película se habla mucho de una idiosincracia en el país sobre la imagen y rol del hombre, donde tiene que reprimir sus sentimientos, ¿de qué manera toca ese aspecto la película?

Existen dos temas centrales. Uno que es la dictadura de los años 80, del golpe de García Meza, porque el personaje principal es un paramilitar. La segunda etapa son años después, en la que la familia del paramilitar ya está con hijos y nietos. Evidenciamos este proceso del rol del hombre en ese contexto, de los años 80, con represión de alguna manera interna y luego el emponderamiento de las mujeres, momento en el que empieza a obtener una admiración fuerte hacía el  exterior, donde las mujeres fueron las principales migrantes, volviendo a su tierra a recuperar a sus hijos y cómo ella con esa fuerza de haber logardo éxito en el exterior vuelve a luchar por ellos, reflejado en uno de nuestros personajes. Es una película que habla mucho sobre las masculinidades y el rol del hombre, que a su vez debe perder cierta lógica que se ha establecido normalmente, de la que quien abandona los hijos son los hombres, es mostrar también ese dolor que sienten los padres. Hay un juego de esa intervención de roles, reforzado con tener tres hombres de diferentes ramas (un policía, un guardia y  un militar) encargado de  dos niños. 

¿Cuál fue el proceso para adaptar al lenguaje cinematográfico la dictadura de García Meza?
Hemos tenido un proceso de investigación previo a la película, rescatando documentos gráficos y escritos, acudiendo a hemerotecas y archivos personales.  Nos hemos dado cuenta que no hay mucho material de archivo. Existe  páginas principales, donde titulares no están, se han perdido, o  están desprendidos. Hemos conseguido algunas fotos y hemos trabajado mucho con los testimonios de la gente que ha sido afectada por estos hechos. Nos sorprendió esta ausencia  material, incluso la conferencia de prensa de Arce Gómez no se encuentra el producto original. De todos modos, hemos recreado la masacre de Harrington, la toma del Palacio de Gobierno y la toma de la Central Obrera Boliviana, momentos más que han ocurrido en la ciudad de La Paz. 

La madre llega, luego de ser exitosa en el exterior y es el padre quien se queda con los hijos. Esta desmitificación de los roles, ¿es un cambio que ustedes han percibido en el país? 
Nuestra sociedad aún es conservadora con mucho de los roles y eso ha hecho que vivamos muchos procesos de agresión hacia la mujer y de cierta manera hemos quitado derechos a los hombres. Si bien la película no trata ese tema principal, sí lo aborda, desde el punto de vista de los hombres y mujeres. (la película) Ha tenido 10 versiones de guión, yo observaba como productora ejecutiva, me involucré desde un principio, junto con Daniel Moya (el editor). Si hubiera sido una productora que se limitaba a recaudar fondos, hubiera sido muy difícil, desde la primera versión observe el rol de las mujeres como tal, era una discusión permanente con el director, yo decía que las mujeres no son reales. Creo que logramos una dupla de productora y director que ha contribuido a la construcción de la historia. No es la mirada desde un director, sino de un equipo de creadores, siento que nuestro rol como productores ejecutivos va más allá de conseguir recursos, sino aportar a la historia. Esa lógica de visibilidad de los dos géneros, está inmersa en la película. 

Cuéntame un poco los cambios que ha sufrido el guión...
Hasta la octava versión ha sido escrito por Fernando, desde ahí aparece Luis Miguel González, de nacionalidad española, que contribuye al guión desde la mirada desde las dictaduras que ha vivido Europa, como la de Franco. 
En el tema de los diálogos, contribuyó  Wilmer Urrelo, escritor invitado para hacer parte del equipo, ayudando también en la asistencia de dirección. 

¿Qué tanto hay de Martínez en la película y qué tanto de tí? 
Te diría que un 80 por ciento es de Fernando, dejando lo que había planificado. 80 porque hemos quitado bastantes escenas de una historia paralela que creíamos que no contribuían a la narrativa de la película y la hemos concluido de diferente manera.  Es bastante importante respetar los deseos del director, pero cómo concluir la película era un tema pendiente desde el inicio, si terminábamos de una manera u otra, habíamos grabado dos finales. 

La película se toma muy en serio con esta búsqueda de actores profesionales, ¿de qué otra manera se abordó los otros aspectos de producción?
Cuando tienes pocos recursos, como pasa regularmente en Bolivia, tienes que optimizar tiempos y eso solo lo logras con actores profesionales que respetan el guión, ya era un reto trabajar con cuatro niños. Era importante tener similitudes entre los actores que interpretaban al mismo personaje. En los 80 el protagonista es interpretado por un actor cruceño y en la actualidad por Santalla. Primero era buscar un parecido físico entre los actores y la gente comprenda que son los mismos personajes. Una meta tanto mía como la del director ha sido formación. Llevamos 11 años haciendo el Boliva LAB, la película no iba a quedarse atrás, hemos trabajado con jóvenes de la escuela de El Alto, gente de Santa Cruz, quitando ciertos mitos que las mujeres tienen que ocupar ciertos roles. El objetivo era lograr esa participación diversa en el equipo técnico, varios de los roles del equipo técnico eran mujeres. Nos hubiera encantado seguir trabajando con el tema de la formación, creo que hemos dado una oportunidad a las personas. 

¿Cuál fue el proceso más difícil en la postproducción, de la que tu fuiste la cabeza?
Tomar las decisiones. Uno el tema de recursos, hacer una película en Bolivia no es barato, tienes que acceder a procesos y empresas de postproducción que no existen en el país, por eso tuvimos que trabajar con la chilena Filmo Sonido.  Nos encantaría que existan estudios de postproduccion, si bien hay intentos que debemos apoyar,  faltan los recursos para tener el equipamiento necesario para tener un buen producto. 
Lo más duro es no tener al creador de la historia para que tome las decisiones que él, como director debería tomar. Gracias a la unidad del equipo y a la idea de que el cine es algo que no se hace solo, sino que cada uno aporta un clavo, hasta que hace el maquillaje y prepara la comida, ha sido el motor de seguir adelante con el proyecto. 

Periodista - [email protected]