Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 12 de noviembre de 2019
  • Actualizado 23:10

El Post rock, apuntes sobre la muerte del rock

Una mirada a la crisis de este género musical y cómo ha ido evolucionando con el paso de los años. 
Un concierto de la banda Sigur Ros.
Un concierto de la banda Sigur Ros.
El Post rock, apuntes sobre la muerte del rock

“¿Puede ser que el peligro más grande para nuestra cultura musical sea… su propio pasado?”

Simon Reynolds. Retromanía

No, no está de capa caída nomás, está moribundo, agonizando, desangrándose hace un par de décadas, arrastrando sus riffs como un lagarto en peligro de extinción arrastra sus pesadas patas sobre un terreno fangoso lleno de artistas del universo pop y del reguetón, consumido por un pasado del cual se alimenta, que quiere dejar y no puede. Un pasado que lo absorbe como esa serpiente que se come la cola devorándose a sí misma… Y aunque probablemente nunca llegue a morir del todo, y se quede viviendo en el corazoncito de rockeros de hueso colorado, éste es el peor momento para el rock en toda su historia, son varios los hechos que atestiguan esta larga agonía, veamos algunos irrebatibles.

Pero antes. ¿Cómo suena el rock exactamente? Si nos atenemos a una definición del rock en tanto música y no en tanto actitud o alguna otra noción metafísica, diríamos que el rock tiene un esquema tradicional de guitarra, bajo y batería, se mueve en un compás de cuatro por cuatro y su estructura (puente, coro, estribillo, etc) está diseñada para que se luzcan la guitarra y la voz, mientras que el bajo y la batería casi siempre son meros acompañamientos, encargados de llevar el ritmo. Esto se ve a lo largo de toda su historia, desde Chuck Berry hasta Artic Monkeys, pasando por David Bowie o Luis Alberto Spinetta. El rock nació como “rock’n’roll” y en su metamorfosis hacia el rock, se convirtió en un metagénero capaz de albergar no sólo un sinfín de subgéneros, sino también de fusionarse con otros ritmos y estilos sin perder su identidad.  

En tanto actitud: La rebeldía, es el componente primordial, inherente a su esencia. El descontento, la manifestación en contra de lo establecido. El rock nació con esa marca que se ha ido desvaneciendo con el paso de los años, lo que había comenzado siendo revolucionario y genuino terminó institucionalizado y carente de su sentido original. 

Para Joe Carducci, uno de los teóricos más importantes del rock, en su libro Rock and the Pop Narcotic de 1991, explica que el rock es una fuerza cinética en vivo, la coacción de los instrumentos en concierto, una sinergia sónica en tiempo real, una fricción de sonidos que provoque calor. Lo contrario al pop, que es música fría, pensada y ensamblada en un estudio por un productor a través de un computador. Carducci repudia la mediación de un instrumento electrónico o de un ordenador que altere el sonido en directo entre la banda y el público. Habría que tomar en cuenta el origen punk de Carducci, y (también) su definición, como un punto de partida para intentar precisar el universo del rock, pero no como punto de llegada, de ser así dejaríamos fuera de la ecuación rockera a cualquier banda que haya echado mano de un sintetizador, comenzando por Pink Floyd.      

Los 90`s fueron los últimos años gloriosos para el rock, como a fines de los años 70, los subgéneros brotaban del aire como las flores brotan del suelo en primavera. Esto sucedió -en gran medida- por todo el movimiento underground ocurrido en los Estados Unidos y en algunos lugares de Inglaterra en la década de los 80’s, explica Michael Azerrad en su maravilloso libro titulado “Nuestro grupo podría ser tu vida”. Los años 80’s, acorralados por las políticas conservadoras de Margaret Tatcher y Ronald Reagan, reaccionaron con una generación de jóvenes furiosos que no querían nada con la élite del starsystem rockero, y crearon su propio circuito comercial fuera de los radares de la industria discográfica en serie, hablamos de los inicios del hardcore. Esta actitud antisistema y la potencia y originalidad de su música sirvieron de caldo de cultivo para que la generación siguiente -la de los años 90- encabezados por Nirvana, surgiera de todas las formas posibles, en un abanico sonoro multicolor pocas veces registrado en la historia del rock. 

Poco más de 20 años después, mientras el rock se ha ido convirtiendo en un gran museo con licencia para la reproducción ilimitada, el pop, el hip hop y la electrónica se han sofisticado y han desplazado al rock de los principales escenarios mundiales y de las listas de popularidad. Las primeras dos décadas del Siglo XXI resultaron ser una década “retro” en vez de ser un umbral del futuro, como los 80’s o 90’s. “El término ‘retro’ hace referencia a una fijación por la estilización de una década pasada que se expresa creativamente a través del pastiche y la cita”, dice el crítico Simon Reynolds en su libro Retromanía, dedicado a analizar esta tendencia en la cultura popular. 

El “retro” entonces, aparte de esa fascinación por las estrellas de un pasado reciente, es el adjetivo que nos ha permitido identificar a bandas que se mueven sobre sonidos ya experimentados, (digamos Jack White sobre los Stones o Greta Van Fleet sobre Zeppelin). El sonido del rock actual es una constante regresión a los sonidos históricos del rock; The Strokes, Interpol, Artic Monkeys y Tame Impala son las bandas más notorias de este movimiento y son también las más representativas en lo que va del nuevo siglo. Cada nuevo año que pasa es mejor que el anterior para reciclar la música del ayer, parecen decir muy contentos. 

La crisis del rock viene acompañada de la tecnología, el Internet ha desmitificado al rockstar, ya no es esa estrella inalcanzable y mítica como Jim Morrison o Axl Rose. Las nuevas generaciones que crecieron con Internet no entienden cómo endiosamos a figuras como Charly García u Ozzy Osbourne hasta la idolatría religiosa que bordea el ridículo. Lo que sucede es que en el pasado uno apenas tenía acceso a información sobre su estrella favorita, la poca que había se dedicaba a fabricar un aura de leyenda alrededor del artista. 

Los festivales de rock más grandes del mundo ya no son “festivales de rock”, el 80% de las listas son artistas del universo pop, hip hop y electrónica. El famosísimo festival internacional Lollapaloza de este año tuvo a Kendrick Lamar, la estrella más destacada del hip hop en la actualidad, y a Jack White, un rockero de los 90’s, como atracciones principales. El “Rock en Rio 2019” tenía a Seal y a Drake abriendo el festival y las bandas de rock eran Iron Maiden, Bon Jovi y Muse, o sea 70`s, 80’s y 90’s respectivamente. El festival Coachella del próximo año lo encabeza Ariana Grande, Childish Gambino y Aphex Twin (Pop, hip hop y electrónica respectivamente). Y también ya se anunció el Lollapaloza del próximo año, la cartelera principal está a cargo de Guns n´ Roses, The Strokes, Gwen Stefany y Lana del Rey. Y solo para dejar bien en claro el contraste, los ganadores del Mtv Music Awards de 1992 eran U2, Metallica, Nirvana, Pearl Jam y los Red Hot Chili Peppers. Los ganadores del Mtv Music Awards del 2019 son Rosalía, Lil Nas X, Taylor Swift, Ariana Grande y Shawn Mendes.

Pero quizás el ejemplo más contundente sea la aparición de un subgénero dentro del mismo rock, una especie derivada que se alimenta de otros géneros variados y estilos vanguardistas que está rompiendo las leyes de éste, alterando sus estructuras y cambiando sus formas, devorándolo desde adentro y usando sus propias armas contra él, asesinando al padre que lo vio nacer; el post rock.

El Post rock es -por el momento- un subgénero del rock que nace a mediados de los 90’s, sobre todo en países de habla inglesa. Y recalcamos “por el momento” porque en el pasado ya habíamos visto un fenómeno parecido, en los años 50’s. El rock comenzó como un subgénero dentro del blues, pero con el paso de los años, el rock se ha devorado al blues. Entonces, ¿la historia se repite? Entre las principales bandas podríamos citar a Tortoise (Inglaterra), Mogwai (Escocia), Goodspeed You Black Emperor (Canadá), Sigur Ros (Islandia), Explosion in the sky (EEUU) y God is an astronaut (Irlanda). 

Lo primero que uno nota en estas bandas es la duración de los temas, usualmente pasan los 7 minutos, pueden durar hasta 20 sino es más, ese tiempo les abre la libertad de la experimentación con el ruido, una tendencia que en rock se le llama noise, creando extensos pasajes sonoros y texturas con sus guitarras, que marcan las primeras diferencias con el lenguaje del rock.  

Segundo. Casi todos los temas son instrumentales, ¿supresión del rockstar? Si hay voz no importa lo que diga, siempre queda sepultada bajo las densas capas de sonido que se repiten con una obsesión minimalista, como en el caso de Boris, una excelente banda Japonesa que sería la pesadilla de Philip Glass, las melodías enterradas en el caos de Boris se tallan en tu cabeza como el cauce que deja un río en busca del mar, pero te deja zumbando los oídos como si el motor de un avión 747 retumbara en el patio de tu casa. Otro caso interesante es el de Sigur Ros, unos islandeses que crearon un lenguaje para explorar la angelical voz de su cantante Jon Birgisson, la lengua se llama “Hoperlandic” que significa “idioma de la tierra de la esperanza”, la voz de Birgisson funciona como un instrumento más en sus composiciones. 

El post rock hizo su camino parado sobre los hombros de gigantes; rock psicodélico, jazz, música experimental y música electrónica de fines del siglo XX son sus influencias principales. También hay que darle crédito al drone ambient de los años 60’s (Velvet Underground y cia) y al krautrock, que es el rock alemán de los años 70, ambos buscaban romper con las estructuras, y también el proceso de postproducción (o sea de estudio) del hip hop de los años 80’s (sintetizadores y samplers) sirvieron de catalizadores para los primeros exploradores del post rock como Stereolab, Bark psicosis, Seefeel y Moonshake.

En otrora el rock significaba revolución, debía incursionar en nuevos territorios y debía reaccionar siempre contra sus predecesores con violentas escisiones y autocrítica. El avance tecnológico de las últimas décadas ha sido tan célere y radical que ha transformado la característica más fundamental del espíritu juvenil. ¿Dónde están los nuevos grandes géneros y las subculturas del Siglo XXI? ¿Son acaso el trap, el reggaetón y el k-pop las insignias de las nuevas generaciones? En un mundo desestabilizado, las ideas de revolución y cambio son cada vez más inermes frente al avance temerario y destructivo del capitalismo. Tal vez la creencia de que el arte tiene un destino revolucionario fue sólo el producto de una época idealista, herencia romántica. El sueño ya terminó. 

Profesor de Historia de la Música y realizador audiovisual - [email protected]