Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 20 de octubre de 2021
  • Actualizado 19:15

Personajes y lugares en la obra literaria de Víctor Hugo Viscarra (II)

Segunda parte de una revisión de la literatura del legendario escritor boliviano, célebre por sus historias marginales, quien murió hace ya 15 años.
El escritor Víctor Hugo Viscarra  compartiendo cervezas. Años 70. CORTESÍA AUTOR
El escritor Víctor Hugo Viscarra compartiendo cervezas. Años 70. CORTESÍA AUTOR
Personajes y lugares en la obra literaria de Víctor Hugo Viscarra (II)

En esta segunda parte enlazamos personajes que se encuentran en varios relatos de su obra, haciendo apreciaciones que están marcadas por la vida nocturna alocada y el rechazo general, homosexuales y lesbianas; el maltrato y la muerte invisible, perros callejeros y, por último, la amistad y el ingenio por sobrevivir como aquellos amigos eternos que nos enseñan más de una lección de vida.

Barbarella, Sandra y las tortilleras

El mundo homosexual y lésbico que describe Viscarra se centra en vicios comunes con giros en la discriminación y el rechazo de la población. Algunas de las nombradas es la Panadera, homosexual que se vestía de chola e iba a vender pan al mercado Lanza, definida como una ofensa a cualquier hombre de estirpe heterosexual; la Lucha y la Katunga, que se agrupaban cada viernes al final del Prado, para esperar algún muchacho en quien pueda pagar lo necesario por su cuerpo, y definir su sexualidad a partir de una sorpresa horas después de “ponerse al día”. 

Peter Alaiza, más conocido como Barbarella fue un icono homosexual de la época, entre los años 70’ y 80’ del siglo pasado. Viscarra relata cómo Peter se decidió hacerse coronar como Su Majestad Barbarella I y que “la noche de la coronación, efectivos de la Policía interrumpieron la fiesta para apresar a quienes estaban allí. Fueron conducidos hasta las dependencias de la DIN”. Entre sus hazañas fueron sus “matrimonios con jóvenes”, aunque también menciona que salió como protagonista de una fotonovela titulada Amor a la Boliviana. 

En cuanto a los personajes lésbicos, menciona a las tortilleras, como la Alicia, que fue dirigente de los Vizcachas (personas que venden cosas robadas); la Antonia, la Mechy o la Mayra que eran lesbianas que tenían hijos y que para sobrevivir llevaban el pan de cada día vendiendo tragos en el algún bar clandestino.

Personajes descritos en los relatos de los libros Borracho Estaba, pero me acuerdo (2002) y Avisos Necrológicos (2005).

En otra línea muy diferente, que genera empatía y tristeza, está la Sandra, donde se describe la situación de abandono, depresión y soledad que vivió este personaje, cuando su prometido la abandona en el día de su boda, incluyendo los invitados que no se dieron cita. Por eso es que cada primero de mayo, fecha que era su boda, decide emborracharse. “Sandra, la misma que mendiga centavos en la calle para mantener su vicio, no quiere comprender que ella no es la mujer que proclama ser, y que desde el instante en que su madre lo parió él es hombre”. Esta historia salió en su libro póstumo Ch’aquí fulero. Los cuadernos perdidos del Víctor Hugo (2007).

El frío de varios tristones

Un punto muy especial que Viscarra nos hace conocer; es que no sólo el paria sufría, sino también el mejor amigo (abandono) del hombre (cruel). “Los perros son los únicos amigos fieles que tienen los nocheros. Estos animales andan tanto con los macheteros (mendigos) como con los choros y que siempre sacan la cara por ellos”. 

Los relatos “La triste historia de Tristón”, Relatos del Víctor Hugo (1996), “Cada hueso con su perro”, Alcoholatum… y “Amigos Perros” Borracho estaba… tienen potencialidad al llegar al lector, por su manera de describir el movimiento canino en las noches paceñas y siendo amigos de aquellos locos, mendigos, borrachos o lanceros. 

“La triste historia de Tristón” es el relato más conocido, que muestra las peripecias de este perro que nació de “una famélica perra callejera, enfermiza y llena de pulgas” y que fue muestra de cómo sufren y deprimen los perros por su soledad que, al encontrar el primer contacto humano, adquiere los mismos hábitos de su futuro dueño. En el relato “Cada hueso con su perro” se habla sobre los pensamientos de Diógenes, un perro que hablaba siempre consigo mismo, describiendo la manera de vivir en la calle. Un homenaje canino al famoso personaje griego. Y el último “Amores perros”, donde se narra la vida de estos canes y que “se ha dado el caso de que en medio de los basurales nacieran perritos. Cuando esto sucede, los beneficiados son los p’ichiris (barrenderos) de la Alcaldía. Cuando esto acontece botan a palazos a la perra madre y a las crías las van a vender en el mercado”. Siendo estos, al final, ultimados por envenenamiento o por el hambre.

El Chinomunachi: amigo y maestro del Víctor Hugo

En el campo de la amistad y fraternidad, uno de los pocos amigos que tuvo Víctor Hugo en sus primeros pasos que dio en la calle, donde le dedica dos capítulos de su obra sobre su vida y su trabajo para sobrevivir es Manuel Machicado, más conocido como el “Chinomunachi”. Su trabajo consistió en vender yumbina (pastillas de clorato de potasio teñidas con mercurio y envueltas con celofán) que con mujeres “hacen troya, si les das la mitad en el trago, en menos de cinco minutos, sin que vos les digas nada te van a pedir que te las tires debajo la mesa” y los warmimunachis (figuritas de plomo derretida mezcladas con celofán unidas a pepas de color negro y rojo colocadas en un sobre), son amuletos “para lograr el amor de la persona anhelada”. 

Viscarra le agradece por “haberle enseñado todo lo que la vida a él le había enseñado”, debido a su modo de vida callejera para sobrevivir en la ciudad. Considera que sus dotes laborales, ayudaron al futuro escritor a ver en su amigo un artista de la supervivencia. Un maestro, donde su alumno, Viscarra, absorbía en cada momento el ingenio del Chino, para aprender la ley del trabajo e impedir en algunos delitos de corte violento. 

Es más, Viscarra esboza una biografía no autorizada de muchos de sus compañeros de combate etílico, dando un homenaje a aquellos que se encuentran debajo de la alfombra citadina.

Estudiante Universitario y Gestor Cultural