Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de diciembre de 2021
  • Actualizado 19:42

Sayonara, Míster Marqués

En homenaje al centenario de su nacimiento, instituciones culturales de España organizan homenajes y ciclos de cine dedicados al cineasta valenciano Luis García Berlanga, una iniciativa en la que también ha sido incluida Bolivia, con charlas y visionados de filmes como ‘Patrimonio nacional’, que es reseñado a continuación
Afiche de la película ‘Patrimonio nacional’, de Luis Berlanga.       CARLOS GARCÍA
Afiche de la película ‘Patrimonio nacional’, de Luis Berlanga. CARLOS GARCÍA
Sayonara, Míster Marqués

“Berlanga, la risa amarga”, se trata del ciclo de cine que homenajea el centenario del guionista y director español Luis García Berlanga. El Centro Cultural de España de La Paz, el Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA), en colaboración con el Instituto Cervantes, Acción Cultural Española AC/E y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), organizan este proyecto con el objetivo de esparcir la genialidad de sus obras en distintos espacios culturales alrededor del mundo. A modo de continuar con el cronograma de la filmografía berlanguiana elegida para este proyecto, hablaremos de Patrimonio Nacional (1981). 

El filme se encuentra en el centro de la Trilogía Nacional de Berlanga. Inaugurada con La escopeta nacional (1978) y finalizada con Nacional III (1982). Aclamada como una de las mejores secuelas de la historia del cine, en 1981, fue nominada a la Palma de Oro (mejor película) en el festival de Cannes. Es, además, una de las películas españolas más destacadas, ovacionada por su valor estético y sociocultural. Indagamos los elementos que le otorgan estas connotaciones, nos sumergimos en la cinta, donde, entre sátira y criticismo, encontramos una invitación a la toma de conciencia fomentada por las singularidades del cine del director. 

El Marqués de Leguineche protagoniza la obra cuando regresa a Madrid tras 30 años de exilio político voluntario. Con el anhelo de ascender socialmente y recuperar su antigua vida cortesana, se instala en su viejo palacio y busca acercarse al entorno del monarca español. Desde su llegada, se enfrenta a una serie de disentimientos con su esposa legítima, la Condesa Eugenia, una mujer franquista que habita el palacio y expresa explícitamente su repudio contra el Marqués y su hijo, Luis José de Leguineche. Rodeado de una familia caótica, problemas económicos y sociales, enfrenta situaciones complejas, impregnadas de humor y paradojas, evidenciando la progresión hacia el desencanto, la decadencia y el absurdo de la monarquía española. 

Desde su llegada, el ruido se apropia de la calle y el interior aristocrático. La cámara a la altura de los personajes y los planos secuencia presentan el trajín de la ciudad, la españolidad desordenada desde la mirada de Berlanga. La fluidez de los movimientos en la actuación acercan a la dinamicidad del escenario presentado, logrando narrar situaciones múltiples y enredosas con una técnica que facilita su seguimiento. El infortunio del Marqués lleva al espectador a espacios de goce, risas y cuestionamiento. Un lugar donde cada personaje encarna un perfil que resalta el ensimismamiento del ser humano. La ambición del Marqués, la lujuria de Luis José y el rencor de la Condesa, ¿qué tienen en común? La diversidad de preocupaciones convergen en el vacío de las relaciones humanas, un constante aprovechamiento del otro para alcanzar el éxito individual. Desafiando posturas convencionales, Berlanga utiliza la comedia como vehículo de concientización, problematizando desde lo agridulce de la sátira, las atribuciones que se le brinda al poder, las paradojas de las jerarquías sociales y el consumismo como consecuencia de la falta de criticidad. 

Humor inteligente. Develando temas profundos circundantes en el espacio monárquico español, donde las estructuras de poder e intereses individuales se alimentan de aspiraciones banales. El sinsentido de la búsqueda de ascenso social y aprobación aristocrática, hace que el mayordomo trabaje al servicio de la élite a cambio de harapos viejos: para él estatus; para sus superiores, ingenuidad. Los cambios en España se evidencian. La esperanza de volver a la vida cortesana se desvanece para el protagonista. En el camino, escucha que la aristocracia se convirtió en materia de museos, llevándolo a la idea de convertir su palacio en uno. Toma de conciencia, le dice a esta revelación, el darse cuenta de qué estrategia le permite sacar provecho de su posición privilegiada. La ceguera colectiva hace que ciudadanos y turistas paguen por recorrer el viejo espacio, dispuestos a otorgar dinero extra por ver al objeto del museo: el Marqués de Leguineche. La última escena prepara el espectáculo de lo intrascendente. Entre caretas y despersonalización, el Marqués posando finaliza el cuadro con un repetitivo y lejano sayonara.

Estudiante de la carrera de Comunicación de la Universidad Privada Bolivia