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  • Diario Digital | viernes, 28 de enero de 2022
  • Actualizado 15:31

‘Sing 2: ¡Ven y canta de nuevo!’, una película de animación lo bastante equilibrada como para no salir decepcionado

Una imagen promocional de la película de animada de Garth Jennings. ILLUMINATION
Una imagen promocional de la película de animada de Garth Jennings. ILLUMINATION
‘Sing 2: ¡Ven y canta de nuevo!’, una película de animación lo bastante equilibrada como para no salir decepcionado

En Sing 2: ¡Ven y canta de nuevo! Buster Moon (Matthew McConaughey) vuelve a soñar, pero esta vez, aún más a lo grande. No le basta con ser una celebridad local a cargo de una troupe increíblemente talentosa, sino que ambiciona dirigir un espectáculo en Redshore City, lo que viene a ser Las Vegas.

Con lo que no cuentan ni él ni sus amigos es que su destino depende de las caprichosas, y peligrosas, manos de Jimmy Crystal (Bobby Cannavale), un lobo de los negocios, y de un famosísimo y retirado rockero con nombre de crooner, Clay Calloway (Bono).

Creo que no soy el primero que se sorprendió de la calidad de la primera Sing (Garth Jennings, 2016). Lo que el departamento de marketing y la sinopsis transmitía era una cínica aspiradora de dinero con dos ganchos facilones: animales antropomorfos y canciones de éxito como ‘Shake it off’ de Taylor Swift, el tema preferido de las funciones de fin de curso.

Sin embargo, aquella película puede ser la mejor que ha hecho la productora Illumination (los de Gru, Minions y Mascotas) y sí, unas de las mejores de animación de su año, porque contaba la historia de varios mindundis recogidos por otro perdedor, el koala Buster, al que le quedaba una última oportunidad de tener éxito.

Lo interesante, y muy emocionante, es que todos los personajes estaban ahogados por su entorno o sus defectos personales hasta que conseguían las fuerzas para hacerse oír y demostrar que eran más que una ama de casa, el hijo de un jefe criminal o la sombra de un rockero de tres al cuarto. Y que el entusiasmo de Buster era sincero, afectuoso y sin límites.

Por eso, salvo que el argumento de esta secuela estuviera muy trabajado, ¿qué aliciente podía tener? Buster tenía su trabajo y su elenco tenía la admiración, el perdón o la envidia de quienes les rodeaban.

Pues a priori, no hay muchos alicientes. La historia de unos perdedores que consiguen una gran victoria es mucho más potente que la de unas estrellas que luchan por llegar aún más alto.

La película disfraza algunas de sus carencias de la peor forma posible, con explicaciones en una línea de diálogo y a correr a la siguiente escena, como la necesidad de los artistas por dejarlo todo e irse a Redshore City sin ninguna opinión en contra o cambios de bando que sólo se entienden para solucionar un embrollo.

Además, se la nota un poco más encorsetada por las distintas tramas y no hay un momento tan divertido y a la vez tan emocionante, que no haga avanzar la historia pero sí pintar mejor a sus personajes, como aquel de Rosita bailando en el supermercado porque tiene el ritmo en el alma.

Por concluir con la lista de debilidades, no sé si es cosa mía, pero creo que esta parte abusa de los temas pop y tira menos de banda sonora instrumental que Sing. Y es un problema porque si tu gran espectáculo final depende de temazos del pop-rock, su impacto se diluye entre ese batiburrillo de canciones extradiegéticas que demandan la atención de la platea.

Con esto no quiero decir que Sing 2: ¡Ven y canta de nuevo! no sea una buena película o, incluso, una buena secuela. Sigue teniendo más mimo que, digamos, la secuela de ‘Mascotas’ (‘The Secret Life of Pets 2’) y menos ánimo de ser un catálogo de juguetes en movimiento como las secuelas de Gru y sus Minions.

La mejor sorpresa es que el papel de Clay Callowell, interpretado por Bono, está tratado como un personaje y no como una estrella invitada para inflar el “ahora más grande” que tiene esta película. Su drama y su sanación a través del entusiasmo contagioso de Buster y su troupe, y la adulación sincera de Ash (la erizo a la que pone voz Scarlett Johansson), es la subtrama mejor conseguida y más adecuada al argumento. Eh, no penséis que nada de esto un destripe porque el tráiler ya te cuenta la película.

Otra vez, pero sin tanto sentimiento, Garth Jennings ha conseguido una película de animación lo bastante equilibrada como para que cualquier espectador, tenga peques o no, quiera entrar a verla sin salir decepcionado. Puedo asegurarte que no saldrás dando trompicones de alegría, pero sí que, por lo menos, saldrás silbando.