Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 23 de septiembre de 2019
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[LECTURAS SABROSAS]

Simplemente Marcelo

Una remembranza a la figura del escritor y político Marcelo Quiroga Santa Cruz, a 39 años de su muerte. 


Pasaron 39 años desde la desaparición física del escritor, poeta, ensayista y líder del socialismo boliviano, Marcelo Quiroga Santa Cruz, y su imagen mitificada se acentúa en la medida en que se hace leyenda y se busca su cuerpo martirizado. Es el mayor secreto guardado por sus asesinos y cómplices, quienes sostienen una serie de teorías para perpetuar el olvido.
Mucho se ha escrito y recordado sobre la figura prominente del tribuno boliviano, desde aquel aciago 17 de julio de 1980, cuando los enemigos de Marcelo cumplieron sus amenazas de victimarlo por constituir una grave a sus intereses y privilegios de clase. Sin embargo, existe una  deuda histórica pendiente para cerrar el capítulo más ominoso de la historia de nuestro país, especialmente del corto verano democrático de los 70 y 80: encontrar los restos de Marcelo y devolverlo su condición inmensamente humana, más allá del mito y la leyenda que el pueblo lo ha convertido.
Son conocidas las múltiples facetas de escritor, poeta, ensayista, orador y político comprometido con la causa de redención social del pueblo, pero no así muchos aspectos humanos. Marcelo, es aún para muchos bolivianos, el héroe desconocido y su papel como hijo, hermano, padre amigo, sus estudios, lecturas, influencias literarias y concepciones ideológicas y políticas, además de sus inclinaciones artísticas, plásticas y la práctica de la danza clásica y el hipismo. Marcelo tuvo una vida polifacética donde siempre despuntó su alma sensible.
Este reportaje de esos pasajes desconocidos del líder mitificado, pretende mostrar a un Marcelo infinitamente humano, ajenas a las de las investigaciones académicas, de las colosales biografías en tres tomos, de magníficas semblanzas realizadas por afamados periodistas nacionales y extranjeros, además de los incisivos estudios y críticas a su trabajo literario, intelectual, ensayístico y político.  Se pretende con este aporte desmitificar al mártir, líder y reencontrarnos con Marcelo, un simple mortal añorado como un relámpago de vida, escrito de forma sencilla porque según el entrañable Jorge Suárez “en periodismo, menos es más”. 

La entrañable transparencia
Marcelo Quiroga Santa Cruz en sus primeros andares como político tenía como amigos entrañables al poeta Héctor Borda Leaño, al pintor Enrique Arnal Velasco y a Walter Vásquez Michel, con quienes compartió muchas aventuras pero también desventuras en el ejercicio de la militancia política como funcionarios del Estado.
En su libro Memorias, Vásquez Michel recuerda varias anécdotas humanas de Marcelo como aquella cuando en plena campaña debía viajar a Oruro junto a su pequeño hijo: “Antes de ausentarme a Oruro, acompañé con mi hijo a Marcelo a Cochabamba, en un jeep en muy mal estado. Debíamos salir a las 8:00, no pudimos hacerlo debido a que Cristina tenía una perrita chiguagua que se indispuso porque estaba esperando cachorros. Esperamos que nazca para viajar, a las 14.00 de la tarde pero aún no nacían. Marcelo tuvo que buscar al único veterinario de La Paz, el doctor Harvey quien la auscultó y dijo que necesitaba una cesárea, no tenía experiencia, un médico hizo la cesárea y nació una sola cría del tamaño de un ratón. A las siete de la noche viajamos, el jeep sin techo y con la tierra que se filtraba por todos lados, sobre todo en el tramo no pavimentado. Marcelo era así de sencillo, difícil de descubrir varias facetas de su personalidad, había que estar cerca de él para conocerlo”.
Durante el viaje, según Michel conversaron varios asuntos personales, Marcelo era un hombre estricto, muy disciplinado, pero no efusivo en demostrar su afecto, sin embargo le contó un pasaje de su vida: “En épocas de lluvia, viajaban con su padre a una propiedad, en Cochabamba. El río estaba crecido, como era un pequeño, lo levantó para pasar a la otra orilla, en el momento de depositarlo al suelo le dio un beso. Dijo que nunca olvidaría esa expresión de cariño, pues nunca lo había hecho antes. Marcelo era un hombre tan humano, pero no siempre lo demostraba, había que conocerlo en esas cosas que  definen su personalidad y calidad superior”.
Otro pasaje que cuenta Vásquez en sus Memorias tiene que ver con los perros a quien Marcelo los consideraba parte de toda familia. “Precisamente mi amistad con Marcelo se complementaba por su afición a los perros, compartíamos los mismos criterios. Alguna vez comentamos sobre lo que alguien dijo: ‘cuando más conozco a los hombres soy más amigos de los perros’, conservo un libro que me obsequio sobre el Pastor Alemán”.
La afición por los perros -cuenta Vásquez- les trajo muchas satisfacciones, pero también algunas desazones, pues recuerda que cuando los llevaba a pasear, no faltaba gente que le gritaba: “¡Socialista que compra filete para su perro!”
Otro aspecto que recuerda y que siempre espetaban a Marcelo, era su condición de clase que jamás negó, pues decía que pese a su origen burgués asumió la defensa de los obreros y campesinos. Su vida y su muerte son testimonios de su convicción revolucionaria en servicio de los desposeídos, sostiene.
En una de las páginas de su libro, el amigo de Marcelo afirma que “con estas memorias, escritas en momentos de cruzar el umbral que nos conduce al infinito de la nada, siento satisfacción porque la lucha del pueblo boliviano, escrita en jornadas sangrientas no fue vana. El pensamiento de Marcelo Quiroga Santa Cruz de quien recibí su confianza como amigo, antes y después de que incursionara  en la política, hoy está presente en el proceso de cambio que vive el país”.

Grandes diferencias
Otro dilecto compañero de Marcelo, pese a sus diferencias ideológicas, políticas y de clase, fue el dirigente minero Filemón Escobar, quien en su libro Semblanzas se refiere a la valentía y sacrificio de Quiroga Santa Cruz, a diferencia de Juan Lechín Oquendo y Guillermo Lora que murieron de viejos.
“A diferencia de Juan Lechín y Guillermo Lora, Marcelo, primero, cae herido en el asalto al local de la COB ante el golpe de García Meza y Arce Gómez, y a las pocas horas es rematado en el Gran Cuartel General de Miraflores. Hasta el día de hoy no se encuentra su cadáver. Los crímenes de las autoridades militares nunca se esclarecen, ese es el caso de los asesinatos de los líderes obreros César Lora  e Isaac Camacho y, lo es también, de nuestro intelectual de alto calibre Marcelo Quiroga. La muerte de Marcelo equivale a la de Luis Espinal y Mauricio Lefebvre;  tres muertes que les inmortalizan y como tal figuran en las páginas de la historia. Esta es la gran diferencia de Marcelo con Lechín y Lora. Marcelo es asesinado por los golpistas en el apogeo de su vida, no rayaba ni los 50, y don Juan y don Guillermo mueren de ancianos, ambos superaban los 90 años”.
Filemón en su obra testimonial, también, destaca la reconversión política de Marcelo: “Intentar explicar que Marcelo fundó el Partido Socialista -1 por haber vivido extrema pobreza durante su niñez resulta ridículo. Él se transforma en radical izquierdista por venir, precisamente, del otro campo, de la opulencia. Este es el gran mérito de Marcelo, ahí radica su audacia. ¿Por qué ocultar esta gran virtud?”.
Asimismo, revela las cualidades de Marcelo de quien dijo “que sabía manejar los medios de comunicación para llegar a la mayoría nacional. No en vano había estudiado de joven teatro y fue un apasionado artista. Sabía vestirse muy bien, era elegante naturalmente, y más elegante para la comunicación”.
Otro hecho que recupera Filemón de sus memorias tiene que ver con la guerrilla de Teoponte donde pese a las órdenes del presidente Ovando de que nadie salga con vida de la zona de operaciones, incluso sean fusilados los que se entregarán, junto a Marcelo lograron salvar a los alzados en armas. “Fue un trámite del ministro Marcelo ante el presidente Ovando. Y así fue, quien libró de la muerte al Chato Peredo a instancias del cura Prats”.
Otra faceta de Filemón y Marcelo se remonta a 1978 cuando ambos se declaran en huelga de hambre para participar en las elecciones de ese año. “Después de tres días de soportar la huelga de hambre, le muestro una preocupación familiar a Marcelo, estamos ingresando al mes de octubre de 1978 y le digo:
Sabes, mi hijita va a cumplir ocho años y nació el mismo día de los golpes contra el general Ovando y contigo nos movilizamos para evitar que todos los de Teoponte sean asesinados, salvamos al Chato y no recuerdo si eran algo más de cinco, por tu llamada telefónica a los cooperativistas de Tipuani, por orden y aceptación del general Ovando. Se llama Alexia y nació el 1 de octubre, no sé qué le voy a regalar.
Marcelo me mira y dice: Yo te acompaño, yo conozco una tienda de niñas y le vamos a comprar un regalo que les va a gustar a tu hija y a tu compañera. ¡Qué notable que haya nacido ese mismo día del golpe!, y tu peleando por la huelga general contra tu jefe, el Lora, con su tesis de la independencia de la COB en la pugna intermilitar, contra los fundadores del MIR que no aceptan al general, y en el mismo sentido, el Motete Zamora con su Ucapo. Por todo eso yo te voy a comprar el regalo y a mi cuenta, Filippo. Me la besas en mi nombre y le abrazas a tu compañera. Te pronostico, tu hijita va a ser una gran mujer.
Entramos a una tienda en la avenida 6 de Agosto y me compra dos vestiditos de colores extraordinarios; uno de esos vestiditos los guarda mi compañera como un gran recuerdo de Marcelo, que tenía un gusto extraordinario para comprar regalos y sobre todo para una niña que nació el mismo día del golpe contra el general Ovando”. En el libro Semblanzas, en el capítulo dedicado a Marcelo, Filemón revela un gran hallazgo o novedad de que su muerte estaba ya pronosticada en una gran novela del escritor Oscar Cerruto, Aluvión de fuego. La novela se anticipó a la Masacre de Catavi de diciembre de 1942 y pronosticó la muerte de Marcelo con el nombre de Mauricio Santa Cruz.

Su amistad con Cayetano
El célebre político devenido comunicador en el periodo neoliberal de Goni, Cayetano Llobet Tavolara, fue uno de los íntimos amigos de Marcelo con quien se conocieron en el exilio de los 70 en México cuando ambos eran docentes universitarios en la  Universidad Autónoma de México (UNAM).
En el libro Así nomás había sido… de Fernando Molina, Tano, como lo llamaban todos dentro y fuera de su familia, conoció a Marcelo por el parentesco de Esperanza con la familia política de este. Enseguida se volvieron íntimos. Alfonso y Claudia, hijos de Tano, recuerdan que jugaban con los hijos de los Quiroga, Rodrigo y María Soledad, que eran algo mayores que ellos, durante las jornadas que pasaban juntos. Pero por sobre todo se acuerdan de los viajes que hicieron con Marcelo, a quien rememoran como una persona muy amable, cariñosa, y creativa. Durante una Navidad, por ejemplo, mientras Cayetano conversaba con Esperanza y con Cristina, la esposa de Marcelo, este les contó cuentos sobre un pirata que traía regalos a los chicos traviesos. Para ellos era un “tío” carismático y sorprendente.
Luego de la muerte de su amigo, de la que él sería testigo, Cayetano dijo algunas veces que de inicio le había molestado la arrogancia intelectual de Quiroga Santa Cruz y que si había cambiado de opinión fue porque había sido “seducido” por este. Tanto que luego, cuando ambos estuvieran en Bolivia, se convertiría algunas noches en su guardaespaldas, encargado de velar su sueño mientras empuñaba un arma. Cayetano también era más crítico que sus hijos respecto al estilo de Marcelo de criar a su familia, pues encontraba que era muy torpe con su hijo varón. Su sensibilidad al respecto se debía, claro está, a su pesada relación con su padre, que entonces se había estabilizado pero nunca llegó a ser buena. Y quizá, enrevesadamente, al hecho de que él también terminó siendo un padre exigente con su primogénito, Alfonso. Y un esposo que no dejaba de crear la misma tensión que había en su hogar, especialmente a la hora de las comidas, que tanto había aborrecido de joven.

Premoniciones de Marcelo
Según testimonios del periodista Juan Carlos Salazar del Barrio, amigo y asesor mediático de Marcelo en la campaña electoral de 1980, el líder socialista tenía desarrollado la intuición a grados de adivino.
En su  reciente libro Semejanzas (2018) sostiene que a pocos días antes de su retorno a México, Marcelo le ofreció una despedida en su departamento, a la que asistieron varios periodistas y corresponsales amigos, como Ana María Campero, corresponsal de la Agencia DPA, Harold Olmos (AP), René Villegas (Reuters), Humberto Vacaflor (ANSA), y Juan León, entre otros. El jefe de los socialistas estaba eufórico por el resultado electoral favorable que le ubicaba como la tercera fuerza política. Al promediar la reunión, lanzó una frase que sacudió a los presentes: “El PS-1 ya es una opción de gobierno; en la próxima elección, dentro de cuatro años, la lucha será entre la ADN y el PS-1, y en la disyuntiva, Jaime Paz optará por Banzer…”.
Ante esa expresión, de acuerdo a Salazar, todos guardaron silencio, excepto Ana María, quien susurró al oído: “Marcelo no puede con su carácter… ¡Cómo puede decir eso!”. A todos los asistentes les parecía imposible que el líder del MIR pudiera pactar algún día con el exdictador, de quien dijo que le separaba “un río de sangre”.  Marcelo no llegó a verlo, pero su pronóstico se cumplió nueve años después, en 1989, cuando Paz Zamora pactó su elección con Banzer Suárez. Así era Quiroga Santa Cruz que siempre brillo con propia luz.
Periodista - [email protected]