Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 07 de febrero de 2023
  • Actualizado 20:27

Prostitución y cultura en Bolivia: Un análisis histórico de Paredes Candia

Una mirada al fascículo ‘De Rameras, Burdeles y Proxenetas. Historia y tradición’ del escritor paceño Antonio Paredes Candia, en el que realiza una aproximación casi completa de la historia sexual en las calles de Bolivia.
El autor paceño Antonio Paredes Candia junto a su obra ‘De Rameras, Burdeles y Proxenetas. Historia y tradición’. CORTESÍA DEL AUTOR
El autor paceño Antonio Paredes Candia junto a su obra ‘De Rameras, Burdeles y Proxenetas. Historia y tradición’. CORTESÍA DEL AUTOR
Prostitución y cultura en Bolivia: Un análisis histórico de Paredes Candia

La bibliografía es muy escasa en relación a la trascendencia histórica que tuvieron aquellas primeras mujeres que desarrollaban el comercio con su cuerpo y labia. No es difícil asimilar que hasta ahora para muchos sigue siendo un tabú.

Existe un libro, de una serie de diez títulos que nunca fueron publicados, que marcó una línea para develar los orígenes de la prostitución en nuestro país.

Publicado en 1998, el título del primer fascículo es llamativo. De Rameras, Burdeles y Proxenetas. Historia y tradición, publicado por Ediciones Isla, aquella casa editorial que publicaba títulos y estudios más que sugerentes. 

Este primer libro, ordenado cronológicamente, sería la primera serie de la colección La Vida Galante del País, que incluía otros títulos. Así, truncado sólo en el primer fascículo que ahora abordaremos, Antonio Paredes Candia hubiera publicado una aproximación casi completa de la historia sexual en las calles de nuestro país.

El libro está dividido en dos partes: El primero es un recuento cronológico del desarrollo de la prostitución en Potosí, Sucre y La Paz; el segundo, describe las leyes, reglamentos y los nombres vulgares con que se señalaban a aquellas mujeres.

En la época de esplendor, Potosí, entre el siglo XVII y XVIII, muchas mujeres españolas y mestizas se dedicaban al negocio y cómo crecía de poco a poco, fue frecuentado por potentados, nobles y gente de toda estirpe social, siendo los oficios más solicitados; y con el paso del tiempo censurada por imposiciones eclesiásticas. 

En relación a la ciudad Sucre, antigua La Plata, se tiene los inicios de la prostitución de manera más precisa. Paredes menciona a José Antonio Del Busto Duthulburu, donde refiere este acontecimiento: “Las busconas o rameras pueden tener su principio con Juana Hernández... pero pruebas más fehacientes señalan a María del Toledo, que ejercía la prostitución en la Villa de la Plata (Sucre)”.

Pero todo el contexto general y de búsqueda histórica de la prostitución se inicia en los albores del siglo XX, con el arribo de las chilenas al país. 

Tristán Marof hace una síntesis del ingreso de las chilenas a Sucre: “Por ese tiempo llegaron a Sucre por primera vez, unas mujeres chilenas y pusieron un burdel. El escándalo en la sociedad fue mayúsculo, pues su conservatismo era rígido y cerrado”. Paredes da a conocer que ellas venían por el buen camino económico que nuestro país tenía en la época liberal. 

En cuanto al contexto histórico de la ciudad de La Paz, Paredes realiza una labor con mucha abundancia de nombres, lugares y personajes que coadyuvaron a la aparición de estos centros de lujuria y placer. 

El inicio de la prostitución en La Paz se inicia en los años 70 del siglo XIX, algo tardío en comparación con otras ciudades. Este fenómeno se caracteriza por la llegada de damas peruanas. 

Su lugar de acogida, “La Casa de las Limeñas”, ubicada en la actual calle Colombia, fue el primer prostíbulo conocido. Con el tiempo, la casa se fue vaciando, ya que muchas damas encontraban el abrazo de algún galán que las sacaba de tal lugar y oficio. Algunas peruanas que no tuvieron la misma suerte que sus compañeras, encontraron al barrio de Chijini como un lugar propicio para volver a ejercer su oficio. 

Ya entrado los primeros años del siglo XX, Ismael Montes, siendo presidente de la República, quería crear al estilo extranjero un burdel elegante para los hijos de la alta alcurnia paceña, trayendo a varias damas chilenas que se instalaron en una casa antigua localizada en la calle Sucre. “La Torre de Oro”, que era así conocida, era frecuentado por políticos y que, la lengua popular, señalaba al presidente asistir para beber champagne hasta altas horas de la noche. 

En cuanto a las clases medias y bajas, se inauguraron nuevos locales por el famoso callejón Conde-Huyo. Al decir de Paredes, menciona que ‘estaba llena de tiendas de abarrotes y algunas bodegas de ínfima categoría’. Otro caso fue el de las mutinchas, que eran mujeres de alta categoría, entre sus clientes estaban ministros y presidentes como David Toro o Enrique Peñaranda.

Tanto fue su fama que escritores como Carlos Medinaceli escribieron para la clausura definitiva del lugar para “extirpar de raíz esta clase de negocios ilícitos que comerciando con personas en forma asquerosa e antihigiénica”. 

También se menciona al callejón Topater, que tenía dos famosos prostíbulos. Uno de estos fue dirigido por la chilena Ana Ramírez, quien daba instrucciones y lecciones a sus nuevas empleadas. Paredes menciona que tenía un amante de fina categoría política y literaria; ese fue “A... C... , el famoso y admirado ‘Chueco’ C... , escritor boliviano de fama internacional”. 

Pero también, las damas cumplieron un rol durante los tiempos bélicos: es el caso de la Guerra del Chaco.

Durante la contienda, el gobierno de Daniel Salamanca ordenó llevar al Chaco a mujeres que ejercían su labor sexual. Se crearon tres regimientos de prostitutas: Luna, para oficiales y subtenientes; Terán, para suboficiales, sargentos y cabos; y Cabo Juan, para la tropa en general. 

En Villamontes, se creó La Casa Blanca, donde la Marihui, sólo daba su cuerpo a aviadores o la Mis Chawaya que daba servicio a suboficiales y grados superiores. También fue famosa la Trimotor, cuya habilidad era saciar los deseos sexuales con tres hombres a la vez. 

Paredes nos muestra otra historia oculta de nuestro país, aquella que todavía sigue sin terminar de tejer y que es momento de abarcar estos momentos que todavía siguen un curso disperso.

Estudiante Universitario y Gestor Cultural