Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de octubre de 2019
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MÚSICA

Los Tuareg, el blues del desierto

Una mirada a los inicios del género musical que surgió en los años 70.
Omara Moctar, alias Bombino, un representante del mencionado género musical.
Omara Moctar, alias Bombino, un representante del mencionado género musical.
Los Tuareg, el blues del desierto

Sabido es que el blues se originó debido al lamento de los negros explotados y traídos como esclavos desde el África hasta las Américas. Durante milenios los afrodescendientes afincados en el nuevo mundo vivieron, generación tras generación, vidas enteras de amargura y condiciones infrahumanas. A fines del Siglo XVIII, todos esos años de sufrimiento se transformaron y encontraron una vía de escape en el lenguaje de las emociones, un lamento en forma de canto contra la tiranía llamado blues. 

Los Tuareg o “los que hablan tamashek” son nómades del Sahara, deambulan por el desierto más grande del mundo desde el Atlántico hasta el Mediterráneo. No son árabes ni musulmanes, son bereberés originarios, es decir, resultado de una mezcla milenaria de distintos pueblos y tradiciones del norte de África. Algunos historiadores aseguran que son descendientes de los antiguos Garamantes, un próspero reino de la antigüedad que se desarrolló entre los siglos VI a de C. y VIII d de C.  El pueblo bereber se extiende desde las islas Canarias hasta Egipto. “Bereberé” viene del arábigo y significa “bárbaro”, pero para los Tuareg tiene otro significado: “hombre libre”. 

Los Tuareg desarrollaron su propia escritura, denominada el “tifinagh”. Como en el desierto no podían sembrar, se volvieron nómadas, errantes de secanos y arenales entre dos océanos. Con el tiempo se adueñaron de las extensas sabanas y controlaron las rutas comerciales, ocasionalmente capturaban negros y los hacían sus esclavos, mientras unos se dedicaban al pillaje y la piratería de ingenuas caravanas que intentaban cruzar las estepas, otros se ocupaban de explotar las abundantes minas de sal de los alrededores. 

Fueron expulsados de sus tierras durante la conquista de los árabes, en el año 700. En el siglo XI son reconocidos como pueblo diferente “con hombres vestidos de azul que usan velos en la cabeza y sobre la boca”. Desde entonces han sufrido el destierro continuo por otros reinos e imperios. Durante el Siglo XVII se da inicio a la colonización de África con el Primer Imperio Colonial Francés, un proceso que tendría su máximo cenit a mediados del siglo XIX en un periodo conocido como el Nuevo Imperialismo o La Repartición de África, a partir de aquel instante, los Tuareg, exiliados en sus propias tierras, tuvieron que adecuarse a las temperaturas extremas y modificar sus hábitos, comprender el orden sobrehumano que regula el desierto y ajustar su comportamiento en consecuencia.  

Con Francia llega la última ola de la Revolución Industrial, autos por camellos, carreteras sobre arena, máquinas para las minas y rifles contra espadas. Los Tuareg son obligados a desplazarse hacia el norte, situación que se agravará con las guerras independentistas cerca de los años 50. La República de Malí es la última en liberarse del yugo francés en 1962 y con su independencia termina el sueño de una nación autónoma para el pueblo Tuareg, relegados al último rincón nororiental del país, bordeando la frontera con Argelia y Níger. 

Desde ahí, los Tuareg realizaron varios levantamientos armados buscando la independencia de su nación llamada Azawat. La represión más sangrienta sufrida por su gente data de 1973 contra el gobierno del dictador Moussa Traoré, que los obligó, por un lado a dispersarse y vagabundear como ilegales en los países vecinos y, por otro, a unirse al llamado del coronel Gadaffi, que ofreció a los guerrilleros Tuareg campos de concentración y práctica en Libia para su guerrilla.

Es alrededor de los años 70 en las plazas principales y las zonas pobladas de Malí, Argelia, Níger, Libia y Burkina Faso que se ve por primera vez a jóvenes Tuareg haciendo percusión con cajas viejas e improvisando guitarras con cuerdas para pescar, mezclando la tradición de su música milenaria con el overdrive de guitarras eléctricas que salían de los parlantes de la modernidad. Al igual que en los inicios del blues, los Tuareg, como los afro explotados en tierras desconocidas, volcaron sus frustraciones y penas en una fusión de sonidos imposibles y transformaron la conciencia de un pueblo oprimido en música, una música que la industria llamó “Blues Tuareg”.

La mayoría de los expertos coinciden en que Tinariwen es el germen del blues Tuareg, formado precisamente en los campos de concentración de Gadaffi en Libia, los Tinariwen se conocieron en Tammariset, Argelia, pero fundaron las bases de su revolución musical cuando eran guerrilleros y eran vistos sobre las dunas del Sahara con un rifle kaláshnikov colgando de un hombro y una guitarra eléctrica en el otro. Los Tinariwen se presentarían por primera vez en 1983 en un festival en Argelia, y desde entonces comenzaría la leyenda. Sobre las arenas se contaban historias y hazañas de unos rebeldes rockeros con turbantes, que escribían con sus guitarras eléctricas en clave de blues las páginas más hermosas de la historia del pueblo Tuareg.

Desde la costa atlántica del Sahara occidental hasta el oasis de Siwa en Egipto, de caravana en caravana, de mano en mano, sorteando la censura en varios países, circulaban como reliquias ancestrales cintas de cassettes con su música y su letra con anhelos de libertad, generando en el tiempo otras bandas de importancia para el movimiento, como la legendaria Terekaft que significa Caravana, salida de los mismos Tinariwen (que quiere decir Los Desiertos), o la moderna Tamikrest, que se traduce como Unión. También está el ya consagrado guitarrista “Bombino” Omara Moctar y la primera banda Tuareg liderizada por una mujer: Les Filles de Illighad de la guitarrista Seidi Ghali, ambos nacidos en Níger. 

Con elementos de la música marroquí y del raí argelino, el blues Tuareg tiene una base percusiva del norte de África, arábigas más que negras, instrumentos nativos, una guitarra distorsionada claramente influenciada por Jimi Hendrix y la delicadeza del primer reggae de Bob Marley, una delicadeza casi jazzera. El blues Tuareg es un canto del desierto, música de trascendencia espiritual y letras en busca de la emancipación como reflejo de la conciencia de un pueblo que ha sufrido demasiado,

Aparte de Hendrix, Marley y el escocés Mark Knopfler, guitarra principal de Dire Straits, el blues Tuareg le debe mucho al estilo del legendario blusero malíense Alí Farka Touré, quien fue el primero en mezclar con éxito los sonidos del norte africano con la dominante guitarra anglosajona del blues de los 70’s. En los últimos años, los músicos Tuareg son invitados habituales a grandes festivales en Europa como Coachella y Glastonbury, la industria musical ya los ha absorbido como uno de los últimos y genuinos movimientos de un género en decadencia: el rock.

Hoy los Tuareg habitan un territorio en el norte de Malí, obtenido tras la última rebelión en enero del 2012, proclamaron su independencia en la ciudad de Gao como su capital, y aunque el aporte Tuareg al mundo de la música es cada vez más reconocido en todo el globo, hasta la fecha, Azawat no ha sido reconocida por sus vecinos ni por ningún organismo internacional. Y en un mundo moderno marcado por la competencia y los límites geográficos, donde las riquezas del suelo son la fuente de la supervivencia, una cultura a la que le han arrebatado su territorio, sin tierras ni fronteras, incapaz de desarrollar costumbres propias, corre el riesgo de dispersarse y desaparecer para siempre.

Profesor de Historia de la Música y realizador audiovisual - [email protected]