Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 28 de marzo de 2020
  • Actualizado 05:30

LA OBRA DEL ELENCO COCHABAMBINO SE PRESENTA ESTA SEMANA EN ESPACIO ALTERNATIVO*

Princesas a través del espejo

Princesas a través del espejo



Princesas es el último montaje del elenco cochabambino Masticadero Teatro. Estrenada en noviembre de 2014, la obra continuó su temporada esta gestión con presentaciones en Cochabamba -el pasado abril, festejando los diez años de la compañía-, Santa Cruz de la Sierra, y se alista para participar de la muestra de teatro boliviano contemporáneo Espacio Alternativo* en La Paz. Bajo dirección y dramaturgia de Claudia Eid (Santa Cruz, 1976), Lía Michel, Daniela Gabela, Isabel Fraile, Gabriela Melendres y Álvaro Eid se dan a la tarea de deconstruir las estereotípicas figuras femeninas popularizadas por el gigante de la animación infantil, Disney.

Ante todo, cabe mencionar, Princesas es un experimento dramatúrgico. Sin contar con un texto dramático en términos formales, el núcleo narrativo está constituido por anécdotas e improvisación. Es así que toda la arquitectura teatral propuesta por Eid es sostenida por la gran capacidad actoral de su elenco.

En términos generales, este despliegue interpretativo es más que solvente. Aunque, dadas las condiciones de la puesta en escena, el conjunto evidencia cierto desequilibrio protagónico, destacando por sobre el resto Álvaro Eid, de potente presencia escénica complementando una espectacular transformación al vivo, y “Tika” Michel, con un humor ácido e ingenioso. No obstante, esta asimetría no representa un inconveniente, ni resulta incómodo, para el espectador.

Si algo hay que destacar en Princesas, es la cuidada disposición escenográfica y el uso de cada uno de sus elementos, consiguiendo que ninguno sea simple recurso ornamental. Una alfombra roja con un altar en uno de sus extremos y delimitada a los laterales por marcos de madera rectangulares que, además de configurar los límites de la visión del público, se pretenden espejos, físicamente inexistentes, pero simbólicamente indiscutibles.

Porque se trata de eso, de reflejarnos de intentar vernos y, finalmente, atravesar el espejo, actuar. Un poco como la Alicia de Carroll. Princesas es un artefacto lúdico que explora los límites entre lo real y lo absurdo, una postura crítica que cuestiona esa ambigüedad en la que todos parecemos concebir los discursos de género, un relato amorfo que intenta narrar el ser mujer en una sociedad profundamente machista, tensionando al extremo la cotidianidad, sus imposiciones e imposibilidades, sus excesos y recatos.

Blanca Nieves, Cenicienta, Ariel, Pocahontas son las princesas que, una a una, brindan sus testimonios de vida, sometidas al paredón interrogatorio de las demás. Entretanto, se oyen textos de George Bataille, Jessica Freudenthal y la misma Claudia Eid, entremezclados con los reclamos, placeres y reafirmaciones de las actrices, ya no de sus personajes. El paso de la ficción a la realidad es continuo e indefinible.

Estos bloques narrativos son antecedidos por acciones performáticas que desafían los sentidos del auditorio. Por momentos se incita al morbo y la indignación, se baila, se seduce, se incomoda, se protesta y acusa, sin filtros. Se perfuma el ambiente con la fragancia dulce de manzanas prohibidas estrelladas contra el piso, con los minutos, con las acciones sucediéndose, el hedor se torna denso y rancio. Hay caricatura, hay humor, hay carisma, sí. Pero también hay algo en descomposición inundándolo todo descontroladamente. Del otro lado del espejo, ese artefacto que parece aislarnos de los feminicidios, la violencia de género en todas sus formas, la doble moral institucionalizada, también estamos nosotros, víctimas y victimarios.

Hay además, tras la ironía y la interpelación, una intensa reflexión respecto a la identidad, cómo la nombramos, concebimos y juzgamos. Entonces entran en juego Álvaro Eid y Bianca Shalow, su personaje. Es en este punto en el que Princesas alcanza su mayor mérito. Porque no se trata sólo de actuar desde la propia trinchera, con los ojos vendados, ignorando el entorno. La hermosa y despampanante Bianca es una reina de las pasarelas. Una reproducción de los cánones de belleza que durante toda la obra parecen cuestionarse. Otra vez el ida y vuelta, los prejuicios reflejados sobre uno mismo, el miedo a atravesar el espejo y encontrarse con el otro, con uno mismo, víctima y victimario.

Pero, la riqueza conceptual destilada de la totalidad de la puesta es opacada a momentos por una retórica cercana al feminismo de panfleto que se desprende a borbotones en los tramos que se valen de la improvisación. Debilidad comprensible considerando, bajo la lupa de este mismo trabajo, lo dificultoso que resulta desprenderse de los preconceptos y los prejuicios. Esta leve imperfección, por llamarla de algún modo, resta naturalidad y fluidez al desarrollo de la obra, que, por lo demás, goza de una cadencia sumamente orgánica.

Princesas, entonces, goza de la perspicacia y el humor que caracterizan la trayectoria de Claudia Eid y, a la vez, se nutre de las experiencias personales de su reparto, ofreciendo al público no solo una grata experiencia teatral, sino un llamado urgente a la reflexión.

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*Princesas tiene programada su presentación este viernes 5 de junio a las 19:00 hrs. en el Teatro Nuna.

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@mijail_kbx