Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de diciembre de 2021
  • Actualizado 21:33

El viento de la montaña, las alas de la tierra que se lleva…

Reseña del libro de cuentos ‘Las Voladoras’, de la ecuatoriana Mónica Ojeda, editado en Bolivia por Nuevo Milenio y a la venta en la feria Enjambre de Libros.
El viento de la montaña, las alas de la tierra que se lleva…
El viento de la montaña, las alas de la tierra que se lleva…
El viento de la montaña, las alas de la tierra que se lleva…

¿Cómo se escribe la liberación? ¿Primero la L, grabada con ternura para que no se caiga? ¿Luego la I? ¿Cuándo es oportuno llegar a la R? Deletreando, contando…De alguna forma, escribir qué es la liberación siempre parece falso, vacío, sin sal y sin llajua para tragar. Un dedo que apunta a cualquier lado menos a donde debería. Sin embargo, parece seguro afirmar que todos la hemos experimentado de algún modo; una suerte que parecía imposible de cambiar finalmente se tuerce y encamina. Tal como la luz del sol, cuya claridad es difícil abarcar en una sola palabra (no habría papel que contenga tamaña grafía), tampoco hay manera de escribir la liberación. ¿Y si en vez de hablar de lo que es la liberación, apuntáramos a donde debiera posarse nuestra vista? Tendríamos que mirar abajo, más allá de la superficie, tan profundo en nuestras entrañas que sangrarían de solo pensarlo. Y sin embargo “[…] alguien tiene que meter la mano con cuidado allí donde duele. Alguien tiene que acariciar la herida”. Hay monstruos ahí abajo y tienen manos de niño, miradas curiosas, las nuestras. Mientras más nos adentramos en las profundidades, más familiar nos parece todo lo que habita ahí. Y entre tanta bruma reconocemos alas que chocan contra la memoria, alas con rostro de mujer.

Las Voladoras es el título de un libro de cuentos de Mónica Ojeda. El nombre hace referencia a las “[…] abuelas, madres e hijas que se extravían”, las que se van volando a la montaña donde habitan, “[…] un templo de sonidos terribles, de ruidos de pieles, uñas, picos, colas, cuernos, lenguas, aguijones…”. Así podríamos caracterizar a las protagonistas de cada una de las ocho historias que componen esta obra, mujeres aladas cuyas axilas de miel y voces de viento que ya no se avergüenzan de sí mismas y han perdido el miedo a subir a los tejados, a hurgar en la herida. La liberación está en perder el miedo. 

Los ejes centrales en torno a los cuales giran estos relatos son el cuerpo, la sexualidad y Dios. Cada momento que es cualquiera de las historias, señala de forma diferente el paso de un personaje por estos tres ámbitos que históricamente han sido dominados por lo masculino. El cuerpo que se descubre, siente y expresa su vivencia del mundo desde lo femenino; una sensibilidad visceral, conectada y cálida que es cómo la tierra que todo lo germina y siente. La sexualidad y el erotismo que no depende de lo masculino, el goce de su propio género, sus cambios y sus formas de apropiación del mundo. Por último, está el conflicto con lo divino, lo atrayente y lo terrible fundidos en una sola realidad que se torna cercana y conflictiva, alejándose de la personificación masculina de un Dios padre que impone su voluntad a las criaturas.   

En cada cuento, los protagonistas son mujeres, en su mayoría niñas que experimentan la liberación de su ser femenino; es decir, la pérdida del miedo a lo femenino. Y es así como Ojeda nos señala el camino, a lo interior, a lo desconocido, a esa dimensión que nos esforzamos por ocultar y someter. “Hija veía con nitidez quién era ella de verdad aunque por las mañanas nunca lo quería saber”. La luz diurna que vigila, que censura y controla; la noche y lo oculto es donde anida la mujer que vuela, donde se descubre y se ama. Pero esa misma noche no permanece dormida, sino que se retuerce, brota como una herida abierta y se libera.   Así Ojeda narra estas historias con “[…] palabras que salgan del cuerpo para entrar en otro y transformarlo”; para que cada uno se adentre en su propia tierra y vea que permanece latente y alado. “A mi alrededor el mundo se muestra amplio y hermoso, conmovedor y agresivo. Estoy solo en la inmensidad”.